sábado, 6 de febrero de 2016

ÁNGEL MISERICORDIOSO

Hubo una vez un lugar, en los confines de la tierra, donde mariposas y arañas eran la misma cosa, bailaban al son de la cerveza y bebían música hasta emborrachar sus oídos sordos y repletos de distracción. Hubo una vez un lugar en donde las bellas señoritas atracaban en los puertos y lanzaban rosas manchadas de labia sin lengua envenenada, ajenas al ajetreo de la vida y del amor. Hubo una vez un lugar en el cual las mentiras bordaban la perfección, y las verdades eran mitad mentira y mitad falsa verdad, de cuyo nombre no quiero acordarme y cuya hija sueña ausencias desbordantes de un padre que no está por mucho que lo intente.

Siempre podemos decir aquello de que hubo una vez algo muy lejano en un pasado muy extraño, más la vida no se muestra justa o injusta. Se muestra como es: vida.

Viuda de cielos grises, como quien roba la pena al alma, el alma se nos hace pena cuando pensamos en lo que puso ser y no fue o, mejor dicho, y en lo que pudo ser y finalmente fue de la manera que tuvo que ser. Desgraciadamente no podemos elegir ciertas cosas. Por eso nos equivocamos en las que sí podemos elegir, como otra opción más de la diversidad.

Quien sabe, quizá vea nadar peces en la lluvia que empapa mis palabras tras la ventana, aunque hoy el título no tenga mucho que ver... se me ocurrió mientras escuchaba cierta canción.

Al fin y al cabo, sigue siendo vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario