domingo, 10 de abril de 2016

LETRA PEQUEÑA

Justamente hoy llega mi ex y me envía un wasap: 

"Yo sigo enamorada del padre de mi hija, lo quiero con toda mi alma porque es el amor de mi vida. Lo amo. El ha sido el primero y el único y lo voy a querer siempre. Nunca volveré a querer a nadie como lo he querido y lo sigo queriendo a él, y nadie lo va a querer como yo. Me gustaría poder olvidarlo, pero el corazón no quiere y contra él es inútil luchar, siempre me gana. Y, aunque ha habido cosas malas, también las ha habido buenas, y muy buenas y son éstas las únicas que recuerdo, las otras las he olvidado. Hemos vivido tantas cosas juntos y nos han quedado tantas otras por hacer... Incluso estuve dispuesta a renunciar a mi familia por él, porque es lo más importante para mí. Me prometió tantas veces que íbamos estar siempre juntos y que nunca me iba a dejar..., estaba convencida de que estaríamos toda la vida juntos; incluso estaba planeando cosas para hacer en nuestro 10* aniversario y para los 25 años. También me dijo que,si alguna vez esto no funcionaba, seguiríamos siendo amigos. Pero sigo creyendo en él. Daría mi vida por él. Y sé que él también me quiso mucho".

No voy a entrar en la certeza de estas palabras. Quien me conoce, sabe como soy, lo que he hecho y por qué lo he hecho. No me refiero al momento en que decido alejarme de ella, sino a momentos anteriores, estando con ella. Hice muchas cosas con ella y por ella que no quería hacer, pero las hice. Mi familia y yo sí que renunciamos a muchas cosas por ella y cedimos tanto que ni recuerdo cuántos de esos momentos fueron buenos y cuáles fueron malos.

Lo que me indigna es, como siempre, el papel de víctima que siempre toman quienes se dan cuenta de sus errores demasiado tarde. Claro que prometí, y juré, y luché por algo que al final me di cuenta de que era imposible, por eso la gente abandona; prometí mucho, y cumplí lo que me me dejaron cumplir; eso es lo triste. Y no digo que ella mienta en lo que dice, pero sí que miente en lo que no dice. Todo en la vida tiene su letra pequeña; quizá no me di cuenta y la hice tan pequeña que me degradé como ser humano.

Lo que no dice es que me ninguneó, a mi y a mi familia; quiso celebrar un bautizo sin que el padre, es decir, yo, estuviera presente. Me maltrató psicológicamente. Me humilló. Me insultó, tanto ella como su hermana, viva estampa de la falsedad. Querían privar a mi familia de ver a mi hija. Me hicieron ser como no quería ser. Me dijeron que yo no valía nada, que no era digno de ella. Nunca me respetaron. Secuestraron a mi hija más de dos meses en los cuales sólo la vi dos veces. La utilizan como arma arrojadiza. Y, lo peor de todo, siguen siendo unos cobardes, que en dos encuentros fortuitos que hemos tenido, lo único que he visto es cómo se esconden. Nunca han dado la cara. Si he tardado siete años en ir dándome cuenta de todo, quizá es que tampoco he sido muy exigente ni lo habré hecho tan mal. Yo tampoco quiero ser víctima, pero digo lo de siempre: tengo pruebas de todo que permiten que mi conciencia y yo durmamos tranquilos.

Aunque la letra pequeña sea obvia... también hay que tenerla en cuenta. 

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