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sábado, 29 de octubre de 2016

LOS CUENTOS DE LA ABUELA

Cuando el cansancio forma parte de nuestra vida, la vida ya está formando parte del cansancio. Miles de besos no forman un beso más grande, no dejan un mejor sabor ni desean una menor impresión. Cada abuela tiene sus cuentos, y cada cuento tiene sus nietos particulares, aquellos que difieren de la realidad, que se muestran lejanos a los pensamientos eternos de una vida que, una vez más, vuelve a cansar. La ilusión de sonreír es la misma que la ilusión de tratar de ver una sonrisa en el espejo de nuestra alma. No podemos cansarnos de la vida de los demás, sobre todo cuando son pequeños, frágiles e inocentes... y aún tratan de asimilar los cuentos de la abuela.

En los cuentos de la abuela hay lobos que se esconden en la terraza mientras la ventana de la cocina protege a sus nietos. El grillo se esconde en la cochera, y el robot, sin brazos ni pies, asusta sólo cuando funciona. La puerta mágica se cierra con la fuerza de papá y la linterna hace que la noche sea menos noche y el día encuentre los objetos perdidos. Bob Esponja se disfraza de murciélago y Peppa Pig esconde a su abuela en el armario de la casa del bosque. Y así, todos juntos, jugamos con Minnie.

Hay cuentos que ilusionan e ilusiones que son puro cuento. Toda impunidad tiene un precio, y un cuento, por muy cierto que sea, no deja de ser un cuento, lo cuente quien lo cuente. Y lo que me cuenten, me lo tengo que creer. Tú, yo y cualquiera. Tomar ciertas decisiones no va a cambiar nada, ni va a influir en el destino de los cuentos que nos cuentan. A todos, incluido a mi. Pero, aún sabiéndolo, nos tenemos que resignar; nos guste o no...

No sólo hay cuentos de la abuela... se mezclan con los de papá.

sábado, 22 de octubre de 2016

NADIE

Supongo que nadie quiere que se adueñen de su tiempo, por lo que deduzco que nadie es dueño del tiempo de nadie. Yo tampoco soy dueño del tiempo de mi hija. Para su desgracia, o la mía, tiene tiempos compartidos. Ojalá lo pudiera evitar, pero no puedo. Simplemente no puedo. No existe un único camino, y de todos los posibles, ninguno favorece nuestro fin. A veces se comen nuestra humildad, y otras nos quieren tomar por estúpidos. No pido que todos piensen como yo. Sería la vida demasiado compleja. También sería pedir demasiado que me comprendan. Dos valores que cojean de la misma pata. Incluso ni siquiera el respeto hacia nuestros actos es necesario. Todo tiene una mínima solución aunque siempre haya damnificados. La cuestión es simplemente de culpabilidad.  

Porque realmente creo que busco soluciones, y siempre las he buscado. Y no eximo mi parte de culpa, pero tampoco debo cargar con toda ella. Después de todo, haga lo que haga, personalmente, no va a influir en la educación de mi hija, que están moldeando de la forma que, entiendo, mejor creen. Es como si ella tuviera 4 ojos, y los dos ojos que pasan más tiempo alejados de mi aprenden más que los dos ojos que están junto a mi; y no porque sean mejores maestros... simplemente, el tiempo da experiencia, y la experiencia es un grado.

Nadie me va a regalar más tiempo con ella, pero yo siempre tengo que hacer regalos para que ella no sufra. Parece que sólo sufre conmigo... De todas formas, nadie dijo que la vida fuera fácil. Al fin y al cabo, es un secuestro legal.

Pero regalos y concesiones no es lo mismo; así que si tengo que hacer regalos, que vayan con lazo.

sábado, 15 de octubre de 2016

CAPERUCITA ROSA

Hay fines de semana y fines de semana. Sin y con. Pares y nones. Blanco y negro. Llenos o vacíos. Este fin de semana está lleno de vida, de ilusión, de niñez, de infancia, de entrega única e incondicional... así se compensan los que están vacíos. Como se suele decir, unas veces se gana y otras veces se pierde. Quizá la otra parte piense lo mismo, pero hay una parte, la más pequeña, que seguramente siempre pierda. La más inocente, la menos culpable, es la que paga los platos rotos. Eso también suele pasar. Así que no me vengan ahora con que la vida es así y que lo justo es lo justo; que, en cierto modo, no dejamos de ser egoístas en todos los momentos de nuestra vida.

El papel celofán con el que hoy miraba sus ojos tenía colores cálidos. No hay que creerse todo lo que dicen cuando se tienen ciertas edades, aunque sí hay que sospechar todo lo que no se cree. Mas aunque no quiero pensar mal, siempre tendré que pensar mal o, al menos, regular. Buscando ese término medio me hallo, que no crea que exista, como mis fines de semana, que son siempre a sí o a no, a verdad o a mentira. En fin, no me voy a repetir.

Yo, teniendo cuidado, me conformo. Sé lo que es, sé lo que hay y sé lo que hago. Cualquier cosa se puede volver siempre en contra. No lo digo por mi, porque yo lo tengo siempre presente. Que cada cual haga sus cuentas. Y que cada cuenta busque su protagonista... cada cuento, quería decir.

Que ya soy muy mayor para creer en lobos y caperucitas rosas...

sábado, 8 de octubre de 2016

VENTANA TRAS VENTANA

Mi primera ventana fue la timidez. Se escondía tras la calle de mi habitación y se asomaba con la música a toda voz. Ilusionaba y sentía la libertad del aire rozando los pelos imberbes de mi rostro. La tuve tanto tiempo, que siento nostalgia de ella cuando el resto de ventanas tratan de suplantarla. Es algo que nunca sucederá. No queda casi nada de esa ventana, pero cuando la pienso y la veo, al mismo tiempo la deseo. Deseos de un pasado que nunca volverá. 

Luego tuve más ventanas. La siguiente se quedó lejos, vacía, sin alma. Distante y pequeña, solo pronunciaba voces en dirección contraria... La tercera ventana huía despavorida del agujero de un balcón. Me daba la espalda y sufría tanto como yo... así que quise comprar una ventana que estuviera cerca de mi corazón. Pero no acerté. La cuarta ventana quiso ser pasión, pero por no ser, ni ventana nació. Era una puerta que arrojaba luces a mi ordenador. Y cuando pasaba la puerta no veía otra cosa que un suelo lejano y un terrazo tirando a simplón. Tampoco pude permitir dejar pasar por aquella puerta nada que me robara la razón.

La quinta ventana fue la que me engañó. A ras de suelo, su amplitud mostró tanto de mi que, aún con barrotes y todo, dejó escapar las lágrimas de ilusión. Parecía haber encontrado la mejor ventana que pedía mi sentido de la orientación. Pero resultó ser una barrera que jamás quiso ayudar a quien mejor la trató. Y ahí se quedó.

Ahora miro por mi sexta ventana. Trae lluvia y sol, y deja salir las letras de mi canción. Enseña gente, balcones, bares y fumadores, y baldosas de todos los colores. Enseña libertad, y deja entrar insectos mientras puedan volar. Y también se abre de par en par. No sé si es buena o esconde maldad. Cuando encuentre otra ventana, os lo podré contar...

...aunque ya no quiero encontrar más.

sábado, 1 de octubre de 2016

PAREJA DE DOS

A veces cuesta encontrar la inspiración. Sólo a veces. Al igual que cada uno enseña lo que quiere, esconde lo que puede. Enseñar lo que se esconde o esconder lo que se enseña. Pareja de dos de los muchos caminos que podemos mostrar, enseñar, examinar... sin ocultar la verdad. Dos son muchos cuando sobra la mitad. Eso es algo que no se puede esconder, o dicho de forma mas sutil, que no se puede disimular. Un reflejo no tiene por qué ser de dos, ni de un número par, ni de un número primo. Dos pueden ser diferentes. No sabemos si son pareja de dos. No podemos subestimarnos ni en los momentos difíciles, porque entonces no sabremos encontrar el mejor de nuestros momentos.

