sábado, 26 de septiembre de 2015

RECONOCER LO EVIDENTE

Todo empezó cuando nació mi hija. O eso quieren creer algunos. Pero hay tantos puntos de vista diferentes que no puedo omitir aquello que parece real y no lo es, ni aquello que parece inmaterial y tampoco lo es. No importa dónde situemos el punto de inflexión. Lo que importa es que hubo dicho momento, y por aproximación no quiero andar tampoco en la miseria de la equivocación.

El problema existía desde los inicios, pero parecía invisible pues no se buscaba solución, y se transmitía la sensación de vivir en un mundo paralelo. Reconocer lo evidente ayuda a solucionar problemas, mas la ceguera del que tiene ojos sin un corazón que siente ganaba siempre la batalla. Así que remontémonos varios años más atrás, cuando uno empieza a perder vida a cambio de estabilidad. Compensaba, realmente. No lo voy a negar. Aunque desconocía tantas cosas que no podía siquiera saber si era yo quien decidía cada uno de mis actos.

Pero no, no puedo negar una extraña felicidad. Luchaba por lo que me había tocado y no siempre podemos elegir nuestro destino. Así que conseguí todo lo que pude y me resigné por todo aquello con lo que no pude guiar mi vida.

Continuará...

sábado, 19 de septiembre de 2015

UN EXTRAÑO SUEÑO

Al principio, fue el olfato. Había demasiada gente y alguien me lo advirtió. Olía a quemado. Como si tuviera alas en los pies, me aupé sujetándome con las manos a algún lado desconocido de la planta superior. Entonces, lo vi. Efectivamente, había fuego en la planta superior. Todos comenzaron a correr. Estábamos 10 o 12 personas, pero las caras se me difuminaban. Sólo alcancé a distinguir a mi hermano Alfonso y a mi hermano Miguel. El resto, parecían desconocidos.

Empezaron a agolparse en la puerta del patio y, poco a poco, la casa empezó a quedarse inhabitada. La planta inferior estaba intacta. Cuando miraba al techo sentía el calor, y el blanco se convertía en multicolor con el miedo al desprendimiento de cualquier cosa sobre mi cabeza. Pero me sentía seguro, sin miedo, convencido de que todos teníamos tiempo de sobra para salir. Y yo fui el último, tranquilizado al ver al policía acordonar la zona. Desde la puerta, hasta la esquina de la plazoleta.

Pasaron un par de coches de bomberos. Atravesé la plazoleta y miré al frente. Vi el fuego por el balcón, y después por la ventana... y allí estaba él. Pensaba que yo fui el último en salir, pero no era cierto. Mi padre estaba arriba, rodeado de calor rojo y negro humo.

Lloraba. Veía fotos y las besaba. Se despedía de ellas, de sus recuerdos, de sus vivencias. Desprendía nostalgia y serenidad al mismo tiempo. Me volví a acercar a la puerta y le grité. Con todas mis fuerzas. Tenía que salir de allí. Y no pude hacer más. Simplemente esperé...

Y al rato apareció. Me dijo que estuviera tranquilo, que estaba bien. Sólamente hacía lo que tenía que hacer. De pronto, miré a sus brazos. Tenía un bebé recién nacido. Un niño. Me lo entregó cuidadosamente y, simplemente me marché.

Se quedó esperando. El fuego había desaparecido en mi mente. Y allí se quedó, fumándose un cigarro. El que es como es, no cambia. 

sábado, 12 de septiembre de 2015

EL OTOÑO MÁS TRISTE DE TODOS LOS SEPTIEMBRES

Y pies descalzos. Problemas sin resolver tras el cristal de la consolación y la pena, o la desesperación y la condena. No importa el país, ni la deshonra; no importa decir con tal de decir cualquier cosa. 

Llega el otoño, cargado de nubes y vientos lentos, de mareas y olas tonos grisáceos, allí, en la lejanía de tu balcón que asoma buscando resquicios de mar. Ligeros atardeceres, y metros, muchos metros dejados atrás apuntados en la libreta de apenas un año. El otoño más triste de todos los septiembres.

La decadencia me entrega su mano, y no sé si alcanzo a cogerla por inercia, por error, por desamor o por deseo. Hay un poco de todo en cada una de las estaciones de nuestra vida, incluso aquél día de septiembre y otoño en el que pasó a ser invierno simplemente por falta de razón.

Y no sé si estoy en el otoño más triste de todos los septiembres... o en el septiembre más triste de todos los otoños.

sábado, 5 de septiembre de 2015

ALGO MÍO

Cabe pensar, si nos lo proponemos, o si se lo proponen, que debe de haber algo bueno en mi. Hay personas que luchan, en nombre de otras, por lo que no es suyo. Eso es muy fácil, porque si te he visto, no me acuerdo, ni me quiero acordar. Si pierden la batalla no pasa nada, porque luchaban por algo que no eran de ellas. Total, su vida no interesa y sólo juegan con la verdad de los demás.

Y si ganan, medallita al cuello. O al pescuezo, diría yo. Prueba evidente de que las mentiras, en los demás, no tienen la certeza de quien las hace ni la falsedad de quien las defiende.

En fin. Para bien o para mal, siempre hay algo mío en las vidas de quienes me quieren o dicen haberme querido. Que busquen en mis intereses, a ver qué encuentran, o en mis actos, a ver qué juzgan. Yo también dejo de querer, es cierto. Y tengo el valor de decirlo. Estará bien o estará mal, pero eso sólo lo dictamina mi conciencia, no las palabras necias y sin sentido de los demás.

Yo no le digo a alguien que le quiero y por detrás lo insulto. La cobardía se mira de frente, y la valentía sale corriendo por detrás de nuestros cogotes.

Sobre todo si resulta ser cínica.