sábado, 21 de enero de 2017

PASO A PASO

Paseo por la ciudad de forma anodina, observando todo mi entorno. Camino con la cabeza bien alta, entre el bullicio del sonido de los coches que no tienen color ni sombra, escasos y vigilados por leyes a veces inventadas, otras veces insospechadas. Entonces, me pierdo, aprovechando cada ocasión para pasar desapercibido de la peor manera que sé. Mis zancadas son cortas y rápidas, y mis ganas de llegar escasas y desesperadas, como el que nunca espera algo y siempre lo encuentra. Oigo mi nombre y apenas tengo que esforzarme para girarme; nunca espero a nadie. El corazón esconde sus pasos allá donde la mirada no alcanza la vista de un simple mortal.

Mis zapatillas sólo siguen un camino; sólo o en libertad de pensamiento, reflejando todo movimiento en la realidad de la calzada. Las niñas no mienten... si acaso, pueden inventar argumentos disparatados en momentos de apuro; pero sin un guión definido. La luz siempre sigue el mismo camino y solo sabe viajar de una forma: en línea recta.

No tener fuerzas no significa no querer tenerlas; pero admitirlo, sería reconocer una derrota más que evidente, en la mayoría de los casos. Y, a veces, reconocer la derrota es peor que la propia derrota.

Aunque la derrota nunca llega para todos. 

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