domingo, 14 de abril de 2013

OCHO HORAS

Después de todo, ocho horas son ocho horas, por mucho que nos empeñemos en creer lo contrario. El tiempo toma otra dimensión cuando cambia la luz, la rutina o la forma de estar. También la forma de ser. Por tanto, el problema no es cuándo se usan las horas; el problema es la falta de previsión del cerebro humano. Y sin darnos cuenta, repartimos las horas según vamos necesitando mientras nos engañamos creyendo que dormimos más o menos, descansamos más o menos o trabajamos más o menos. Así que todavía tengo dudas sobre qué horas son mejores para una determinada tarea u otra. Nunca lloverá a gusto de todos. Y siempre van a venir mal las ocho horas. Y vienen tan mal, que después, independientemente del turno, el descanso viene siempre peor, porque apenas quedan horas para descansar; y porque el cuerpo nunca acaba de acostumbrarse...

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