sábado, 17 de junio de 2017

CANCIONES

Montañas de papel mojadas por ríos de plata que bañan una salida que no se puede rozar. Duendes vestidos de azul verdoso con luces color oro que recrean un pasado tembloroso, prontamente olvidado y peligroso. Inestable. Desesperado. Todo tiene la misma razón. Todo tiene el mismo motivo. La fidelidad carece de valor y el tiempo carece de paciencia, cada vez más corta, más finita, menos presumida y más previsible. Risas, bromas, tragos y humos; y una canción que suena pegadiza en las radios de nunca jamás, o mejor dicho, de nunca existirás por más que lo intentes, flor de vida, vida de amor, amor de agua en fuente derretida por el mar.

Supongo que hay dolores que no se pueden ni imaginar. Angustian el sólo hecho de provocar las pérdidas de una sangre que se muestra inconexa sin dueño ni caminar. Están tensos, y la única victoria que consiguen es la de ver el tiempo pasar. Canciones hay muchas. Mensajes pocos. Y los ritmos, demasiado extensos, provocan, a veces, la muerte de la pupila de cada uno de mis ojos cuando contemplan un horizonte donde tú no estás. 

Bueno, estás sólo a veces. Y eso, seguramente, es peor. Así que hoy transmito mi esperanza en forma de canción... sin que sirva de precedente. En su momento culmen, todo hay que decirlo.

Y mi radio dice que esta noche va a helar... y la gente vuelve de la fábrica con sus coches por la carretera del infierno, hay demasiado tráfico y los tres carriles van muy lentos. Sabes que muy pronto lo olvidaré, pero recuerdo ahora esas noches cuando la vida era solo una apuesta en las carreras entre las luces. Apoyaste tu cabeza en mi hombro, y tu mano en mi pelo, y ahora te comportas muy fríamente como si no te importase... pero cree en mi, pequeña, y te llevaré lejos de esta oscuridad hacia la luz, lejos de estos ríos de llantos, ríos de lluvia, de esa cólera que vive en estas calles sin nombre, porque he corrido tras cada luz roja en el carril del recuerdo... porque he visto la desesperación estallar en llamas, y no quiero volverlo a ver. Dire Straits. Telegraph Road. 1982.

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