sábado, 11 de marzo de 2017

DIEZ AÑOS

No tengo memoria a corto plazo; puede que la haya heredado de un pez. Diez años no son nada, pero también lo son todo. Hablo de diez por decir una cifra. Cualquier cifra reciente será siempre más corta que cualquiera de tu niñez. Todo va más lento cuando solo esperas seguir creciendo. De todas formas, la infamia dura menos aún. La cantidad de recuerdos no se puede enumerar; es como decir que los números no se pueden contar. A la hora de escoger recuerdos, nos vienen a la mente de cualquier edad, y eso es lo que nos hace diferentes. Las caricias de mi memoria no se pueden borrar; tal vez sea por que uno recuerda siempre lo que le trae paz. 

Decía una profesora de filosofía que tuve, cierto día, que somos capaces de recordar con todos los sentidos. Un alumno le discutió diciéndole que el olfato o el gusto no tienen recuerdos... la profesora le comentó que seguramente él podría acordarse de cómo huele una flor o de cómo sabe el chocolate. Más que nos pese, diez años pasan cuando la memoria no quiere olvidar los diez años anteriores.

La vida nos juega malas pasadas cuando quiere; los buenos momentos los tenemos que buscar nosotros, capturarlos con nuestros propios medios y guardarlos en bolsas de cristal para disfrutarlos cuando pasen diez años, meses, días...

...siempre que la memoria nos lo permita; claro está.

sábado, 4 de marzo de 2017

UNIVERSOS PARALELOS

Oídos sordos; o el arte de hacer como si no pasara nada cuando el hecho de disimular cuesta más trabajo que esconder el daño en sí mismo. Melodías en adobo, como dirían aquellos... melodías que siguen sonando para que bailen los mismos de siempre. Y es que, para tener lealtad para con los demás, pienso que lo primero es tenerse lealtad a uno mismo. Si esto no ocurre, obviamente, algo no funciona. Las decepciones existen todo el tiempo mientras las pensamos; las sorpresas, solo cuando ocurren. Siempre hay unas que superan a las otras, aunque a veces no importe el orden.

Nos damos cuenta de que la vida es demasiado corta cuando llegan fechas que, antaño, fueron importantes, dejaron de serlo y, en la actualidad, vuelven a cobrar protagonismo. Hace seis años, perdí un hijo. Ahora podría tener unos cinco años y medio aproximadamente. Y, realmente, no sólo me acuerdo de la fecha; también me acuerdo día a día. Si ese niño hubiera nacido, igual yo ahora no estaría donde estoy... quizá no hubiera nacido otra niña. Por eso, lo primero que haré cuando muera será preguntar por mis universos paralelos. Alguien ahí arriba los debe conocer...

Tengo lo que tengo, y ya lamenté lo que perdí. No hay que lamentarlo eternamente... porque seguramente, tendremos el resto de la eternidad para hacerlo. Por eso sigo sin creer en las fechas... no me hace falta que pase un año para acordarme de algo importante. Prefiero sumar días que no tengan números en el calendario.

Si tienes universos paralelos significa que, al menos, has vivido. Y eso ya es todo un logro...

sábado, 25 de febrero de 2017

DE DOS EN DOS

Aferrados a una silla para poder vivir. En sentido literal, y en sentido figurado. Comiendo y pasando sueño, mantenemos el culo en un equilibrio mágico, casi inexistente pero fijo, como si fuera perenne como las hojas caducas que no caen ni cuando el viento está en calma. Figuras imaginativas que danzan en la televisión que tenemos, siempre ignorada, a la altura de nuestra espalda. Casi ni sabemos vivir fuera de la silla, que respira oxígeno casi por tres. Es lo que tiene ser pobre: hasta lo más personal carece de nombre, aunque sólo sea en nuestra imaginación.

De dos en dos nos vienen a veces las cosas: ideas, sorpresas, regalos u objetos. Una nueva casualidad se apodera de nuestra vida, casi sin buscarla. Son ganas de complicar la existencia. Pero, una vez te acostumbras, seguramente hasta nos gustarán las ventajas que ello conlleva. Felicidades de dos en dos, con la mente en el futuro cercano para no olvidar el pasado que aún se aleja demasiado despacio.

De dos en dos caen las gotas de agua en la lluvia cuando nos fijamos solo en los números pares; la lluvia, las flores del árbol, las ganas o los trozos de vida en forma de años. Porque los años caen para algunos, mientras que para otros pasan. Siempre hay dos puntos de vista.

Felicidades, de dos en dos. Que el futuro de mi ángel encuentre el mejor pasado de su cielo... y también del mío.

sábado, 18 de febrero de 2017

INOCENCIA

Después de todo, todos volvemos a ir como la lluvia va al mar. La vida siempre tiene más de un sentido, pero nunca sabemos cuál es el mejor. Si miramos el horizonte, tierra y cielo se terminan juntando en un mismo camino. Y, aún así, son diferentes estilos. 

