sábado, 23 de abril de 2016

PAREDES DE CRISTAL

Nunca creyó en mi. Parecía siempre ausente, sin opinar, sin escuchar, sin hablar. Pero, sobre todo, sin creer. Sin control; sin efecto; sin razón; sin fe... sin apoyar. Nada parecía tener sentido. Nada tenía sentido. Una ilusión, una decepción. El problema es darse cuenta tarde y mal. O tarde... o simplemente, mal. Después de todo, estamos donde estamos porque así lo hemos elegido, ya sea de una forma directa o indirecta. Se puede estar triste y feliz a la vez, pero no por una misma causa. La tristeza va por barrios. Toca cuando toca, y algunas veces dura más y otras veces dura menos. También es triste, para algunos, comprobar qué poca razón puede tener, o ha podido tener, quien creía que llevaba la verdad absoluta. Y lo que es triste para algunos, puede ser desesperante para otros. Sobre todo si te toca vivir la parte contraria. 

Paredes de corcho con tapones en los oídos repletos de palabras absurdas y repelentes. Hay demasiadas cosas carentes de sentido, como las paredes de cristal; no por menos pregonarlo carece de verdad. En el reino de los cielos apenas existe la mentira que rodea el alma humana de una falsa normalidad. Falsa normalidad; no hay que creerse todo lo que dicen, ni actuar de la forma que menos esperamos. Siendo cautos, todo se puede llegar a comprobar.

Los caminos no existen si no hay sitio para caminar. Caminamos junto a sombras que no queremos mirar, y si las miramos, se nos cruzan en nuestro caminar. No existe el perdón sin el olvido si olvidamos a quien perdonar. 

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