sábado, 15 de julio de 2017

DOS CAMINOS DIFERENTES

El último aliento está lleno de matices. Colores negros de una noche sin luz que oculta la triste figura de la luna cuando no quiere asomar sus curvas por entre las sábanas que cubren el cuerpo de la más delicada flor. Delicada sonrisa entre tanto furor... dudando estoy cuando dijiste amor. Aunque las palabras se mantienen y las derrotas se muestran esquivas escogiendo la batalla que más les convence para, siempre, eternamente siempre, sentirse mejor. Porque, a veces, por mucho que lo intentemos, el resultado siempre puede ser el peor, aunque no queramos, ni en pensamiento, ni en omisión. Es lo que se llama el esfuerzo del inútil que no entiende la escritura ni la lectura del dictador.

Es triste decirlo, pero la falta de iniciativa puede ser la mejor de la menos mala de cualquier solución. Problemas tenemos todos; y hay que saber buscar donde encontrar la solución no sin antes saber diferenciar el origen de nuestro dolor. Yo encuentro dos caminos diferentes para cruzarnos con una mala coordinación: interior y exterior. O, lo que es lo mismo: aquello que en el fondo parece un error, en las formas es la mejor solución de todo aquello que no queremos olvidar para causar el mínimo rencor. La fruta sigue siendo fruta y siempre tendrá una rima que... digamos que pega con los colores de cualquier balcón. Y no me digas los tuyos, que cada cual tendrá su conclusión.

Mil y una noches despierto para observar con detenimiento que ninguno de los dos caminos es la solución. Solo ambos unidos pueden llevar a una salida exterior o a una entrada interior. Pero todo depende del riesgo, todo es relativo y nada es bueno para algo sin ser malo para todo lo demás...

...y si no que se lo digan al cura, que puede hacer de todo excepto f... pues eso.

sábado, 8 de julio de 2017

NECIOS

No sabía yo que podía imponer tanto respeto... Parece que no es suficiente con tener buena voluntad y que unas palabras sacadas de contexto pueden generar miedo. No tengo miedo a que nadie me hable... tampoco soy tan importante como para llegar a ese extremo. Pero sí es cierto que me da miedo a que me den una mala respuesta, ya sea en tono o en forma. Como a todos. Nadie quiere una mala respuesta. De todas formas, esto es lo de menos. Lo verdaderamente triste es no reflexionar o no valorar el resto de la vida. Y así vamos pasando el tiempo. Así somos los humanos por naturaleza; nos preocupamos de buscar el conflicto, la pelea o el malestar por cualquier insignificancia en lugar de pasar página, saber ver dónde está lo importante y, lo más grave aún, ignorar una solución que todos conocemos.

No quiero ir de víctima porque tampoco lo necesito. Pero llegados a este punto uno se plantea si realmente merece la pena poner buena voluntad y buscar cordialidad en las tareas del día a día o si, simplemente, deberíamos hacer las cosas como robots, automatizadas, sin relacionarnos, sin hablar, sin consultar... porque en cualquier momento, nos pueden dar una mala contestación. Lo que es obvio para ti, puede no serlo para mi... pero preguntar ese pequeño detalle puede suponer toda una aventura. Entonces deberé tener iniciativa, pero estaré siempre bajo vigilancia para no cometer errores. Y aquí, una vez más, tengo que decir que los errores no existen cuando las soluciones pueden ser más de una, y ese es nuestro objetivo. Otra cosa diferente es que no te guste cómo hace cada uno sus cosas... pero no estoy pidiendo compartir gustos; me basta con respetarlos.

Si no hago nada actúo mal; si tomo la iniciativa puedo actuar peor. Un callejón sin salida que nos lleva a la autodestrucción. Pero, como dije, así somos los humanos...

Necios. Por permitirlo. Y cada día que pasa aumenta la frustración. 

sábado, 1 de julio de 2017

UNA PÍCARA SONRISA

Perder tiempo es sinónimo de perder vida. Y la vida tiene un reloj que siempre favorece al tiempo. Nos guste o no. No siempre es fácil luchar contra el destino, aunque pueda parecer lo contrario. No lo digo solo por el tiempo. El bolsillo tiene también mucho que ver. Volvemos al tema de las prioridades. Hay quien no sabe verlas y eso dificulta tener un orden en la vida que, desde mi punto de vista, es necesario. No digo que tenga que ser perfecto, pero sí necesario. Creo que aún estamos en fase de detección de mentiras; y para ello no existe un único lugar donde poder probar nuestra conciencia, donde reflexionar sin tener que desviar la mirada...

... y hablando de conciencia, puedo decir que, a pesar de todo, la mía está tranquila. Entiendo la presión, aunque es evitable desde cualquier ángulo de visión que queramos asignar a nuestros sentidos. Pero, no por ello, deja de ser innecesaria, porque hay mil formas de entender una misma cosa o de interpretar una misma manera. Y ninguna es mejor que la otra... simplemente son diferentes. Después, llega el intolerante, el que no entiende que el esfuerzo está por encima de cualquier premisa que se disfraza de colores por el simple hecho de ser diferentes a la vista.

Duele que la voluntad y la predisposición no estén justamente valoradas; o que el sacrificio sea siempre insuficiente porque llegamos a niveles de exigencia que ni siquiera uno mismo es capaz de cumplir.

Tendré mi tiempo. Y sabré esperar mi momento. Por eso mi conciencia no deja de estar tranquila mientras esconde su sonrisa y valora todas y cada una de las posibilidades que nos estrechan la mano...

...de una forma pícara, por qué no decirlo. Es mi nueva definición de tener paciencia. Eso sí, siempre controlada. Sin perder la oportunidad. Aunque lo parezca... pero solo a veces.

Sólo a veces. Suena interesante. A veces... también.