Jamás me imaginé a solas en la oscuridad con mi propia sombra, maldita, escondida en el filo de un cuchillo. Todavía sueño con vidas paralelas e imaginarias que podrían haber formado parte de un futuro que, al menos, en esta vida, no va a existir. No es el principio del final, sino el regreso a uno mismo, el regreso a la inocencia. Amor, devoción, sentimientos, emoción. Sin tener miedo a ser débiles ni a ser fuertes, siempre intento mirar en mi corazón. Ahí reside la inocencia.

El problema es que, mientras estoy soñando, también estoy durmiendo. Y no puedo dejar de lado una cosa para tratar de evitar la otra. Lo importante es reír cuando queramos, y llorar cuando debamos. Y no al revés. Ser uno mismo y no esconderse.

Creer en el destino. 

Sin importar lo que la gente opine, siguiente nuestro camino. Mi camino. No me rendiré. Le daré otra oportunidad a mis deseos de volver a ser un niño. Porque, a veces, el silencio debe ser escuchado.

Siempre intentaré volver. 

sábado, 11 de febrero de 2017

LUNA REGALADA

No somos hombres de acero ni mujeres de miel, con sombras de cuero ni lágrimas de papel. Todo es una dulce tentación. Más vale tarde que nunca. Y funciona. Ahora entiendo las cosas que nunca entenderé, por mucho que me esfuerce. Más vale una crítica a tiempo que mil reproches fuera de lugar... siempre y cuando la crítica sea fiel a sí misma, una crítica de verdad, sin desmerecer ni caer en los típicos tópicos. Hay dolores que nunca se van. Y la paciencia los mitiga, sobre todo si el yugo del amor ha cesado en su insistencia. 

Esta es la historia de un triste lugar donde la luna no se podía regalar. Con tantas razones que no se pueden contar, realmente. El tiempo pesa y no puedo olvidar que los días pasaban y se ocultaban sin preguntar. Pero la verdad es que no, que la luna no se puede regalar. Aunque lo intenten. Porque en la noche no tenemos lugar donde descansar.

No fue por falta de intentos, ya que nos sobraban las razones. Ahora la lucha es otra. La lucha pasa por tener la mente fría y el llanto escondido tras unas gafas de sol. ¿Dónde está? ¿Dónde va? No me atrevo a preguntar.

Me da susto. Como a ella...

sábado, 4 de febrero de 2017

CABEZAS DE DOBLE MIRA

Cabezones hay en todos lados. Personas con derechos, también. Aunque los más cínicos suelen ser, al mismo tiempo, los más cobardes. Es normal que luego sientan vergüenza de mirarte a la cara. Me alegra saber que no pueden dormir tranquilos. Yo no sé vivir mirando a través de la mirilla. Una vez más, como siempre, sólo queda esperar a que el tiempo ponga cada cosa en su sitio. Porque, queramos o no, el tiempo pasa y las cosas se sitúan en su lugar, mejor o peor, pero se terminan situando. Todos hemos soltado alguna mentira siempre que nos ha interesado. Pero no siempre la necesidad equivale al capricho. Allá cada uno con su limpieza interior.

A veces, el problema surge cuando no podemos distinguir entre los aciertos y los errores. A mayor probabilidad, menor margen de error. Maniobramos según nos interesa o, en algunos casos, según nos imponen los caprichos en nuestro cerebro. Después, más adelante, vendrá la necesidad, y será cuando nos acordemos entonces de los momentos pasados; un favor nunca puede ser una necesidad cuando no nos importan las necesidades de los demás. No necesito que nadie me entienda; con entenderme yo mismo, es suficiente...

...aunque otros se empeñen en lo contrario. Cabezas de doble mira.

sábado, 28 de enero de 2017

DESCARTES ERRÁTICOS

Vivimos en una época en la cual todo debe ser tenido en cuenta. Un error es un error, y un acierto es un error menos. Siempre tenemos que renunciar a algo que nos gusta para poder ocuparnos de algo que también nos gusta. Sólo nosotros somos capaces de definir la importancia de cada acción. Influyen todos los factores, desde el psicológico hasta el monetario. Y, si finalmente perdemos, lo reconocemos y a levantarse de nuevo. No todo deben ser obligaciones porque la vida sería como una obligación en sí misma, y debiera ser más bien un disfrute. 

Creo que a veces hay que tomar decisiones drásticas, y yo ya llevo algunas en mi vida. No sabría decir si me han ido bien o me han ido mal, ni sabría calcular un porcentaje aproximado. Las decisiones no dejan de ser aciertos o errores, y volvemos a empezar. Lo importante es pensar en las repercusiones de cada decisión. Quizá no sea una buena decisión para algo en concreto, pero seguramente que alguna ventaja tendrá cuando se decide tomarla.

A dónde no puedo llegar, no puedo llegar. No hay más. En este caso, elijo descartar lo probable para poder disfrutar de lo seguro. Además, lo probable no me garantiza nada...

... y lo seguro, me hace feliz.