sábado, 30 de septiembre de 2017

OJOS EN EL CIELO

Pongo los ojos en el cielo y no alcanzo a ver el infinito de tu sonrisa. No, no los pongo, la verdad. No me alcanza la vista. Ni es fácil disculparse ni lo es el darle la vuelta a una situación que ya es irreversible, se mire por donde se mire. Últimamente, coger el coche y hacer trayectos de diez o quince minutos me sirve como vía de escape. Pongo la música y observo la vida pasar a cada lado de mis ojos. No puedo tener los ojos en el cielo y en el suelo a la vez. Importan las personas, y no las cosas. Importa la intención, y no la mala intención. Importan las ganas, no las palabras. A veces me siento como quien da limosna al mendigo y recibe insultos por éste porque la limosna le parece insuficiente. Demasiados momentos juzgados cuando, precisamente, momentos es de lo que menos dispongo en estos tiempos en los que todo lo que importa son las prisas... y nunca las pausas.

Necesito parar y descansar. Y estar cinco minutos mirando al vacío, ya que no puedo tener ojos en el cielo ni oídos pensando siempre en escuchar el mentidero. Siempre he pensado que es mejor algo que nada... aunque a veces es mejor nada que algo mal hecho. El problema es que la gente confunde lo que está mal hecho con lo que esta incompleto. Eso es lo que hay que valorar, y si tengo que dar mil pasos y hoy puedo dar uno... pues eso, que me queda uno menos. Y al menos, he conseguido avanzar.

No reprocho nunca nada a nadie. Para eso tiene cada cual su conciencia. Hay días en que la tristeza lo supera todo, y los sueños dominan la razón cuando nos permiten soñar lo que deseamos soñar. Pero no tengo ojos en el cielo que puedan compensar, de alguna manera, el hecho de poder olvidar una vez más que me quedan veinte días para volver a compartir sueños con ella.

Es otro ciclo de una vida que no dura lo mismo para según quien lo plantee. 

sábado, 23 de septiembre de 2017

LATIDOS PERDIDOS

Leí hace poco, no recuerdo dónde, que una persona se come una media de diez arañas a lo largo de toda su vida mientras duerme. No porque quiera comérselas, sino porque la araña entra donde no debe... No sé si esto será cierto o no, pero viene a demostrar que las cosas pasan casi siempre cuando no nos enteramos. No importa que durmamos o no. Pasan y punto. Luego, cada uno decide cómo le afectan. Odio la perfección. Debería estar prohibida en la mayoría de los casos. La debilidad que algunos muestran exteriormente compadece la fortaleza interior, pero esto no siempre tiene por qué ser así. Puede que yo no llore, o simplemente, puede que no me vean llorar. Eso no me hace inmune a la erosión de los acontecimientos que incumplen sus promesas. Siento, sufro y padezco, como todos. Y cometo demasiados errores al esforzarme en buscar la perfección...

No es mi estilo hacer algo mal porque sí, porque me da la gana. Existen demasiadas incompatibilidades cuando una tarea tiene simplemente más de una forma de ser realizada. La rapidez aumenta la probabilidad de errar, mientras que poner demasiada atención aumenta la probabilidad de no rendir. Y, como siempre, este es el enésimo dilema. No juzgo lo que hacen los demás, así que no puedo encontrar defectos ajenos en mi, que seguramente los habrá... pero, simplemente, los ignoro.

No es maldad, es otra cosa, llamémoslo desconocimiento, ganas de complacer o mera intención desinteresada. Pero no suele salir bien; lo sé porque, después de todo, soy como los demás. Todo me afecta como al que más... pero no lo aparento. ¿Y qué? De todas formas, como dije una vez, siempre nos juzgarán por nuestros errores. Aunque sólo tengamos uno y nuestros aciertos sean miles. Pero claro, éstos no pueden ser reprochados.

Cada latido que pierdo es una lágrima que guardo en mi interior.

sábado, 16 de septiembre de 2017

DESCARO

Todo lo bueno tiene siempre algo malo. Sin embargo, no ocurre en el caso contrario. Conceptos como estos hacen que crea en el desequilibrio de la vida; así la muerte se asegura una paridad perfecta. Cuando no pensamos en los nuestros demostramos poco amor hacia nosotros mismos. No lo digo por mi... aunque nadie es perfecto; espero no cometer errores por no meditar mis propios consejos. Y aunque lo diga mil veces, mil veces tendré que tener cuidado. Muchas veces, la excusa perfecta suele ser también innecesaria. Basta cualquier excusa para explicar lo que no tiene lógica, lo que tiene razón, incluso lo que no tiene sentido.

