sábado, 21 de mayo de 2016

CICATRICES

Dicen que una cicatriz es para toda la vida. No deja de ser una marca del pasado. Física, emocional, mental... recuerdos que, tengan la forma que tengan, forman parte de un tiempo pasado. Podría pensar que es preferible un recuerdo que se ve a una sensación que se pierde. Tendría que huir de mi vida para escapar de mi pasado, y aún así, no conseguiría nada. Solo evitar la frecuencia de dichas sensaciones, que podría ser menor, pero no evitaría el impacto, que seguramente podría ser más fuerte. Porque allí donde vamos, la cabeza la seguiremos llevando sobre los hombros. Al menos, si nos preocupamos de ello. Pienso en cada fracaso como una cicatriz perenne, y en cada acierto como en una simple obligación, sin la busca del asedio a la fama ni al interés personal y propio.

El principal efecto es el desahogo. La causa, de sobra por todos conocida. Sin embargo, llega un punto en que resulta hiriente transformar las directas en indirectas, teniendo que usar metáforas para representar un hecho que en su momento me dejó una cicatriz marcada. Ahora, mientras miro a mi hija, a la que puedo mirar todos los días, a la pequeña, se me dibuja una leve sonrisa en el rostro mientras no dejo de pensar en la complacencia que tuve, que tenía, o que no tendría que haber tenido unos años atrás. Seguramente, ella, la pequeña, es la más afortunada.

Ya me lo dijo mi mujer hace unos días: "Voy a luchar por ti y por la hermana de nuestra hija. La nuestra lo tiene todo resuelto, afortunadamente."

Y sólo pude darle la razón. 

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