sábado, 4 de febrero de 2017

CABEZAS DE DOBLE MIRA

Cabezones hay en todos lados. Personas con derechos, también. Aunque los más cínicos suelen ser, al mismo tiempo, los más cobardes. Es normal que luego sientan vergüenza de mirarte a la cara. Me alegra saber que no pueden dormir tranquilos. Yo no sé vivir mirando a través de la mirilla. Una vez más, como siempre, sólo queda esperar a que el tiempo ponga cada cosa en su sitio. Porque, queramos o no, el tiempo pasa y las cosas se sitúan en su lugar, mejor o peor, pero se terminan situando. Todos hemos soltado alguna mentira siempre que nos ha interesado. Pero no siempre la necesidad equivale al capricho. Allá cada uno con su limpieza interior.

A veces, el problema surge cuando no podemos distinguir entre los aciertos y los errores. A mayor probabilidad, menor margen de error. Maniobramos según nos interesa o, en algunos casos, según nos imponen los caprichos en nuestro cerebro. Después, más adelante, vendrá la necesidad, y será cuando nos acordemos entonces de los momentos pasados; un favor nunca puede ser una necesidad cuando no nos importan las necesidades de los demás. No necesito que nadie me entienda; con entenderme yo mismo, es suficiente...

...aunque otros se empeñen en lo contrario. Cabezas de doble mira.

sábado, 28 de enero de 2017

DESCARTES ERRÁTICOS

Vivimos en una época en la cual todo debe ser tenido en cuenta. Un error es un error, y un acierto es un error menos. Siempre tenemos que renunciar a algo que nos gusta para poder ocuparnos de algo que también nos gusta. Sólo nosotros somos capaces de definir la importancia de cada acción. Influyen todos los factores, desde el psicológico hasta el monetario. Y, si finalmente perdemos, lo reconocemos y a levantarse de nuevo. No todo deben ser obligaciones porque la vida sería como una obligación en sí misma, y debiera ser más bien un disfrute. 

Creo que a veces hay que tomar decisiones drásticas, y yo ya llevo algunas en mi vida. No sabría decir si me han ido bien o me han ido mal, ni sabría calcular un porcentaje aproximado. Las decisiones no dejan de ser aciertos o errores, y volvemos a empezar. Lo importante es pensar en las repercusiones de cada decisión. Quizá no sea una buena decisión para algo en concreto, pero seguramente que alguna ventaja tendrá cuando se decide tomarla.

A dónde no puedo llegar, no puedo llegar. No hay más. En este caso, elijo descartar lo probable para poder disfrutar de lo seguro. Además, lo probable no me garantiza nada...

... y lo seguro, me hace feliz. 

sábado, 21 de enero de 2017

PASO A PASO

Paseo por la ciudad de forma anodina, observando todo mi entorno. Camino con la cabeza bien alta, entre el bullicio del sonido de los coches que no tienen color ni sombra, escasos y vigilados por leyes a veces inventadas, otras veces insospechadas. Entonces, me pierdo, aprovechando cada ocasión para pasar desapercibido de la peor manera que sé. Mis zancadas son cortas y rápidas, y mis ganas de llegar escasas y desesperadas, como el que nunca espera algo y siempre lo encuentra. Oigo mi nombre y apenas tengo que esforzarme para girarme; nunca espero a nadie. El corazón esconde sus pasos allá donde la mirada no alcanza la vista de un simple mortal.

Mis zapatillas sólo siguen un camino; sólo o en libertad de pensamiento, reflejando todo movimiento en la realidad de la calzada. Las niñas no mienten... si acaso, pueden inventar argumentos disparatados en momentos de apuro; pero sin un guión definido. La luz siempre sigue el mismo camino y solo sabe viajar de una forma: en línea recta.

No tener fuerzas no significa no querer tenerlas; pero admitirlo, sería reconocer una derrota más que evidente, en la mayoría de los casos. Y, a veces, reconocer la derrota es peor que la propia derrota.

Aunque la derrota nunca llega para todos. 

sábado, 14 de enero de 2017

MÁS ALLÁ DEL TIEMPO

Ropa sucia tras las cortinas de mi cama; eterno descanso, cariño completo que cura mi espanto declarado desierto. Noche húmeda con miles de estrellas, que si no, luego, no sueñas, ni pronuncias palabras inexistentes en tu fondo de armario. Ni amas. Porque no siempre se escribe mamá con dos diferentes palabras o de dos distintas maneras.

Las flores existen nos las regalen o no; existen las regalemos o no. No es lo mismo luchar por superarse o conformarse con una lucha por no hacer un ridículo que, a veces, parece evidente. Todos tenemos un estilo, pero no suele coincidir con el estilo con el cual nos etiquetan. Todo es etéreo, atemporal, en blanco y negro o gris natural, efímero, normal, pintado de cielo así, tal cual, con témperas de agua y papel de cristal. Así que, lo justo, es luchar.

El mundo es diferente a cada segundo que pasa; a veces, porque no siempre puedes mirarlo con los ojos abiertos; otras veces, porque los ruidos se solapan, los gestos no existen, los sabores difieren de color y los olores no se perciben. Pero todo es atemporal. Absolutamente todo. 

Y si no sientes, no existes. ¿O acaso existo mientras duermo? ¿Y tú? Seguramente, en nosotros mismos, mientras soñamos... pero el alrededor no importa... o quizá sí.

Pero no nos damos cuenta.

sábado, 7 de enero de 2017

MUJER FATAL

Un año pasa tan rápido como cualquier otro. Da igual si estás enfermo o moribundo, si trabajas o divagas, si vives en la infancia o la pubertad. Quien está muerto en vida no puede morir otra vez. Y eso se entiende o se presume de ello; ignorando, quienes hacen esto último, que cuando no hay calidad tampoco tiene por qué ser bueno que haya cantidad. Necios hasta la sepultura, aunque no llamaría necio a quien sólo alaba a su propia figura...

