sábado, 26 de marzo de 2016

CHOQUE DE REYES

Al poco de leerme el primero de los libros de Juego de Tronos, empecé con el segundo, el cual compré incluso antes de terminar el primero. George R. R. Martin sigue en su línea con una literatura magistral en un mundo de fantasía que él sólo conoce a la perfección. 

Continúan las tramas en este segundo libro, que he leído en algo más de un mes, y por que no tengo más tiempo, que si no...

Este libro supera en algo de más de 100 páginas al primero, por lo que son casi 800 las páginas que lo componen, más el anexo explicando todas y cada una de las genealogías de cada casa existente en la trama. Entiendo que Juego de Tronos tenga sus fans y sus detractores, como todo en la vida. Hace poco leí en un blog que el libro se hace pesado... y sin embargo, a esa persona le comentan en dicho blog que para nada. Sobre gustos, no hay nada escrito, y está claro que no puede gustar a todo el mundo, pero quienes hemos mamado desde chicos estos mundos de imaginación y hemos pasado una infancia rodeada de fantasía, en mi opinión, Juego de Tronos tiene que ser una saga obligada de leer. 

No voy a desvelar tramas del libro en sí; sólo comentar que el autor cada vez las enreda más y está claro que no se salva ni el apuntador. Aquí no hay buenos y malos, es el propio lector quien prejuzga y se va decantando, en su imaginación, por sus favoritos, pero eso no significa nada. Cualquier personaje puede morir a vuelta de página.

El tercero lo llevo bastante avanzado, así que voy a ir pensando en comprar el cuarto...

sábado, 19 de marzo de 2016

UNA LUCHA DESIGUAL

La gente cambia. Se acomoda a la vida, y se adapta a las circunstancias. Sobrevive. Lucha como puede. Camina de espaldas sin mirar al frente. Evita el roce. Malgasta. La gente necesita inventar verdades y vivir mentiras.

El pasado es doloroso. Siempre. Muy doloroso. Por más que recordemos momentos agradables, sólo deseamos volver a vivirlos; sin embargo, los momentos amargos no se pueden olvidar, perduran en la mente, sobreviven. Como la gente. Como las personas. El suelo gris de la lluvia persistente nos lo recuerda cada vez que vemos el agua caer. No sabemos dónde está lo correcto y dónde dudoso. Toda decisión tiene sus desventajas; no pensamos en las ventajas cuando la tomamos porque ya sabemos cuáles son. Cuánta ironía en palabras vacías de poder; poder abusivo por tener un sexo privilegiado. Me gusta pensar que, al menos, di libertad. Mi hija es libre, feliz, independiente. Y a cambio de su libertad me toca sufrir su ausencia. Porque la presencia siempre la tengo cuando me acuerdo de ella.

Es una lucha desigual. Igual que el ser humano está condenado a morir justo cuando nace, el hombre está condenado a no ser mujer por el mismo motivo. Pero una lucha desigual no significa una lucha perdida. Solamente se trata de una desventaja. Que cada cual decida el tamaño de ésta...

Que tus errores no juzguen tus aciertos... estarías cometiendo otro error.

sábado, 12 de marzo de 2016

DOS VIDAS DIFERENTES

Las noches son largas, y sus días también. Tiempo habrá para beber. Luces y sombras se evaden por las hojas de mi papel, por los trazos de la tinta negra de mi pincel. La duda me corroe... siempre me corroe; no se puede evitar. No sé si el cansancio es el mismo cuando el trabajo se parece tanto para unos como para otros. Después de todo, lo hecho, hecho está, y sólo queda esperar.

Dos es más que uno, y uno es mejor que nada cuando nada no deja de ser tan solo una de las opciones de las que podemos disponer. Doble moral de quien sabe, pero calla. Porque ni siquiera sé si debo callar. Todo lleva su tiempo, y esto es algo que no me perjudicar, ni me puede beneficiar. Simplemente me limito a observar, ya que todo tiene su momento... momento que llegará. Mientras tanto, comparo, porque no lo puedo evitar. Son dos vidas diferentes con destino dispar... aunque sé que eso nunca se va a saber. Los fracasos no se pueden convertir en aciertos, pero al menos sí que sirven para intentar acertar cuando haya alguna nueva oportunidad.

Dos vidas diferentes que merecen la misma oportunidad. Pero no soy yo quien pone las normas. Sólo tengo que fingir aparente normalidad.

sábado, 5 de marzo de 2016

NO SOMOS NADIE

Estamos enfadados con todo, con la vida y con el mundo, cuando el mundo no nos ha hecho nada, y la vida es como es. No es fácil, y está llena de tópicos. Es injusta y, como tal, está plagada de injusticias. Recordemos que estoy en la distancia; que tenemos que luchar por los que se quedan, y los que se van, mientras nos acordemos de ellos, seguirán vivos. Porque después de todo, unos vienen y otros se van.

Me entristece todo, la muerte, la enfermedad, la situación, el tener que animar sin ganas y el tener que soportar sin razones. Pero lo que más me entristece es que si no dejamos que nos den ánimos, difícilmente podremos animarnos.

Yo perdí dos hijos, y poca gente me animó. Y el que me animó, lo hizo como supo, efectivamente, cayendo en tópicos o haciendo alguna gracia. Tenía dos opciones: contestar mal o fingir que las palabras ayudan. Al menos, disimularlo. A otra hija la veo muy poco. Trabajo de sol a sol para no permitirme apenas un capricho, no tengo tiempo para mi ni para los míos; somos presos de la vida. ¿Y qué? Eso es vivir... quizá mejor dejarnos morir, ¿o no? Quien sepa otra opción, que la diga...

En una oscarizada película, un anciano moribundo le dice a su joven amigo más íntimo: "la muerte nos sonríe a todos alguna vez en la vida... devolvámosle la sonrisa".

Quizá sólo diga palabras inútiles... pero tengo un defecto: no sé dar abrazos desde la distancia. Qué le vamos a hacer...