sábado, 30 de julio de 2016

LOS AGUJEROS DEL TIEMPO

Me encanta ese anuncio televisivo que nos enseña el valor del tiempo; cada día que pasa somos un poco más pobres, mientras que el día en que nacemos somos multimillonarios de segundos, millonarios de minutos, ricos de instantes. Originalidad ante todo. El problema es que no sabemos cuánto tenemos para gastar. Y, sobre todo, cuánto malgastamos. Quien no da valor al tiempo, no da valor a la vida.

La vida se nos escapa por entre los dedos, y algunos (y algunas también, nadie está a salvo…) se entretienen en no hacer nada robando tiempo a los demás. Y es que algunos no saben lo que es el tiempo, otros no saben en qué gastarlo y la gran mayoría tienen demasiado y lo emplean de forma inadecuada.

Derrochadores por naturaleza. No es que yo me crea mejor que nadie; todo el mundo es libre para colocar su agujero donde desee y que se escapen por dicho agujero las oportunidades… pero lo digo por experiencia, no propia, sino para con los demás, ya que el que tiene más tiempo libre, lo tiene para todo. Y si se puede hacer la puñeta, pues se hace. Sólo espero que el último segundo de mi vida lo gaste en algo que me guste. Ya hacemos demasiadas cosas que no nos gustan, y eso sí que no lo podemos elegir.

Aunque los demás se empeñen en lo contrario…

sábado, 23 de julio de 2016

AMOR Y DESPRECIO

Se desprecia lo que se ama cuando se ama a lo que se aprecia. Cada vez más somos cada vez menos. Vuelta tras vuelta, decisión tras decisión, el paso está dado, y sólo sabremos el resultado cuando alcancemos esa meta tan desconocida en nuestras mentes. Y ese es el objetivo. Amar. Despreciar.

Ningún tipo de obsesión es bueno. Todas pueden buscar la victoria, sin duda alguna, pero precisamente es la obsesión lo que también puede llevarnos a la derrota. Descontrolada y sin prejuicios, como el desprecio al amor, como al amor al desprecio. Voluntario o involuntario, el desprecio se convierte en la mejor arma para odiar a algo o a alguien. Y es que no debemos confundir las cosas que nos hacen felices con las que nos complacen; aunque éstas últimas también nos hagan felices, es una felicidad temporal, interesada quizá, llena de prejuicios o escasa de bondad. Felicidad a medias. La sonrisa de un niño o el respeto de la gente es la felicidad plena. 

El resto es pasajero. Hasta la propia vida. Por eso mismo, ¿para qué amar si no se puede apreciar sin despreciar de forma disimulada? No es mi mejor día, lo sé. Pero tampoco es el peor...

Y con eso me conformo.


sábado, 16 de julio de 2016

NUEVAS LUNAS

Mas aunque mis anhelos fueran tus promesas, mis promesas podrían fracasar, y llegaríamos al dilema de lo personal y lo impersonal. La libertad de ser libre no se puede sentir a cada momento, ni pregonar a cada instante. Me extraña la quietud de quien tiene por bandera la maldad de lo imposible. Son sólo gestos, no palabras. La soledad es mala si la queremos ver como tal. Lo mismo ocurre con cualquier otro estado, ya sea pasivo o indiferente. Cada día, por muchas veces que amanezca, vemos el mismo sol. Ingenuos aquellos que piensan que las cosas cambian sólo con el pasar del tiempo. No es suficiente. Además de ver pasar el tiempo, hay que saber actuar.

Pero sí, después sólo queda esperar... a que pase el tiempo. Y, día tras día, aunque creamos que vemos nuevas lunas, nuevas personas, nuevos soles y viejos recuerdos, realmente sólo ocurre una cosa. Que nos hacemos más viejos y que con cada novedad, la vejez se anota un tanto.

