sábado, 6 de agosto de 2016

UN DÍA DE AGOSTO CUALQUIERA

Barreras infranqueables. O quizá ya no tanto... siempre que hablamos de días y días, algunos se parecen más a otros, y otros son más diferentes que otros. Al fin y al cabo, sólo son días. Recuerdo cierta noche de agosto donde se podía ver la luna llena a través de las cortinas de mi terraza de aquél ático sin ascensor donde comenzaba a compartir sueños. O al menos lo intentaba. Ignorante de mi cuando traté de cazar la luna sin pensar en las consecuencias. Allí, tumbado en el suelo mientras intentaba solucionar algún problema que otro, soñé que vivía cuando simplemente no podía dormir. Noches de ventilador sin libertad, de insomnio sin despertar, de peleas sin acordar unos pactos que uno ya no puede recordar.

Nadie dijo la verdad, pero tampoco nadie dijo que la tenía que decir. Visitas inexistentes en una especie de aislamiento, igualmente, difícil de recordar. Torres en el suelo para construir montañas de ilusión con vistas al desierto. Así era mi pequeño habitáculo donde busqué felicidad. Sabemos cómo empieza la historia, pero no sabemos cómo termina. Ya habrá tiempo de saberlo...

...para los demás.

Así era un día de agosto cualquiera, allá por el año 2008... si no me falla la memoria.

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