sábado, 29 de octubre de 2016

LOS CUENTOS DE LA ABUELA

Cuando el cansancio forma parte de nuestra vida, la vida ya está formando parte del cansancio. Miles de besos no forman un beso más grande, no dejan un mejor sabor ni desean una menor impresión. Cada abuela tiene sus cuentos, y cada cuento tiene sus nietos particulares, aquellos que difieren de la realidad, que se muestran lejanos a los pensamientos eternos de una vida que, una vez más, vuelve a cansar. La ilusión de sonreír es la misma que la ilusión de tratar de ver una sonrisa en el espejo de nuestra alma. No podemos cansarnos de la vida de los demás, sobre todo cuando son pequeños, frágiles e inocentes... y aún tratan de asimilar los cuentos de la abuela.

En los cuentos de la abuela hay lobos que se esconden en la terraza mientras la ventana de la cocina protege a sus nietos. El grillo se esconde en la cochera, y el robot, sin brazos ni pies, asusta sólo cuando funciona. La puerta mágica se cierra con la fuerza de papá y la linterna hace que la noche sea menos noche y el día encuentre los objetos perdidos. Bob Esponja se disfraza de murciélago y Peppa Pig esconde a su abuela en el armario de la casa del bosque. Y así, todos juntos, jugamos con Minnie.

Hay cuentos que ilusionan e ilusiones que son puro cuento. Toda impunidad tiene un precio, y un cuento, por muy cierto que sea, no deja de ser un cuento, lo cuente quien lo cuente. Y lo que me cuenten, me lo tengo que creer. Tú, yo y cualquiera. Tomar ciertas decisiones no va a cambiar nada, ni va a influir en el destino de los cuentos que nos cuentan. A todos, incluido a mi. Pero, aún sabiéndolo, nos tenemos que resignar; nos guste o no...

No sólo hay cuentos de la abuela... se mezclan con los de papá.

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