En fin; me gusta creer que cuando alguien muere conoce la verdad, la verdad verdadera, contada desde un lugar superior, por un ser superior, con un lenguaje superior. La verdad del pasado y del presente; el futuro no tiene aún verdad, pues no existe. Y ahí reside mi consuelo. Tengo la conciencia muy tranquila. Porque, aunque no lo crean, suele ser el menos culpable el que más sufre con las consecuencias de nuestros actos. El problema es que otros no respetan ni a los que ya no están entre nosotros. Si todavía estuvieran sabiendo lo que saben, sentirían vergüenza, mucha vergüenza, propio o ajena... pero vergüenza, después de todo.

Las efemérides llegan, queramos o no. Y después de un año, la verdad, siento algo de tristeza por lo que pasó en el día en que pasó. Lo que la vida te da, la vida te lo quita. Lo que a veces entregas, a veces lo recibes. Es muy fácil ir a misa con el abrigo de visón y estar libre de pecado a los pocos segundos de salir por la puerta a la luz de la calle...

Que cada cual saque sus propias conclusiones.

sábado, 31 de diciembre de 2016

UVAS DE ALGODÓN

Y otros menesteres propios de un día como hoy. Más valdría emplear nuestras fuerzas en lo que realmente es necesario y no usar tantas bolsas de cotillones vacías de verdad. No, no quiero que me creas. Me refiero a la verdad como vocablo, no a la verdad de una bolsa que, por sí misma, no tiene sentido. Así es la gente que vive flotando siempre en la misma burbuja, llena de vanidades y suero envenenado para mentir. En fin, no puedo decir más cuando lo primero que brilla por su ausencia es el respeto a los demás. 

Poco a poco me voy liberando. El abanico de la indiferencia se va haciendo mayor, mientras que la ignorancia a aquello que no vale nada se hace más fuerte. Es cierto. Hay heridas que no dejan de sangrar en la vida, pero no por ello son mortales. Incluso, si sabemos mirarlas desde el punto de vista optimista, nos pueden beneficiar. Quiero creer simplemente en lo bueno de las cosas, y con lo bueno de las cosas me voy a quedar. Algunos creerán comer uvas de algodón desde su privilegiada posición en un mundo imaginario y puramente ilusorio lleno plagado de cuentos infantiles escondidos tras la sonrisa de la falsa devoción. Devoción tenemos todos, ojo; no nos equivoquemos. El egoísmo es sólo para quienes hacen uso de él, así que son cosas diferentes.

Terminaré por no creer en las casualidades. Por pensar en que todo pasa por algo, como dije antes. Y si no lo dije, lo digo ahora. Lo que sí he dicho otras veces es que una fecha no deja de ser una fecha. Puedo celebrar que estoy en el 2017 en marzo si me da la gana. O si me apetece. Sigo afirmando que cumplir años no sirve más que para envejecer el cuerpo y seguir liberando la mente. Mantengo que puedo ver a cualquiera de mi familia o amigos un día diferente al de Navidad. Y que aquí no hay nadie Santo... quizá es que el día de mi onomástica no me puedo morir... En fin, que la vida es un día cualquiera y en un día cualquiera puedes vivir toda una vida. Yo soy feliz entendiéndolo así.

Y ahora, que tengo tiempo, si me lo permiten, voy a estudiarme un poquito mejor ese cuento que tanto me piden, el de Caperucita Roja... ¡Ah! Y el de los tres cerditos. ¡Noa! ¡A dormir! Había una vez...

sábado, 24 de diciembre de 2016

MEMORIAS, LLANTOS, ALEGRÍA Y NAVIDAD

Lo que verdaderamente nos entristece son aquellas navidades que ya no caben en nuestra memoria, muy a nuestro pesar. Es más el miedo que la alegría; es más el temor que la esperanza. Nos damos cuenta tarde de que sólo olvidamos lo que queremos olvidar. Yo no voy a ser menos... tampoco tuve un pasado perfecto. Y cuando quiero recordar, recuerdo aquellas en las que había luces y adornos, dulces y encuentros, y juegos, muchos juegos. Hasta altas horas de la madrugada, con un ordenador más lento que el más lento de los móviles actuales. Pero con mi oscuridad rodeada de luces y días cortos pero intensos, sin pensar en obligación alguna.  

Por otro lado, no puedo recordar las navidades que nunca van a existir. Aquellas que parecían tan cercanas y que luego, por motivos que no podemos controlar, se nos presentan imposibles de vivir. Entiendo la tristeza de las personas mayores que en su día tuvieron mi edad. Entonces busco la pena en forma de agua brotando por entre las esquinas de mis ojos; a veces la encuentro, y la doy la bienvenida como cualquier otro momento mágico en la vida de quien desea vivir la Navidad. Siempre hay momentos para llorar. No sé si mis hijos van a tener la Navidad que merecen; sólo sé que tendrán la Navidad que uno pueda darles, ni mejor, ni peor. 

Querer que termine algo es como desear tu propia muerte porque, en definitiva, va a terminar, queramos o no, y tenemos marcados los momentos de nuestra vida. Cuando no haya vida, sí que no va a haber momentos. Y viceversa, si los pensamos de distinta forma. 

Lo que de verdad me entristece es no poder sacar a la gente de lo negativo de las cosas. Es esa gente la que impide que otros disfruten de lo positivo. 

Hay veces en que es mejor un llanto en la sombra que un desprecio en la cara.