
Lo primero es intentar seguir los consejos. Ni obsersionarnos ni olvidarnos. Lo segundo, creer. Tener fe. En algo o en alguien. Me da lo mismo. Lo tercero, no rendirse. Porque siempre hay una mínima posibilidad, incluso puede que haya más de un camino. Y lo cuarto, luchar. Porque el mundo no se acaba. Luchar por aquello que me importa, por tí, por mi, por una buena comida, por un buen rato de lectura, por un juego de ordenador, por un paseo, por un buen sueño, por disfrutar, porque aún nos quedan muchas cosas. Muchas cosas por hacer, por sentir, por estar, por soñar. No soporto las muñecas de ojos azules, que permanecen impasibles, estáticas, frías, con la mirada oscura y la mente plana. Y que, además de que luchas por ellas, lo haces todo por ellas, lo das todo por ellas, no reaccionan, y eso, me destruye. Todos sufrimos y si nadie intenta levantarse, no existiríamos como somos. No me busques en el reflejo de tus lágrimas porque desearé que tú no encuentres las mías. Porque tan válidas son tus lágrimas como las mías, aquellas que por un mal rato, esos palos que te da la vida, aún no has visto, incluso estando tan cerca de mí... el día que las veas, quizá decida marcharme... porque pensaré entonces que nada ha merecido la pena, y estaré cansado de ser siempre el fuerte y el menos afectado. Al fin y al cabo, eso es lo que siempre parece...
Las personas que lloran con facilidad, piensan que ellas, son las que más sufren, pero nada mas lejos de la realidad. Hay otro tipo de llanto, el que se tiene por dentro, el que no se ve, el silencioso y profundo que te desgarra el alma, y te hace sentir tan mal, o peor, que aquellas que lo pueden esteriorizar. Ánimo Manolo.
ResponderEliminar