lunes, 24 de febrero de 2014

LA VANIDAD DE LOS HORTERAS

El pensamiento de los idiotas o la vanidad de los horteras. La inoperancia de los pasotas o la impaciencia de quien espera. Mil definiciones que se nos pasan por la cabeza cuando expresamos lo que sentimos a ojos sordos, a oídos necios, con palabras insonoras que decoloran la ilusión de quien desespera. Hasta para eso hay que servir, y la verdad, no es complicado... basta con tener sangre caliente. Ya lo decía mi padre, y tanto llegó a decirlo, que no por falta de razón iba a ser menos cierto ni voy a dejar de tener menos posibilidades de lograrlo: quizá me muera de hambre pidiendo en la puerta de una panadería. Porque en el fondo, todo pasado nos marca, ya sea bueno, malo o peor. De todas formas, lo importante es lo que cuenta, y lo que cuenta es lo que digo, hago, demuestro o valgo. Y lo que se dice demostrar... pues no sé si lo he demostrado, pero de momento no me veo tan mal como lo han pintado; iba a decir toda mi vida, pero estaría mintiendo, aunque al sentirme así a sea a ratos no deja de ser un pequeño fracaso que siempre formará parte de mi.

Así que, papá, quizá estuvieras equivocado. O puede que el consejo fuera más general y te refirieras a otras partes no demasiado intrínsecas a mi ser. La vanidad, como expresión exagerada de la soberbia, marca unas pautas y siempre las va a marcar. O puede que pensaras como piensan las metáforas: morir podría ser desaparecer, estar anulado; de hambre podría ser no de falta de alimento, sino de decisión, determinación o, por qué no decirlo, de arrogancia. Y la hipotética panadería la entiendo como algo asequible que hay en todas las calles de todas las ciudades y que ofrecen algo básico para subsistir. Ya sabemos que todos compran hoy día el pan en los supermercados.

No, no hablo de mi vanidad, que la tengo, como todos. Puede que escondida, o puede que bien disimulada. O simplemente, demasiado desapercibida. Hablo de la vanidad de quienes anuncian con gloria ajena lo que anhelan como propio, ganadores de recompensas sin merecerlo. Creencia excesiva en las habilidades propias. Atracción causada hacia los demás. No lo digo yo, válgame Dios. Lo dice la wikipedia, que es mucho más culta que un pobre servidor. Así que, ¿por qué no pensar en una redundancia cuando se habla de vanidad y cuando se habla de hortera? Y ahora sí lo digo yo, pues un hortera no deja de ser un vanidoso con estilo.

En fin, que me voy por las ramas. O quizá no tanto, aunque yo sé por qué lo digo. Parece que nos buscamos los problemas nosotros mismos. La soledad podría ser uno de ellos. Pero no, no estoy sólo, ni excesivamente triste, ni relativamente preocupado, ni siquiera lo suficientemente desamparado. Pero todo aquello que no estoy, sí que lo percibo. Y eso sí que es un problema, y por mucho que busco en mi interior, más convencido estoy de que no es un problema mío. 

Los problemas se arreglan si se quiere o si se puede. Si no se puede es porque son compartidos. Si no se quiere... añádelo a la lista de tus problemas. Pero, por desgracia, yo no puedo querer lo mismo que los demás.

De momento, subsisto. Pero sólo de momento.

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