sábado, 8 de abril de 2017

CIELO ROJO

El cielo no soporta el dolor de los mortales. Para eso ya está el infierno, que bien podría ser un cielo de otro color. Los secretos se guardan en el azul infinito de aquello que jamás podremos abarcar en su totalidad. La utopía nos hace felices, y la ignorancia completa el estatus de las masas que siempre buscan una explicación para aquello que es probable que la tenga... o no. Siempre. O nunca. Sin excepciones. No podemos tener siempre licencia para enseñar aquello que no sabemos o para hacer creer aquello que no creemos... o al menos, que no creemos del todo. Obviemos lo sentimental, teniendo en cuenta que la juventud no se detiene a pensar en las consecuencias. Yo mismo fui joven; por eso lo sé. Las personas que queremos están en el sitio que queremos, sin tener que dar explicaciones de más.

Lo permisivo nos hace débiles, y la intolerancia demuestra un despotismo que es como todos los despotismos: injustificado. Pero ahí está, demostrando que la razón siempre se puede imponer de una forma u otra. Más, aún sabiendo que la infancia es fácilmente manipulable, la razón nunca se impone al desazón de lo inevitable.

Lo bueno es no es necesariamente lo mejor; sin embargo, lo mejor siempre es, cuando menos, bueno. Como el cielo color rojo. Dejémoslo en decente... 

No quisiera pecar de prepotente.

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