Hay gente que vale mucho. Y no se respetan ni ellos mismos. Ayudan tanto a los demás, que son el principal motivo de vida de ellos. Son el soporte de mucha gente, siempre con buen corazón y con el mejor ánimo posible, sin pedir nada a cambio, dando todo sin interés alguno. Y ni siquiera lo saben. Entre los demás, encontramos de todo. Quienes lo saben, lo disfrutan; algunos, lo aprovechan sin escrúpulos, mientras otros intentan causar daño entre el bien que no saben discernir.

Nadie tiene la culpa de nada. Sólo es cuestión de saber distinguir, como todo en esta vida. Si lo entiendes y lo respetas, seguro que se puede encontrar la felicidad. 

sábado, 24 de septiembre de 2016

LOS MENDIGOS TAMBIÉN MATAN MOSCAS

Será que todos tenemos la necesidad o la mala costumbre de comer. Mire usted, señor juez: unos pagan y otros son pagados; así es y así será toda la vida, hasta que ésta se nos agote. En el mundo real, la realidad, valga la redundancia, es que no existe precio para todo aquello que se hace desinteresadamente; sin embargo, algunos y algunas se piensan que en todo lo que hacemos, absolutamente en todo, existe interés. Esos son los primeros que deberían hacer examen de conciencia y preguntar a su corazón si realmente desean lo que piensan, o si solamente piensan lo que desean. Son cosas diferentes. Al mendigo, al igual que al rico, también le molesta la mosca cojonera, que no deja de tocar las narices volando y aterrizando, segundo sí y segundo no, sobre aquél que no hace nada, por deseo, consejo, incapacidad de cualquier tipo, imposibilidad o desidia. 

Por tanto, señor juez, simplemente le digo que sea justo. Cuando algo se divide entre dos, se divide entre dos a partes iguales. Porque cuando uno se entrega, no lo hace pensando en la división, sino más bien en la multiplicación. La justificación no existe y aquello imposible de dividir ya solo se puede dar por perdido. Aunque, hay que reconocerlo, una vez más, uno no piensa en dividir cuando entrega todo lo que tiene. Y luego, cuando uno decide marcharse, por ingratitud, por incomprensión, por incoherencia... y por mil motivos más, resulta que lo mío es tuyo pero lo tuyo sigue siendo tuyo.

Así fue siempre, pero ahora no tiene por qué, aunque hay que pelearlo, como todo en esta vida. Todo tiene su precio, y esto no iba a ser menos. No sé, quizá cambien las leyes dentro de unos años, aunque yo ya estaré bajo tierra cuando eso ocurra...

Ya lo dice mi abogado: la justicia no es justa, simplemente es legal. Y a eso hay que limitarse, a cumplir la ley...

sábado, 17 de septiembre de 2016

COMPLEJOS O FRACASOS

El que se piensa que es mejor que nadie es porque realmente tiene complejos de inferioridad. Hablamos de aquellos seres egoístas que ya no solo se limitan a no respetar las decisiones de los demás; necesitan, como un extra en sus vidas, imponer, sin que el resto sepamos muy bien el motivo.

Complejos o fracasos. El caso es que la palabra engreída se vuelve corta para definir cierta irritación, a veces con un marcado comportamiento infantil. Es triste ver que una persona que lo tiene todo no sabe encontrar su propia felicidad, y necesita controlar y ordenar a quien no quiere más dificultades en la vida. Son personas incapaces de reconocer que en esta vida, para todo, existe siempre, como mínimo, dos caminos. Y si además, te niegas a probar uno de ellos, la prepotencia de defender el otro por la simple razón del porque sí, da mucho que pensar sobre el orgullo del que carecen, a veces por exceso, y otras por defecto.

Hace tiempo que aprendí a alejarme de estas personas. Cuando se me acerca uno, uso la ignorancia, el saber estar, el escuchar y callar, dar la razón como a los locos, no opinar y hacer lo que siempre creo que es mejor para mi y para los míos. Soy el primero en admitir mi imperfección... eso es evidente. Pero los errores vienen incluidos en este movimiento que llamamos vida.

Otros piensan que nunca yerran. No se dan cuenta de que ya están errando al pensar eso. Allá ellos, que se pierden lo bueno de la vida...

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