sábado, 7 de febrero de 2015

MIL ARMAS DE DOBLE FILO

A veces, no apetece. No apetece nada. Sólo pensar, sin decir nada con las palabras. Todos los actos tienen una doble lectura que siempre puede ser utilizada en nuestra contra. Tan difícil es decir como hacer. No es problema de actitud, sino de buena voluntad. No tengo la culpa de ser como soy, y si quizá fuera de otra forma, quizá tuviera mejor vida, pero peores reproches.

No se puede pedir a alguien que robe cuando no sirve para ello. Tampoco quiero firmar la paz; todo lo contrario. Ya quisiera encontrar la indiferencia en determinadas personas. Mi problema es que no sé hacerlo... por los motivos que sean.

La nobleza, como virtud, tiene un precio demasiado alto. Tan alto, que hasta a las personas carentes de sentido, les presto más atención de lo que merecen. Hasta la mala leche se esconde tras el cuerpo de mis remordimientos.

Mi único defecto, en este sentido, es que el arma de doble filo que siempre uso daña a quien no debe... y siempre sale ileso quien debiera estar herido de necesidad.

Pero, al fin y al cabo, un arma es un arma...

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