lunes, 20 de enero de 2014

NO LO TENGO, NO LO NECESITO

Esta simple premisa parece difícil de entender por ciertas personas que se piensan que son capaces de sorprender por el simple hecho de sorprender. Y, sin embargo, no es tan difícil de entender. Ocurre que cuando algo no lo tengo es porque realmente no lo necesito; sin contar aquello que, evidentemente, no me puedo permitir porque tampoco tengo un gran poder adquisitivo. Es decir, sí que hay cosas que no tengo, pero simplemente porque son demasiado caras como para poder permitírmelas y no son artículos de primera necesidad.

No trato de pensar como un orgulloso, ni mucho menos como un prepotente. Partiendo de esta base, considero que si algo quiero, lo consigo, sin pensarlo demasiado, comprándolo. Y me hace especial ilusión porque lo quiero, sin más. Y no espero a que nadie me lo compre, no por prepotencia, como dije antes, sino porque sé que nadie me lo va a comprar. 

Por tanto, si no tengo, por ejemplo, un determinado tipo de sartén, es porque no la necesito. Y si la necesito, pues voy y la compro; y si la necesito solamente para algo puntual, intento apañarme con otra similar… o la compro igualmente. Pero, a estas alturas, si no la tengo, seguramente es porque no la necesito. Eso no quita que en función de los parámetros de la vida no necesitemos cosas nuevas. Todo lo contrario. La novedad siempre tiene que formar parte de nuestras vidas. Pero me refiero a la novedad necesaria y no a la innecesaria. Si, por ejemplo, voy a casa de un amigo y digo que me gusta su felpudo, no estoy diciendo que quiera un felpudo para mi casa. Probablemente ya tenga uno, y si no lo tengo es porque no me hace falta. 

Pues bien, la experiencia me dice que, en algunos casos, tengo que callar para tener simplemente lo que necesito y no acumular cosas que me puedan gustar o no pero que en realidad no necesito.

Después están los caprichos; efectivamente, un capricho no es algo necesario, pero… ¿a quién le amarga un dulce? Un móvil con más prestaciones, un portátil más rápido y moderno, unos zapatos que sustituyan a los usados, un chaquetón que abrigue más, o cualquier accesorio secundario que no me pueda permitir para no prescindir de otras necesidades básicas… 

No, no penséis que soy una de esas personas a las que no se le puede regalar nada porque no es así; todo lo contrario. Hay miles de libros que no he leído, me gustan los juegos, colecciono miniaturas de fantasía, hay miles de accesorios para la fotografía que no tengo, para la informática, me encanta la música... sólo hace falta conocerme un poquito para saber lo que realmente me hace ilusión. Lo que me fastidia es que se empeñen en que yo tenga que necesitar cosas que no necesito.

Porque a la larga todo pasa factura, y no sólo existe el cansancio físico. Lo que pasa es que el otro tipo de cansancio no se ve, y los necios tampoco lo notan…  

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