La legalidad es tan ilegible como ilegal en cuanto buscamos la trampa para hacerlas de tal forma. Siempre existe más de una frontera, dual, como dos caras y más de tres rostros. No podemos hacer nada para cambiarlo... depende del lado donde nos encontremos, puede ser de una forma u otra. 

Me extraña que a veces no sepamos hacer algunas cosas y otras veces hagamos los que nos da la gana. Es curioso, cuanto menos, que lo primero suela ser, por lo general, más fácil que lo segundo. Aún así, hay sonrisas de muchos tipos, y algunas son más descaradas que otras. Esto es inevitable. El descaro suele reinar en muchos aspectos de la vida y resulta ser esencial cuando precisamos de ello. Otras veces, resulta ser inútil a casual, como mera coincidencia.

Lo que no entiendo es la impaciencia de algunos... y la mala leche de otros. Aunque ambas cosas son compatibles.

Por desgracia.

sábado, 9 de septiembre de 2017

EN DESVENTAJA

Ni oficio, ni beneficio. Ni todo, ni nada. O, mejor dicho, cuando el diablo mata moscas con el rabo, es porque se aburre, ¿no? O no era así... creo que me estoy haciendo un lío. No importa. Comprar la razón de una mente que no entiende es fácil; bueno, sí que entiende, pero sólo de lo suyo, no de los demás. La vida alegre, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Aquí sí que he acertado. No quiero ser odiado por eso, y mi trabajo es conseguirlo, de algún modo. Conseguir quitar la venda que algunas personas usan para tapar los ojos de quienes aún no saben que tienen ojos. Yo quito la venda, ellos la ponen. Triste destino el que tienen asignado algunas personas... pero no los compadezco: la verdad, no dan para más.

Mientras veo la verdad, por el camino lloro, no sin cierta dulzura, ríos de agua limpia de mala conciencia. Lo inevitable no se puede evitar. Cada cual tiene su versión de lo que es mejor, y también de lo que es peor. Como dije antes, yo no pongo vendas en los ojos; prefiero quitarlas. Pero no tengo espadas afiladas de frío acero y templado amargor, ni escudos que puedan tapar las flechas que me disparan, por lo general, a matar. El tiempo siempre otorga ventajas, y el mío siempre es más pequeño que el de mi rival.

Siempre diversión no puede ser bueno. El equilibrio debe ser equitativo y la duda, irrelevante. La tolerancia debe ser compensada y el aburrimiento bien administrado. Por mucho que me esfuerce, si siempre se obtiene todo, el único camino que se podría entender sería el del capricho. Y el tiempo aún no está de parte de nadie, pero que todo llega es tan verdad como que todo acaba. Así que, en cuanto a tiempo, estoy en desventaja.

La buena noticia es que aún no hemos terminado, y no lo digo yo... lo dirá el tiempo.

sábado, 2 de septiembre de 2017

UNA VIDA ANÓNIMA

Nos gusta vivir al margen de la ley, pronunciando palabras visuales que traicionan lo miserable y dejan ver hasta por la tela más transparente cuán cobarde pueden ser unas letras que sólo tienen sentido cuando se unen para asustar, que no para amenazar. Más me vale equivocarme aunque no quiera tener razón, ni en esta vida, ni en las que nos queden por vivir, que algunos dicen que es, al menos, una. Y es que en eso consiste la traición, y por algún lugar, sitio o momento hay que empezar; y cuando empiezan por uno mismo... malo, malo. Al menos, yo pienso mal. Me consta que otros ni piensan.

El acto más cobarde siempre será el mismo. No importa lo avanzada que esté la tecnología. Tirar la piedra y esconder la mano es algo que siempre sabremos hacer bien... porque ser cobarde es fácil, sobre todo si lo llevas en los genes. Si lo llevan en los genes. Y me consta, porque conozco a la gente justa y necesaria para que me conste. No hay más.

