sábado, 21 de noviembre de 2015

FECHAS INADVERTIDAS

Quizá mis deseos van por ti. Entramos ahora en el dilema de la declaración. No valemos lo que somos, pero puede que tampoco seamos lo que valemos. ¿Cuántas veces se repite la historia? Soluciones demasiado drásticas pero, al mismo tiempo, contundentes. Mucha gente se pasa buscando excusas toda su vida.

Un año es la distancia mínima que nos marca el calendario para que todo vuelva a ser cíclico. Siempre hay un primer año para todo. Después de 365 días, las fechas me pasan inadvertidas, por lo que se vuelven rutinarias y sin deseos de ser vividas; más de lo mismo.

Entiendo a quien le gusta lo mismo una y otra vez. Yo mismo peco de mi propio pecado, valga la redundancia. Lo que no entiendo es la falta de empatía y, sobre todo, la escasez de respeto hacia lo que debería ser respetable, como mínimo. Y eso ocurre con las fechas. Pasan y no dejan de pasar, y cada año habrá un día exacto al anterior, que ocurra lo mismo, que cuente lo mismo, que nos haga olvidar o nos haga recordar lo mismo... o cosas diferentes, según el punto de vista del observador y del observado.

Sin importar el día del año, un día es un día, y si sabemos restar, es un día menos.

Y si sabemos sumar, es un día más... para decir que tenemos un día menos.

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