sábado, 14 de febrero de 2015

EL ALMA DE LA CAJA TONTA

No se entiende la soledad en la distancia, la lejanía, hasta que no se vive. Ser forastero en un entorno sobradamente conocido de memoria de toda una vida que no corresponde con la actual. Y cuando volvemos, entendemos al tiempo que dejamos de comprender.

Aunque es cierto que yo mismo digo a veces que me cambiaría por otras personas, realmente la sensación es demasiado íntima, y nunca sabremos si saldríamos ganando o no.

Hace unos días, una persona me comentaba que firmaba en un papel el morir mañana mismo si a cambio no se enteraba de nada. Me decía que somos como un televisor. Si a éste le quitamos una pieza, deja de funcionar por la misma razón que si a un humano nos quitan un órgano, como los pulmones o riñones, dejamos de funcionar. Pero no por eso el presentador deja de estar en la televisión. Ese está en otro lugar. Así es nuestra alma. Dejamos de funcionar, pero las emisiones continúan.

No sé si hacer mucho caso a esta persona, pues demuestra demasiada bipolaridad en sus ratos libres (que suelen ser nulos, o completos, según se mire...). Pero, cuando menos, da que pensar.

Así que a ver si pasamos otro día y mañana veremos por dónde se mueven nuestras almas. Porque aunque el cuerpo no se pueda mover, a veces las almas siguen siendo muy "porculeras"...

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