sábado, 26 de noviembre de 2016

MONTAÑA DE NAIPES

Sinceramente, no creo que uno elija aquello que quiere ser. Por primera vez, siento pena por aquello que sucedió, pero que también se pudo evitar. Y es raro, porque suelo tener mucha paciencia. No tuve tiempo ni de llorar, y, hoy día, sigo sin tenerlo. En plenitud de mi felicidad, aún pienso qué sería de mi si me hubiera arrepentido de algunas decisiones, o si no hubiera tomado otras. Puedo imaginar que la soledad se torna sufrimiento; O, mejor dicho, no es que lo imagine... es que lo sé. Simplemente porque lo sufrí. Mi montaña de naipes se cayó al suelo, directamente, haciendo 'plof', sin más. Como un forajido, te marchas, con una presunción de inocencia ignorada y sin ningún tipo de derecho. Y, entonces, te buscas la vida, con la necesidad de no perder la compostura en ningún momento. Porque puede parecer que se para tu vida, pero no se para la vida.

Entonces, caes al azar en cualquier sitio del mapa y empiezas a vivir de otra forma. En un techo prestado, una cocina incompleta y un baño pequeño. Y piensas. Y reflexionas. Y te tienta querer volver a la tranquilidad a cambia de perder el honor. Y, realmente, te lo planteas de corazón. La verdad, ni siquiera sé cómo lo hice. No es cierto que del amor se pase al odio. Hay pasos intermedios, como la rabia, la impotencia, la ignorancia... 

...y la pena. Y supongo que ahí me encuentro; quizá porque no se puede odiar a la persona que, supuestamente, cuida a la persona que más quieres. Todos contamos con cierto sentimiento de culpabilidad aunque la culpa no sea nuestra. Vivirá, llorará y morirá sola. Y sólo ella lo pudo evitar.

Pero no quiso. Y desde entonces, la quiero olvidar.

La montaña de naipes de los recuerdos no se puede derrumbar.

sábado, 19 de noviembre de 2016

LAS TRAMPAS DE LA PARTIDA

Lo sorprendente es que cada vez menos me sorprende la falta de respeto y compromiso de ciertas personas. Y no sé por qué me sigue sorprendiendo, cuando dichas personas ya demostraron que viven dentro de una mentira; de su propia mentira. La suma de mil mentiras no equivalen a una mentira mayor. Me da mucha pena que haya personas que no sepan ser felices por ellas mismas, que tengan que usar uso de los trucos más viles que la vida no sabe esconder. Pero el tiempo sigue pasando, y la partida se va acabando. Todas las partidas acaban; sólo queda saber si ganamos de forma limpia o consiguen un dado trucado o un juez imparcial. De todas formas, el delito sigue siendo delito, y la única forma de no ser juzgado es no cometerlo; aunque, para ciertas historias, ya es demasiado tarde.

A veces me pregunto si estuve siempre viviendo en una mentira camuflada con la máscara de la irrealidad. Pero no me refiero a siempre queriendo decir toda la vida, sino al inicio de los tiempos donde vale más una mano a la espalda que una mirada de frente. Tiempos en los que mi única preocupación era vivir y contar la vida tal como sucedía a mi alrededor; mal negocio, teniendo en cuenta que el alrededor de una vida parecía ser diferente al de otras personas. El caso es que siempre confié, y quizá por eso no me fue tan bien; pero eso no significa que haya perdido la confianza, ya que estaría cayendo en un error ya conocido, aunque diferente. 

Quienes deben pagar ahora los errores son otros. La suerte que tengo es que mis errores fueron míos, y por ello, fueron nobles y sin intención. Si otros pueden decir lo mismo, que callen para siempre y no nos hagan perder el tiempo. Pero claro, estas personas no valoran ni su propio tiempo...

...lo siguen perdiendo inventando mentiras cada vez mayores. Puede que al final pierda, pero jamás haré trampas.

sábado, 12 de noviembre de 2016

SIN ROSTRO

No siempre todo es tan fácil como parece. Una cosa son las apariencias y otra cosa la realidad. Lo mismo ocurre con nuestras sensaciones, con los sentimientos y las verdades que se esconden tras nuestros rostros. Todavía hay gente que no se cree que el camino más corto es el más fácil, y no el que menos pasos necesita. Mejor cien pasos en llano que veinte cuesta arriba. 

La vida no es fácil ni siquiera cuando lo parece. Mi profesor de latín solía decir que hay que tener cuidado si metemos los pies en el tiesto. Mientras decidimos si sacarlos o no, nos pueden pillar. Porque el tiempo siempre va en nuestra contra, pero a algunos les perjudica más que a otros. Hay quien saca los escrúpulos que tiene guardados en los bolsillos la inocencia de la infancia para sacar provecho de cualquier situación. La verdad es que impresiona la frialdad con que ciertos rostros esconden la mano de la piedra tirada con maldad; ya no digo que hiciera diana, aunque todo pudiera ser. Pero sí que, al menos, hubo cierta intención, y en muchos casos, con la intención basta, aunque no nos lo digan todos los días en los telediarios. 

Es una pena que el concepto de lo que está bien o está mal para nuestros seres queridos difiera tanto entre las personas. Problemas tenemos todos, y muchos vienen por sí solos.

No es justo sentir compasión por aquellos que se busca la gente.

sábado, 5 de noviembre de 2016

CALAVERAS DE SEDA

Y puente de plata a enemigo que huye. Todavía no me explico ciertos comportamientos del ser humano en general, y también en particular. Es probable que estuviera ciego, pero no todo dura para siempre... o casi nada dura para poco rato. Según se mire. Después, vendrán los reyes cargados de arrepentimientos y poca sabiduría. Es nefasta la gestión del que miente, y tampoco sobresalen las ganas de seguir para adelante. Si lo miramos de forma egoísta, me he librado de una buena; y si no, simplemente me he librado. a veces es mejor parecer que ser, pero siempre tenemos que ser lo que somos, lo que nos enseñan, lo que nos muestran. Lo que decidimos, y no hay más. A sangre fría, cabezas pensantes ignoran que las calaveras son de hueso, que puede resistir más o puede resistir menos, pero no deja de ser hueso, al fin y al cabo.

Creo que sentiré tristeza toda mi vida, por lo que está pasando y por lo que queda por pasar, pero sobre todo, siento tristeza por que mis infinitas oportunidades, mis infinitos consejos, han caído en saco roto. Y al final queda lo que queda.

La soberbia es muy mala, y peor es reconocer que se es soberbio. Algo difícil de demostrar. Hace tiempo que esto era así, y hoy por hoy, sigue siéndolo. Quizá es que ahora lo veo y antes no supe darme cuenta. Pero, por favor, no culpes a la inocencia. Aún no saben quien tiene las manos manchadas y quien se las quiere limpiar a toda costa.

Maldita soberbia... la única que pierde sin ser consciente de ello.