sábado, 23 de julio de 2016

AMOR Y DESPRECIO

Se desprecia lo que se ama cuando se ama a lo que se aprecia. Cada vez más somos cada vez menos. Vuelta tras vuelta, decisión tras decisión, el paso está dado, y sólo sabremos el resultado cuando alcancemos esa meta tan desconocida en nuestras mentes. Y ese es el objetivo. Amar. Despreciar.

Ningún tipo de obsesión es bueno. Todas pueden buscar la victoria, sin duda alguna, pero precisamente es la obsesión lo que también puede llevarnos a la derrota. Descontrolada y sin prejuicios, como el desprecio al amor, como al amor al desprecio. Voluntario o involuntario, el desprecio se convierte en la mejor arma para odiar a algo o a alguien. Y es que no debemos confundir las cosas que nos hacen felices con las que nos complacen; aunque éstas últimas también nos hagan felices, es una felicidad temporal, interesada quizá, llena de prejuicios o escasa de bondad. Felicidad a medias. La sonrisa de un niño o el respeto de la gente es la felicidad plena. 

El resto es pasajero. Hasta la propia vida. Por eso mismo, ¿para qué amar si no se puede apreciar sin despreciar de forma disimulada? No es mi mejor día, lo sé. Pero tampoco es el peor...

Y con eso me conformo.


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