sábado, 27 de mayo de 2017

MALDITO CORAZÓN

Maldito corazón. Y, de camino, veo pasar la noche de refilón. Charlando, durmiendo, volando... sin demasiada imaginación. No vale esconder la cabeza como si fuera simple pasión. No vale, maldito corazón. Porque los miedos, miedos son, en forma de viento verde, castillos ambulantes y franca desesperación. Ese es un buen motivo, y también es una mala razón. ¿Cuántas veces soñé despierto sin cerrar los ojos de mi balcón? Demasiadas veces, diría yo, demasiadas veces, maldito corazón. Que las cadenas de un pasado ya no saben si lo son, y consejos no se dar sin escuchar, una vez más, a un maldito corazón. Puede que sea el mío... o el de cualquier otro. De color oración.

Pasa el tiempo sin saber cómo parar el reloj. Eso es lo que más duele. Escucho, y escucho, y no dejo de escuchar para, después, intentar llorar una rabia que se escapa como el grito en una jaula que parece volar siempre a mi alrededor. A veces es necesario plantarse y aceptar las consecuencias. El pasado no existe para lamentarlo a cada momento. No es su objetivo. Cada segundo es un momento nuevo que no va a volver a ocurrir; y de nosotros depende marcar ese segundo en un pasado digno o en un pasado para olvidar. No siempre tiene que existir un término medio.

El pasado existe. 

Aún veo a mi abuelo en sueños. Porque nunca se fue... como el pasado. Maldito corazón.

sábado, 20 de mayo de 2017

A NADIE MÁS

Siempre me pasa que no me acuerdo de los motivos sin pensar en los desperfectos causados en la perfección de uno mismo. Seguro que dirán que me cansé de amar. Uno no puede cansarse de algo que existe infinito porque, lo finito es, realmente, lo que no se puede contar. Justo ahí termina... sin mediar palabra. Es el término el que vuela por el aire sin dejar caer un suspiro al suelo. Aunque quisiera que mi suelo fuera mar. Agua azul o agua cristal. Por si no saben a qué ojo me tienen que mirar. Nunca fue suficiente cuando no quisieron escuchar. Y ahora, aunque quisiesen, además de insuficiente, es irrelevante. 

Dar amor es dar vida; y una de mis vidas casi siempre existe lejos de mi. Pero existe. Aunque tengan que pasar nueve días para comprobarlo. Digamos que forma parte de la libertad que yo quiero para ellas; me refiero a las vidas, y bueno, también al amor. Un amor libre seguramente sea el más sincero. De momento, de todas formas, no puedo hacer más. 

Me ganan en tiempo... por ahora. Porque es una victoria permitida y, por tanto, se podría ver como una derrota prevista. O tolerante. O permisiva. Y como no quiero usar la palabra egoísmo, no la usaré para hacer ver que una batalla no es una guerra. Tengo que luchar para que esa parte de mi pertenezca únicamente a sí misma, y a nadie más.

A nadie más. Aunque me cueste la propia vida... aunque nos cueste el amor.

sábado, 13 de mayo de 2017

AGUJEROS DE PAPEL

Todos merecen una segundo oportunidad; incluso uno mismo. Y, a veces, sólo nos queda confiar y confiar, y después, volver a confiar, aunque tengamos motivos más que evidentes para mostrar desconfianza. La verdad es que no tengo nada que perder, y sí mucho que ganar, y eso ayuda a generar confianza, que, con el tiempo, se transforma en esperanza. Es como caer por un agujero de papel... si rozas los bordes es fácil que se rompa la fragilidad del deseo de tener algo mejor. Siempre existe algo mejor; sufrimos cuando no lo conseguimos, aún sabiendo que está más cerca de lo que parece. El deseo gana a la pasión, y la ilusión se genera casi sin tener en cuenta la luz natural que atraviesa ese débil agujero, sea de papel, de cristal o de falsa vanidad. Esa es la salsa de la vida.

Tengo derecho a equivocarme. Me he equivocado tantas veces que la palabra inmune la tengo subrayada en mi diccionario. Alguna vez tendré que acertar, y si no lo intento ya me estoy equivocando. A posteriori puede que me de cuenta, una vez más, de que todo tiene un precio, todo acierto tiene un sacrificio y todo error una consecuencia. Pero al menos me equivoco yo, y eso no se puede reprochar a nadie, ni a la víctima ni al sufrido corazón.

Y si acierto, no os alegréis por mi... sino por ellas. Esa es la diferencia. Se merecen tanto lo mejor que merece la pena asumir que puedo volverme  equivocar. Tendré que asumir el riesgo...

...siempre es mayor el premio que un fracaso no reconocido. O eso intento...


sábado, 6 de mayo de 2017

ESCLAVOS

Lamentablemente, somos esclavos de nuestro pasado. Segundas partes nunca fueron buenas, sobre todo si nunca pretendieron ser segundas partes. Realmente, no sé qué pensar; quizá no pueda tener derecho a ciertas cosas por el simple hecho de vivir; o de haber vivido. No veo motivo para prolongar aquello que ni siquiera se tenía que haber producido. Sinceramente, no quiero nada de nadie, ni pretendo cambiar a nadie para conseguir algo que no existe ni en mi mente. Obviamente, fracaso cuando no consigo lo que quiero; supongo que eso nos pasa a todos. Pero un fracaso puede ser un triunfo cuando se consigue un respeto antes inexpugnable. Lo importante es sentirse protagonista, de una forma u otra.

Me duelen las comparaciones. Sobre todo, porque no se pueden evitar. Están ahí y estarán ahí por siempre. Pero más me duele que se haga uso de ellas sin motivo justificado. Es como regodearse en los defectos ajenos sin ver los propios. Está claro que tengo muchos defectos, pero ya ignoro si poseo alguna virtud.

Seguramente sea problema mío... no suelo prestar demasiada atención. Y ese error se paga caro, como todos.