sábado, 25 de abril de 2015

TAL PARA CUAL

Dicen que cuando vamos a morir, vemos pasar toda nuestra vida delante de nuestros ojos. No tengo que esperar a ello, sinceramente. Todo son recuerdos. Probablemente, cosas mal hechas. Actos sin pensar. Consecuencias sin prevenir. Niños sin nacer. Infancias sin retornar...

Lo que nos pasa hoy nos marca para el mañana; mas, aunque quisiera imaginar mi mañana, apenas puedo pasar la página en la que me encuentro hoy. No siento nada diferente de aquello que podría esperar. Cuando uno decide actuar, lo hace en consecuencia, y no debe sentir vergüenza por ello. Si acaso dolor, dolor por quien no tiene culpa de nada y sufre los daños colaterales. Si fuéramos capaces de prever los imprevistos no los trataríamos como tales.

Y aquí me encuentro, con una sensación tan diferente como extraña. Deseando cambiar tantas cosas que sería imposible saber por dónde empezar. De nada sirve el arrepentimiento sino como simple experiencia para conocer los errores cometidos. Aunque conocerlos no implica no volver a caer en ellos. El día a día dará forma a mi nueva vida.

No temo al rechazo o al olvido. Lo que temo es la maldad disfrazada de indecencia. Porque todavía no me han convencido de que la cobardía mostrada no es más que un odio mal disimulado.

Tan evidente como la falsedad del hipócrita. Tal para cual...

sábado, 18 de abril de 2015

HASTA SIEMPRE

O hasta la vista, o hasta pronto... o quizá un simple adiós. Porque la emoción no compite con los sentimientos, van unidas de la mano. No es fácil volver la vista atrás y encontrar una pizca de sal y pimienta que formó parte de algo que pudo ser y se empeñaron en que no fuera. Porque esa es la única verdad, la que cada uno siente en el corazón.

Siento como si hubiera tirado mi vida por cada uno de los 4 costados de mi alma. Cuando uno regala momentos, instantes o detalles no piensa en el futuro. No se puede imaginar que le puedan robar el pasado por haber hecho simplemente nada. Nada. Esa es la palabra. Por más que busco en mi conciencia, no encuentro nada malo. Y si por impedir que pongan la foto de mi hija, una niña de 6 meses, en un lugar público, paso a ser un hijo de puta, como han llegado a decir, pues tendré que serlo. Todo por defender a mi hija, su intimidad y sus derechos.

En minutos, he pasado a ser un hombre bueno a un hombre con maldad. Y yo, que sin embargo llevo viendo la maldad de la gente cuando no sabe disimularla, me ha bastado esos mismos minutos para comprobar que, efectivamente, esa maldad existe, es real, que cuando uno deja de ceder pasa a ser un cabrón, a ser una persona con mucha maldad. Y mi supuesta maldad, con más maldad se vence.
Puedo perder muchas cosas, llorar hasta morir, vivir en un mundo de pena y soledad, gritar hasta desaparecer, aguantar calumnias y falsos testimonios... No sólo puedo, sino que tengo. Tener que. Un verbo que nos obliga a luchar.

Así que lucharé hasta el final, aunque pueda obtener el peor de los resultados. Porque sabemos que la justicia pende de un hilo, está demasiado inestable, y el primer paso para acabar con esta justicia que tenemos es simple. Basta con mentir y pronunciar al mismo tiempo una palabra: maltrato.

sábado, 11 de abril de 2015

EGO

El ego centrado en el yo es capaz de mostrar la verdad, aunque más bien consigue lo contrario. Pero no hablemos de mi yo, sino del yo de ella. Ella como mujer, o como ente, o como razón, o como ser que quiso ser y que, después de todo, no dejaron ser. Ni estar.

El respeto, la tolerancia y la comprensión son cosas diferentes. El primero hay que tenerlo siempre, y el último, cuando nos llegue la razón. Si algo no se entiende, no se puede forzar. La tolerancia está a medio camino, y según nos convenga, la acercaremos a un término u otro. Y habiendo siempre usado el respeto, ahora encuentro la intolerancia de quien nunca me comprendió.

Y en el fondo, su ego me da pena, que no su incomprensión. Y tristeza. Con una herencia genética demasiado cruel y un seno familiar completamente desestructurado. La unión jamás hizo la fuerza en semejante panorama. Y, muy a mi pesar, cuando alguien no quiere ser como los demás quieren que sea, destruyen toda ideología basada en el pasado y se centran, una vez más, en el ego. No puede haber peor forma de apartar a ese alguien de unas vidas que siempre han simulado una felicidad inexistente.

Mi verdadero yo no ha gustado; que triunfe el ego de los idólatras importa más.

En vez de buscar su propia felicidad, quieren la infelicidad en los demás. Deprimente.

sábado, 4 de abril de 2015

UN RENCOR LLAMADO DIGNIDAD

Llegará el día en que todo pase, todo finalice según nos merezcamos, todo se reinicie con el mejor de los deseos. Y mientras ese día llega, las palabras no dejan de ser palabras, y los deseos puras intenciones. Lo impensable parece posible, y lo imposible es no pensar en tantas horas muertas que la vida nos regala con sonrisas tristes, desafiantes, sin sonido pero con maldad.

A mi nadie me ha perdido. Simplemente no han querido ver mi camino. Y el futuro sigue siendo incierto, por mucho que nos quieran hacer creer lo contrario.

Ha pasado casi un mes, y desde mi camino observo, a lo lejos, otros caminos de rencor, envidias y egoismo. Me ven, me conocen, llaman mi atención. O me ignoran y se muestran indiferentes. Estudian mis actos, u obvian mis emociones. Incluso diría que me quieren empujar, hacia un lado o hacia el otro, no sabría decir...

...pero siguen siendo cobardes.

La dignidad de unos puede ser el rencor de otros. Allá ellos...