sábado, 10 de septiembre de 2016

DE LEJOS

El tiempo es volátil como una simple hoja de papel. La lluvia no significa tristeza, ni el sol alegría, como pensaba una persona de cuyo nombre pensaba haber olvidado, pero no... existen ramas que tocan mis manos y que por mucho que me alejo, parecen crecer más y más, sin tener un final. 

Y es que es eso lo que le pedimos a los recuerdos y nos olvidamos que éstos no tienen un final. Nunca se terminan, ni nos abandonan, ni piensan en marcharse, si es que piensan en algo. A algunos, el mero hecho de pensar, ya los agotan. Quizá sea mejor estarse callado. 

El daño es lo que más se tarda en olvidar. No se trata de buscar rencor; se trata de encontrar un motivo por el cual la razón puede menos que el odio cuando quieren hacer daño de verdad, sin bromas, de corazón, con todo motivo aparente. Este siempre será, a partir de ahora, o mejor dicho, de hace un par de años, un mes malo para mi. Aquello que no se puede explicar termina por sacarnos un poco de juicio... aunque siempre a la larga, y sólo hasta que volvemos a ser dueños de nuestros sentimientos. 

Y es que, en este caso, estoy cada vez más seguro de eso que dicen y que algunos se aplican con un énfasis especial: corazón que no ve... ¿O eran los ojos aquellos que estaban ciegos y el corazón se blindaba para soportar todo tipo de dolor?

Pues eso. Que cada cual se lo aplique como pueda. Bastante tengo con ver el olvido... aunque sea de lejos.

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