sábado, 23 de mayo de 2015

DOS MEMORIAS... Y UN SÓLO SENTIMIENTO

No amanece cuando menos te lo esperas, sino cuando más lo necesitas. No busco lo que encuentro; simplemente intento encontrar lo que busco, Y sólo buscaba ser feliz. Respiro soledad en mi habitación vestida con el pijama de cuadros azules y tela gruesa. No hayo mejor sustituto para el calor. Ni para el frío. Tampoco quiero reflexionar pues me sumerjo en la pena, en la tristeza o en la nostalgia.
Hay cosas que pueden ser y no son. Y lo que no puede ser… termina pareciéndose. Ya lo dije antes. No buscaba nada… simplemente lo encontré.

Ahora vivo para mí y por ella. Justamente lo que necesitaba. No sé muy bien cómo me siento. En parte defraudado, en parte decepcionado, en parte fracasado… y podría seguir unas cuantas frases definiendo diferentes estados de un alma que entregó todo y recibió lo que consideraban justo. Justo, precisamente, hasta el momento en que mi alma y mi corazón quisieron enderezar un ego demasiado superficial. Me siento como si hubiera enterrado un familiar por mi propia culpa, por no hacer caso de una advertencia por su bien, y, finalmente, la muerte me da la razón. Razones que uno nunca quiere tener.

Te has muerto por fumar tanto… ahora te jodes, por no hacer caso. ¿Por qué coño te mueres? Y las pupilas de tus ojos dibujan el agua de los te quiero mal disimulados en las palabras que, ahora, cuestan tanto pronunciar. Gestos que son sueños, sueños que son derrotas, derrotas que mueren con cada consejo no escuchado.

Odio tener dos memorias y un solo padre. Debería ser al revés. Después de todo, el sentimiento no se hereda. Se siente. No hay más. En cualquier caso, la memoria fotográfica, literal y nunca mejor dicho, se quedará donde está: cerca del vacío que provoca quienes odian por odiar. La otra memoria, como si de una carrera se tratara, me perseguirá toda la vida hasta que llegue el día en que la adelante… la vida cansa, mientras que la memoria no tiene freno; la memoria no olvida.
Me tranquiliza, al menos, sentir mi conciencia intacta. Sólo mi hija seguirá siendo dueña de mis disculpas. Es la única a la que tendré que pedir perdón.

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