Podemos anclarnos en el pasado si lo deseamos o no, vivir del presente o, simplemente, no pensar en el futuro. Pero mañana amanecerá. Será que pagamos justos por pecadores... aunque también puede ser que los pecadores sean justos. Ahora no estás, y mañana volverás. Y no por eso dejan de pasar los días.

Y el mañana llegará. Y cuando llegue no será que no lo advertí...

sábado, 9 de julio de 2016

PAPÁ

Papá. A veces, te despiertas gritando papá. Y cuando no estoy, en la ignorancia de la distancia, ni te oigo ni te escucho. Ni puedo acudir a ti. No sé si sueñas o si me necesitas. O quizá ambas cosas. Sueñas entre balanceos, y giras sobre ti misma mientras lamentas, mientras deseas, mientras respiras actos ajenos o impropios. Repercusiones de no pensar, de actuar tarde, o de dejar hacer. Cualquier opción me vale. Pasamos del "¿Da está?" al llanto, al agua, sentada sobre una baranda que sujeta las ilusiones de quien tiene no más de tres años. Todos los llantos valen igual, intencionados o provocados, vistos u ocultos. Y en medio de la noche te pierdes con la mirada de un lugar que no debiera ser diferente, pero que lo es. Cierras los ojos y me abrazas, tumbada, huyendo del sudor y buscando a... Papá.

Ahora todo lo quieres hacer tú, sepas o no. Entiendo que es normal. Y tú decides donde va cada objeto, cada persona, cada cosa que ves e intentas entender. Sonrisa embaucadora cuando aprecias novedad e ilusión en algo que no conoces. Miles de palabras con apenas 4 consonantes, suficientes para hacer entender. Para mi sólo te hace falta una.

No sé explicar lo que siento cuando me despido de ti una y otra vez, y otra, y otra... es como verte morir y no saber dónde encontrarte mientras me buscas con la mirada...

Al fin y al cabo, son todo altibajos. Después, cuando me vuelves a ver, corres y me abrazas, y sonríes, y es como volver a verte nacer. La vida está descompensada, pero intenta compensarse ella sola aunque sea de vez en cuando...

Papá... ojalá lo entiendas algún día, ojalá pudieras entenderlo ahora. Sí, papá. Dime, hija...

sábado, 2 de julio de 2016

ENTRE LA RAZÓN Y EL ERROR

No somos la sombra ni de nuestra propia sombra. Desde el cariño y la ilusión, conducimos valores demasiado importantes como para detenernos en la reflexión de saber lo que controlamos y lo que se nos puede escapar. Nadie habla de maldad, sino de poca capacidad visionaria sin pérdida de pasión. Los valores de la vida los otorga la propia vida, y no las personas. Nos movemos, sin pretenderlo, en una cuerda demasiado delgada y corremos el riesgo de caer al vacío. Los fracasos de uno no son los fracasos de los demás, ni tienen por qué serlos. Hay mil formas de llegar a un mismo sitio, pero hay caminos poco éticos, que ni debieran existir. No todo vale para conseguir lo que los demás ni siquiera se han planteado. Es lo peor que una persona puede hacer, y lo peor que le puede pasar; intentar guiar a alguien por donde no desea ir.

Simplemente egoísmo. Puro egoísmo. Uno no puede ser lo que los demás quieren que seamos. Porque uno se puede equivocar... pero los demás también.

Y eso no nos convierte en mejores personas.

La libertad tiene un precio, o al menos eso dicen, nos enseñan desde que nacemos y lo vemos en la vida tras cada parpadeo, tras cada latido de corazón propio y ajeno. Pero todo en la vida tiene un precio, y la libertad no iba a ser menos. Si nos dejamos guiar por esas personas, que quieren lo mejor para nosotros pero al mismo tiempo nos lo imponen, el daño será mayúsculo. Cada vez mayor.

Porque nadie sabe qué es lo mejor para nosotros. Ni siquiera nosotros mismos. Y no cabe el perdón cuando alguien se equivoca por uno mismo.