sábado, 27 de agosto de 2016

UN PEDAZO DE CIELO

Hay momentos en los que necesitamos que el cielo se acuerde de nosotros para saber que nunca debemos olvidarnos de quien están allí. El cielo puede ser un pájaro que bate sus alas hacia un hueco vacío para recordarnos que, quien estuvo ahí nos recuerda, y siempre nos recordará, a pesar de la vida. Es triste el viaje, la partida, el adiós inesperado, la inapetencia el saberse eterno en un azul infinito. Lo cierto es que los vemos partir desde la distancia, y se alejan, y nos ven con su infinita mirada, sabiendo que no volverán, que son ellos los que parten, pero que podría haber sido al revés. Cuando estoy triste, miro al cielo y me pregunto qué es lo que estoy haciendo con mi vida, y ahí está la respuesta. 

Hay personas que cuando nos hablaban en vida en realidad nos estaban mostrando con las palabras del corazón ese pedazito de cielo que debemos mirar para no olvidar. El cielo es tan grande que hay un pedazito para cada uno de nosotros. Y cada vez que miremos hacia arriba, reconocemos más pedazos que formaron partes de nuestras vidas.

No nos queda otra... bueno, sí. Convertirnos nosotros en otro pedazo de cielo. Ya lo tenemos reservado, y en un sitio preferente: al lado de quien nunca dejó de creer.

El cielo está lleno de pedazos que sonríen con los brazos abiertos esperando nuestra llegada. 

sábado, 20 de agosto de 2016

RAÍCES

Hay vínculos que no nacen de la tierra de nuestros orígenes, pero siembran raíces cargadas de verdadera amistad. La sangre no tiene nada que ver, ni el rojo de los lazos que nos venden en todos los cuentos de hadas. Después de todo, mil palabras llevan hacia ti, como decía la canción, y mil palabras hacen que nunca se puedan olvidar de ti. Es extraño cómo valoramos aquello que no tenemos cuando realmente nunca hemos llegado a tenerlo. Los sueños a veces se cumplen y otras no, pero siempre se sueñan, que por algo, sueños son. Y en el momento de soñar, son tan reales como fuerza tenga nuestro corazón. Se disfrutan. Se sufren. Aunque sean sueños. Sólo dejan de existir al despertar.

En mi mundo, raíces echa quien sueña con volar, aunque pueda parecer contradictorio. Los pájaros se encargan de recordárnoslo a cada momento. No somos ciegos, por lo que no podremos evitar verlos aunque no queramos. Como los sueño. Siempre los vemos. Aunque no queramos. Siempre.

Uno siembra raíces donde quiere... o donde le dejan. Cualquiera de las dos opciones me valen. Aunque a veces no sepamos distinguir los colores...

sábado, 13 de agosto de 2016

REMONTANDO EL VUELO

Sin gestos taciturnos. La justicia es tan lenta como la vida de quien no tiene nada que hacer. Llega un momento en que no sientes pena por las personas, sino por las situaciones que provocan algunas personas. Es todo tan relativo como el mundo que cada mosca encuentra en cada segundo para aterrizar. Tengo razones para explicar, pero no encuentro motivos que me alienten a ello. Pausas. Sólo siento pausas, intermitentes, sin orden y sin sentido, pero pausas al fin y al cabo. Pausas que llegan cuando menos te lo esperas y que no sabes cuándo se van a marchar. Después de todo, no siempre llueve, y cuando sale el sol, no siempre hace calor. Todo se entiende cuando se comprenden los diferentes puntos de vista existentes. Tantos como personas.

La tristeza se hace evidente cuando lo evidente sólo puede ser la tristeza; por mucho que quieran disimular. No siento que se cierren mis heridas. El tiempo pasa demasiado lento cuando el objetivo es un ser desconocido con un idioma ilegible para nuestra razón. La verdad es que no me siento satisfecho. Pero es lo menos malo que podría haber hecho.

Así son las cosas...

sábado, 6 de agosto de 2016

UN DÍA DE AGOSTO CUALQUIERA

Barreras infranqueables. O quizá ya no tanto... siempre que hablamos de días y días, algunos se parecen más a otros, y otros son más diferentes que otros. Al fin y al cabo, sólo son días. Recuerdo cierta noche de agosto donde se podía ver la luna llena a través de las cortinas de mi terraza de aquél ático sin ascensor donde comenzaba a compartir sueños. O al menos lo intentaba. Ignorante de mi cuando traté de cazar la luna sin pensar en las consecuencias. Allí, tumbado en el suelo mientras intentaba solucionar algún problema que otro, soñé que vivía cuando simplemente no podía dormir. Noches de ventilador sin libertad, de insomnio sin despertar, de peleas sin acordar unos pactos que uno ya no puede recordar.

Nadie dijo la verdad, pero tampoco nadie dijo que la tenía que decir. Visitas inexistentes en una especie de aislamiento, igualmente, difícil de recordar. Torres en el suelo para construir montañas de ilusión con vistas al desierto. Así era mi pequeño habitáculo donde busqué felicidad. Sabemos cómo empieza la historia, pero no sabemos cómo termina. Ya habrá tiempo de saberlo...

...para los demás.

Así era un día de agosto cualquiera, allá por el año 2008... si no me falla la memoria.