sábado, 22 de agosto de 2015

MIL ESENCIAS

Mientras el viento hace efecto, surge la necesidad de la no necesidad, el aguante del porque sí, así, sin más. Con o sin pruebas, con o sin desgaste, con o sin palabras, a veces, lo que se entiende, se entiende. Sea necesario o no.

Respiro mil esencias cuando regreso a un lugar en el cual ya he estado, cuando vivo algo nuevo sabiendo que es viejo, añejo, con el polvo desempolvado y las huellas marcadas como cicatrices en el corazón. Y, hablando de cicatrices, tengo la de mi perfume, que dejó de ser aquél que lloraba por los alminares de cualquier escalera; tengo la de mi sangre, que cada vez más evita ser roja intensa para vivir en un mundo cada vez más decolorido; tengo la de mi nueva soledad, enmascarada por la muerte de un pasado que nos engañamos al intentar ocultar. 

No seamos tontos. El pasado, pasado está, es cierto. Pero estamos condenados a vivirlo. En memorias, sueños, pensamientos, recuerdos, murmullos y silencios. 

Todos tenemos mil esencias. 

Todos tenemos mil pasados.

Sólo cada uno decide cómo quiere dejar de olvidarlo. Si es que se puede...

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