sábado, 24 de octubre de 2015

LO QUE NADIE ME DIJO

Mientras mi hermano mayor escuchaba su música y hablaba de sus cosas con sus amigos, yo intentaba comprender y evolucionar con todo aquello que él iba descubriendo. Con doce, catorce y quince años se ve el presente muy lejano y el futuro inalcanzable. Sonaba “Taurus 3”, “Incantations” o “Island”. Entendía. Sabía lo que hacía. Apenas hablamos, a pesar de el tiempo que pasábamos juntos. El más alto de mis hermanos salía, se divertía, conocía la ciudad a su manera. Simulaba su mundo, sin pasar inadvertido. Compartíamos amigos y plato en la mesa. Compartíamos juegos infantiles, sueños e ilusiones. Y no tuvimos el “Privilegio” que queríamos en aquél momento.

Un día te das cuenta de que el presente no está tan lejano, de que el futuro está a tres pasos y de que los días pasan al ritmo que marca la juventud. Mi hermano mayor se gana un futuro en Madrid mientras que el pequeño consigue en Granada, paso a paso, todo lo que se propone. Y, a pesar de tener todo el tiempo del mundo para hablar con ellos, te das cuenta de que no lo has hecho. Al menos, de las cosas importantes. Y el más alto de mis hermanos me arranca las lágrimas del rostro cuando lo veo marcharse en un tren cuyo color no recuerdo a la conquista del mar.

Estiro la mano e intento alcanzar el tiempo que ha pasado de todo esto. Nadie me explicó que la gente se enamora y se desencanta para satisfacer su propio ego, que un ordenador no sólo sirve para jugar, que una separación sólo es fácil si hablamos de cromos, que una declaración de intenciones ajena no la podemos tomar como propia, y que, como un criminal cualquiera, estaría condenado a ver a mi hija dos días cada quincena, guardándome de no cumplir un estricto horario.

Pero no todo nos lo tienen que explicar. También es cierto que fui incapaz de verlo. Esperando a que lleguen las 7 de la mañana para poder llegar casa es difícil ver ciertas cosas. Porque, de pronto, te das cuenta de que no tienes vida cuando, de un día para otro, tienes que abandonar todo sueño y buscar un techo nuevo. Haciendo cuentas, he vivido en 10 casas diferentes contando, como mínimo, estancias iguales o mayores a 6 meses. Y no creo que eso sea bueno...

Es una pena, pero estamos expuestos a lo que nos obligan.

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