miércoles, 25 de agosto de 2010

AMAPOLAS EN EL MAR

Se sentía como aquella vez en la que vio el mar por primera vez. Desierta en su soledad. Yerma. Con una sensación de vacío imponente. Se sentó en el sofá del salón. Miraba indistintamente hacia la ventana y hacia la televisión. Encima de ésta un reloj marcaba las horas y los minutos. El minutero nunca avanzaba. Cada vez que miraba el reloj encontraba al minutero intacto. Es la sensación que produce la soledad. Es la sensación que produce el mar. Agua, barcos, y si hay suerte, tierra en el horizonte. Tanto el agua como los barcos, le infundían el mayor de los respetos. La lejana tierra era siempre una utopía. Cogió el móvil por instinto; pensó en volver a llamar, pero decidió esperar. Sólo habían pasado tres minutos desde su última llamada, y en tres minutos, el mundo permanece prácticamente quieto. Las amapolas, probablemente, seguirían sin poder crecer en el mar.

1 comentario:

  1. Es la sensación que produce la soledad... sientes el golpeteo rítmico y agobiante de las manecillas del reloj, martilleándote las sienes cruelmente, y en el pecho un enorme vacío (seguramente en el hueco donde antes habitaba un corazón...), el aire se hace pesado, irrespirable, y los suspiros prolongados son cada vez más notables, como si en cada gota de aire arrojado arrastraras mil y una penas, mil y un cansancios viejos.

    El mar, amigo mío, es mi vida. Cada mañana lo contemplo agradecida desde mi ventana, con los ojos ya ebrios de tanto azul y tanto sal.
    Y ¿sabías que mi mar, este mar, es diferente de cualquier otro? Sus aguas oscuras, profundas, encierran los misterios de cientos de monstruos de leyendas, de brujas ahogadas en sus aguas, de viejos naufragios en época de galerna...
    sus bravos embites contra las rocas lanzan al cielo puntillitas de espuma, creando un brillo y una belleza inigualables.

    En mi mar tampoco crecen amapolas... pero no es necesario tampoco, me gusta arrancarlas de las perdidas riberas y lanzárselas en lluvia de pétalos a sus aguas, a modo de humilde regalo.

    Besos caballero.

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