sábado, 25 de marzo de 2017

AL VUELO

Hay días tristes y días felices, días importantes o intrascendentes, o simplemente hay días peores o mejores, sin más. Los días pasan y pasan y siempre estamos en concordancia con las pequeñas cosas de la vida que hacen que dichos días se puedan, algún día, soñar. Y no basta con soñar cuando cerramos los ojos para olvidar, sino cuando queremos tenerlos abiertos para poder, simplemente, recordar. Porque si no sueñas con la vida, la vida no va a soñar por ti, y si no te ríes de la vida, la vida se va a reír de ti. 

Pienso que los momentos buenos de nuestra existencia los tenemos que buscar, mientras que los malos momentos que nos regala la vida ya se van a encargar ellos solos de encontrarnos sin que tengamos necesidad. Esta mañana, cuando lloré, simplemente por recordar, busqué luego la risa para poder caminar de nuevo... y la encontré cuando miré el suelo y vi cada cosa en su lugar. Cacé mi sonrisa al vuelo cuando miré a los ojos de esa muñeca que aún está aprendiendo a andar.

Así que he decidido que voy a reír siempre después de llorar. De lo contrario, la vida estaría descompensada. Y yo no lo voy a tolerar. Sería injusto... 

...si las lágrimas no van al mar.

sábado, 18 de marzo de 2017

EL PESO DE LA CONCIENCIA

Todo en esta vida tiene un peso comedido. Sea del tipo que sea; sentimental, físico, psicológico o moral. Cuando entendemos que no podemos poseer nada sin tener permiso de lo ajeno nos volvemos incapaces de ver más allá de lo infantil, de lo básico; más allá, también, de lo innecesario. Algunas torturas empiezan con el peso de una despedida más bien indeseada. Es lo que ocurre cuando cogemos todo el peso de la conciencia. La doble moral no existe o, simplemente, se convierte en algo más que moral y poco menos que corazón sin compasión. Por eso, mis deseos, siempre van por ti. Bueno, por ella; o por ellas. Tuve una conciencia demasiado ordenada y nunca fue susceptible (me refiero a la conciencia) de perder la timidez. Mientras tanto, dejamos que vuelvan a mentir; las piedras no pesan demasiado en la conciencia cuando se ha perdido la consciencia del umbral de la necesidad.

Ese es el problema. A veces, uno piensa que lo único importante es la libertad; dejar que el prójimo sea feliz simplemente por ser como es. Tampoco hay que darle tantas vueltas a las cosas... es fácil, sencillo y barato. Las negligencias de algunos no pueden convertirse en aciertos para otros, y eso lo debemos evitar a toda costa. Que cada cual escoja el peso que quiere llevar.

Sólo el que no tiene conciencia piensa que la responsabilidad es siempre para los demás. Y que tire la primera piedra el que esté libre de carga...

...o de pecado. Lo mismo da.

sábado, 11 de marzo de 2017

DIEZ AÑOS

No tengo memoria a corto plazo; puede que la haya heredado de un pez. Diez años no son nada, pero también lo son todo. Hablo de diez por decir una cifra. Cualquier cifra reciente será siempre más corta que cualquiera de tu niñez. Todo va más lento cuando solo esperas seguir creciendo. De todas formas, la infamia dura menos aún. La cantidad de recuerdos no se puede enumerar; es como decir que los números no se pueden contar. A la hora de escoger recuerdos, nos vienen a la mente de cualquier edad, y eso es lo que nos hace diferentes. Las caricias de mi memoria no se pueden borrar; tal vez sea por que uno recuerda siempre lo que le trae paz. 

Decía una profesora de filosofía que tuve, cierto día, que somos capaces de recordar con todos los sentidos. Un alumno le discutió diciéndole que el olfato o el gusto no tienen recuerdos... la profesora le comentó que seguramente él podría acordarse de cómo huele una flor o de cómo sabe el chocolate. Más que nos pese, diez años pasan cuando la memoria no quiere olvidar los diez años anteriores.

La vida nos juega malas pasadas cuando quiere; los buenos momentos los tenemos que buscar nosotros, capturarlos con nuestros propios medios y guardarlos en bolsas de cristal para disfrutarlos cuando pasen diez años, meses, días...

...siempre que la memoria nos lo permita; claro está.

sábado, 4 de marzo de 2017

UNIVERSOS PARALELOS

Oídos sordos; o el arte de hacer como si no pasara nada cuando el hecho de disimular cuesta más trabajo que esconder el daño en sí mismo. Melodías en adobo, como dirían aquellos... melodías que siguen sonando para que bailen los mismos de siempre. Y es que, para tener lealtad para con los demás, pienso que lo primero es tenerse lealtad a uno mismo. Si esto no ocurre, obviamente, algo no funciona. Las decepciones existen todo el tiempo mientras las pensamos; las sorpresas, solo cuando ocurren. Siempre hay unas que superan a las otras, aunque a veces no importe el orden.

Nos damos cuenta de que la vida es demasiado corta cuando llegan fechas que, antaño, fueron importantes, dejaron de serlo y, en la actualidad, vuelven a cobrar protagonismo. Hace seis años, perdí un hijo. Ahora podría tener unos cinco años y medio aproximadamente. Y, realmente, no sólo me acuerdo de la fecha; también me acuerdo día a día. Si ese niño hubiera nacido, igual yo ahora no estaría donde estoy... quizá no hubiera nacido otra niña. Por eso, lo primero que haré cuando muera será preguntar por mis universos paralelos. Alguien ahí arriba los debe conocer...

Tengo lo que tengo, y ya lamenté lo que perdí. No hay que lamentarlo eternamente... porque seguramente, tendremos el resto de la eternidad para hacerlo. Por eso sigo sin creer en las fechas... no me hace falta que pase un año para acordarme de algo importante. Prefiero sumar días que no tengan números en el calendario.

Si tienes universos paralelos significa que, al menos, has vivido. Y eso ya es todo un logro...