sábado, 10 de junio de 2017

VIDAS ENCONTRADAS, FELICIDAD PERDIDA.

Simplemente pensaba en momentos pasados. Pasamos de época a época sin percibir los instantes. Simple definición de tristeza. Nos olvidamos sin darnos cuenta de lo que no debemos olvidar para poder vivir. Somos incapaces de recordar la vida. Afortunadamente, encuentro pequeños momentos en los que puedo sentarme a reflexionar y escribo; a veces, sin sentido... y otras veces hilando vidas que no existen pero que formaron parte de nosotros mismos, en mayor o menor medida. 

Quisiera salir para hacer fotos, y poder verlas otro día. Escuchar house a toda voz, o rock, o llantos de guitarra y quejidos de percusión, notas melancólicas que bailan con el corazón, siempre que no quieran llorar de dolor. A los 12 años corría, y a los 15 buscaba mis pasiones. A los 18 salía, y bebía, y gritaba. Y buscaba vidas paralelas sin dejar de bailar. A los 22 me ilusionaba, y aprendía, y a los 25 intentaba volar. Y amaba en la distancia sin mi caña de pescar. A los 28 fotografiaba. Y desde siempre, sin importar la edad, cuando llovía, no me escondía, y lloraba. Y mezclaba mis lágrimas con el agua de tu llorar. A los 32, o a los 34, ya no me acuerdo, viajaba sin saber muy bien lo que quería; pensando que amaba sin saber si yo mismo quería. Y siempre quise gritar todo aquello que no entendía...

...porque siempre decidía y, a veces, lamentaba, mientras otras veces, simplemente, compraba minutos por pura cortesía. Eso es lo que nos pasa algunas veces: olvidamos hacer lo que hicimos, y no nos acordamos cuando dejamos de hacer aquello que hacíamos a los 12, a los 15, a los 18... y que por alguna u otra razón, no queremos acordarnos de volver a hacer.

Ni siquiera lo intentamos. Felicidad perdida. Vidas encontradas.

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