domingo, 5 de mayo de 2013

A RAS

Las madres no debían tener días; son dueñas de cada uno de los días en los que piensas en ellas tan sólo un segundo. Si el "medidor de buen hijo" fuera las veces que uno felicita a su madre tal día como hoy, o las veces que se le dice a una madre cuánto se le quiere, o la cantidad o la calidad de los besos que se le dan a una madre, está claro que un servidor no quedaría en buen lugar. A ras. Seguramente. También me consta que hay madres que estos detalles lo tienen en cuenta; demasiado en cuenta, diría yo, aunque no sea para querer menos a sus hijos. Sí, cuando menos, para echarlo en cara en cualquier momento o sentirse molestas unos minutos. Para mí, eso también es estar a ras. Porque no hace más que demostrar la superficialidad interesada de buscar su propio interés...

Sí, lo reconozco. De pequeño, hasta me metía en el baño corriendo tras decir felicidades a mi madre o a mi padre porque se me podía escapar alguna lágrima. Un síntoma más de mi exagerada e inexplicable introversión. Aún sabiendo que ellos lo sabían, que me costaba horrores mostrar mis sentimientos y que lo pasaba realmente mal. De hecho, hay años que, disimuladamente mal, he "conseguido" no tener que felicitar a mi madre o a mi padre. 

Ahora, cuando pienso en ello, crece en mi interior la libertad de sentir el caminar a ras del mar, de la superficie del suelo que siempre he querido pisar con suculento silencio y demostrada timidez. Porque, decidme... ¿cuándo es el día del hijo? Creo que si un hijo necesita a una madre, una madre necesita a un hijo de la misma manera. Y me baso en una premisa fundamental: es la madre (junto con el padre, obviamente...) quien decide tener al hijo. O puede que no...

Igualmente, felicitaré  mi madre, pero hoy no... mejor mañana. Lo triste es el sempiterno interés comercial. Y más aún que las madres se acuerden de eso, Y si encima lo esperan... no digo más.

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