sábado, 14 de enero de 2017

MÁS ALLÁ DEL TIEMPO

Ropa sucia tras las cortinas de mi cama; eterno descanso, cariño completo que cura mi espanto declarado desierto. Noche húmeda con miles de estrellas, que si no, luego, no sueñas, ni pronuncias palabras inexistentes en tu fondo de armario. Ni amas. Porque no siempre se escribe mamá con dos diferentes palabras o de dos distintas maneras.

Las flores existen nos las regalen o no; existen las regalemos o no. No es lo mismo luchar por superarse o conformarse con una lucha por no hacer un ridículo que, a veces, parece evidente. Todos tenemos un estilo, pero no suele coincidir con el estilo con el cual nos etiquetan. Todo es etéreo, atemporal, en blanco y negro o gris natural, efímero, normal, pintado de cielo así, tal cual, con témperas de agua y papel de cristal. Así que, lo justo, es luchar.

El mundo es diferente a cada segundo que pasa; a veces, porque no siempre puedes mirarlo con los ojos abiertos; otras veces, porque los ruidos se solapan, los gestos no existen, los sabores difieren de color y los olores no se perciben. Pero todo es atemporal. Absolutamente todo. 

Y si no sientes, no existes. ¿O acaso existo mientras duermo? ¿Y tú? Seguramente, en nosotros mismos, mientras soñamos... pero el alrededor no importa... o quizá sí.

Pero no nos damos cuenta.

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