Después, cuchichean, se tapan la boca con la mano para que no se escape el veneno de un aliento que mataría únicamente al más débil. Porque fuerza demuestran poca. Y se ponen la piel del cordero de un color verde, por ejemplo, que así parecerá que siempre busca la esperanza y que la culpa nunca, nunca, nunca, es propia. Siempre ajena. Como la vergüenza que demuestran ni tener, siempre buscándola por los suburbios de la dignidad. 

Insisto en que todo se termina sabiendo. Lo que no conocemos es el cuándo. Así que yo seguiré esperando el cuándo mientras otros aún esperan un por qué... pobres ignorantes. Hay cosas que las mentes primitivas jamás entenderán...

... y estas a las que me refiero son muy, pero que muy primitivas. Porque nadie las conoce. En plena extinción. Anónimas, sin más. Simplemente anónimas. Y alguien anónimo no es nadie para mi.

Ni para nadie. 

Hasta que mueran en sus propias lágrimas. Incluso así seguirán dando pena mientras buscan la vergüenza metiendo los dedos en su propia mierda.

En su propio honor. Ningún honor.


sábado, 26 de agosto de 2017

EL CIRCO DE LOS HORRORES

Había una vez un circo que de pronto se llevó la imaginación. Tenía payasos que inventaban mentiras con el corazón, sonrisas amarillas flagelantes de dolor y muestras de cariño bajo un sombrero frágil y sin color. Entonces llegaron los niños, y los gritos, y la simple ilusión, la diversión y la fiesta... y el agua, y las lágrimas, y la lluvia que siempre oculta nuestro sol. Y el circo naufragó; y se marchó para no mirar atrás, para no volver, para olvidar las sonrisas de los enanos y la flor. Hubo quien se negó, quien confió en la suerte y esperó, y también hubo quien se resignó. Había una vez un circo que no conocía el dolor, pero que se empeñó tanto en conseguirlo que, al final, lo consiguió.

Odio a la gente que hace daño simplemente porque puede hacerlo, así, sin más. Gente sin oficio ni beneficio, que les basta con respirar para sobrevivir, y que son dueñas de la voluntad de los pequeños sufridores y los grandes damnificados. Por ellos no pasa el tiempo... lo rozan con las yemas de los dedos que ya tienen manchados de sangre incluso antes de empezar.

Si se juega con la vida no se sabe cuál será la victoria. Si se juega con la muerte, la derrota la conocemos de antemano. Demasiado grandes para los circos... demasiados circos para los pequeños.

Porque el fuego lo quema todo. Y no siempre podemos elegir.

sábado, 19 de agosto de 2017

ACOSTUMBRADOS

Nuevos vientos de papel de cristal. Frágiles, vacíos, sin dirección definida e inocua velocidad. Sin sentimientos; sin palabras. Los días miran de reojo el fin de su oscuridad. El mar mece las olas. Las niñas juegan, inocentes, sopesando un miedo ajeno e infantil que corta la respiración como un cuchillo que roza las gotas del rocío mientras el horizonte te muestra la mejor de las sonrisas. Lo importante es echarle valor, pero a veces lo importante es insuficiente. Porque en el hueco de tu cama siempre estará tu presencia, que se hace ausente en esos días en los que la luna se marcha antes de verte despertar. Siempre lo hace.  A veces, me asomo a hurtadillas por la rendija de la puerta que te ve dormir plácidamente, segura, tranquila, feliz. Supongo que siempre es así... aunque sólo lo puedo suponer.

En sólo unos días puedo descubrir la mentira. Tus exigencias pueden ser las de todos los que te rodean. Seguramente, esa sea la intención. No notas la ausencia de la sobreprotección inducida por el método de ensayo y error. Porque todos erramos, pero a veces no hay lugar al ensayo estudiado con cierta premeditación.

Entonces me acerco, respiro tu aliento buscando una razón, consuelo y rezo, y busco compasión, sin poder de dejar de tener siempre esa terrible sensación de una culpa que, si hizo mi vida mejor, puede que haya hecho de otras vidas mucho peor. Pero seguiré siendo yo... no busco culpables: sólo busco solución. Y el que mire para otro lado, vuelve a cometer un error.

Acostumbrados estamos. ¿O no?