sábado, 27 de diciembre de 2014

DE NADA

No, de nada no. ¿O la falsedad se tiñe de rubio? Bueno, no lo sé. Dicen que es de bien nacido el ser agradecido; y lo somos, lo somos. Aunque haya gente que no se lo crea, porque no hace muchos días escuché decir, o más bien, nos dijeron, que los agradecimientos se demuestran con hechos y no con palabras, justificando así unos actos sin los cuales parece ser que apenas hubiéramos sobrevivido.

Me enseñaron a ser prudente y respetuoso, así que mantuve la boca cerrada; también porque espero no tener que intrometerme en un asunto que me atañe pero que no debería resolver yo. Además, entiendo que hay personas (nos incluiremos todos...) que no saben lo que dicen en determinados momentos, que no lo piensan detenidamente... y puede que no sea el caso, aunque mi opinión difiera totalmente (la demencia senil no es algo ocasional...).

Lo que sí me duele es el tener que pensar ahora diferente, que hay más gente de la que nos pensamos que hacen las cosas por el interés y no de corazón, y que si siempre esperas que te hagan un regalo mejor del que tú has hecho, la verdad... dice muy poco de una persona. Y dice menos aún de aquellas personas que las apoyan.

Tendré que tener mucho cuidado con lo que este tipo de gente me da... si luego no puedo devolver algo mejor, seguro que me critican por la espalda. Y me consta... no es que me afecten demasiado las críticas, sobre todo si son sin fundamento, pero al menos sabré a qué atenerme.

Prefiero sonreír a los que me respetan antes que a aquellos que me sonríen por pura conveniencia. Así es la tristeza de los pobres de espíritu...

sábado, 20 de diciembre de 2014

LA DISTANCIA SUFRE MÁS

Sublime. Como quien busca la perfección en la soledad. Como quien compensa su ignorancia con la falta de felicidad. Mala forma de disimular; no sufre la lejanía si usamos la distancia como la excusa perfecta para no llegar. Para no intentar llegar... destinos carentes de deseos, faltos de caminos que unen simples maneras de medir la utopía, muy cerca del mar.

Y en tu distancia, yo sufro más. Más que la propia distancia, que no posee los mitos, que todo puede alcanzar, caprichos, silbidos, pasos en mi caminar. Zapatos color carne, negros como la eternidad. Inexistentes, sin importancia... cuando lo que importa es el caminar, el llegar, el hecho de estar presente, aunque la lejanía no se quiera parecer a la distancia de mi realidad.

Porque a veces no entiendo por qué debo esperar, sacrificar, entender, apostar, vivir, apoyar... sin comprender, ni disfrutar sin vivir, ni vivir sin disfrutar. Caminos que se cruzan en un espacio atemporal; inexistentes, casi inertes, con la corta vida que mis pasos puedan dar.

sábado, 13 de diciembre de 2014

UNA VIDA FRUSTRADA

O casi frustrada... una vida llena de sinsabores. Podríamos decir que casi siempre hice lo que quise, pero pocas veces quise lo que hice. La libertad es mala consejera ante la falta de experiencia, ante la inutilidad de los antiguos que no saben cambiar de mentalidad o la capacidad de saber adaptarse a unos cambios que aún no conocen. Tampoco podemos culparlos... sería demasiado injusto. Somos demasiado mayores cuando ya sabemos lo que queremos, y cuanto más viejo se es, más difícil cambiar el camino que tomamos casi por inercia.

Quisiera hacer tantas cosas que me falta tiempo para ellas, y cuando consigo algo de tiempo, una hora al día, o dos días al mes, me encuentro demasiado cansado y no consigo avanzar. Básicamente, me muevo por impulsos de motivación. Y poco más... y así es complicado prosperar, y más aún soñar. Porque los sueños no existen; es el dinero el que nos permite soñar. Y hay momentos en los cuales no te los puedes permitir. Desgraciadamente, esos momentos aumentan con la experiencia... y volvemos al principio.

Cuando me doy un capricho, me pesa demasiado, y me cuesta una eternidad. Así que mejor me hago a la idea de que lo que no puede ser, no puede ser... que para eso sí que voy adquiriendo experiencia.

sábado, 6 de diciembre de 2014

GOLPES EN EL PECHO

Golpes en el pecho y pelillos a la mar, que todos tenemos derecho a disfrutar. Resulta que la vida tanto viene como va, y por el camino nos encontramos con los demás, a quienes queremos más o menos según nos da. Pero no nos olvidemos del Yo, porque no hay quien nos importe más. Todo lo demás es secundario, siendo expertos, en primer lugar, en ignorar las necesidades de los demás; y en segundo lugar, en colgarnos las medallas en el pecho a distancia y usando el término "de reojo" porque no estamos dispuestos a sacrificar.

Sacrificar tiempo, espacio, aire, sentimientos... sacrificar momentos, sacrificar nuestro Yo por lo que decimos que queremos; porque hablar de boquilla es fácil, pero actuar de cariño cuesta cada vez más... o al menos, a mi me lo parece...

lunes, 24 de marzo de 2014

REPERCUSIONES

Entiendo la vida como algo que se apaga a su debido tiempo, o cuando sucede algo repentino, como una ráfaga de viento que no todo el mundo puede resistir. Dentro de la vida, hay otras cosas que se apagan y que duran menos tiempo. A veces, se pueden volver a encender; otras veces, no. Y no creo que haya excepción. Y este blog es ejemplo de ello. 

Hay conversaciones, hechos, palabras y actos que marcan un antes y un después. Resulta sorprendente hasta qué punto uno no espera algo que luego se produce, para nuestra sorpresa. Y, aprovechando que estamos en Cuaresma, citando nombres de "santos" y "vírgenes", tras unos días de Meditación, buscando Perdón, al final me quedo con Dolor, Amargura, Penas, Soledad, Paciencia y más Dolor, Dolores en general, Consuelo y Humildad, y siempre Esperanza, pues no nos queda más, tomo decisiones que no pueden gustar, algo que entiendo. Pero más entiendo que el que sufre sus consecuencias con mayor repercusión es quien no deja de meditar.

Así que, de momento, esta luz en forma de blog se vuelve a apagar. Unos días, unos meses... qué mas da. Nadie lo puede saber. Dos son los motivos principales por los que tomo esta decisión. El primero, el inminente nacimiento de una flor, y el tiempo que eso quita... o da, según se quiera mirar. El segundo, el error en mis escritos de quien los lee entre líneas e interpreta mil y una cosas que pueden ser verdad o simplemente una forma de desahogar. 

Quien sabe si dentro de tres días me siento aburrido y las palabras vuelven a fluir casi sin pensar, y el teclado vuelve a vibrar y a sentir las pulsaciones de los dedos que quieren volver a llenar de escritos esta simple estantería. Pero eso, ahora mismo, es difícil de pensar. 

De todas formas, todo acto tiene una repercusión. Una consecuencia, quizá sin solución. Pues... si no dejas que vengan, ¿por qué he de dejar yo? Si no quieres hablar, ¿por qué he de hablar yo?

Preguntas sin respuesta, pero con repercusión. Y el polvo comienza a acumularse en la estantería mientras el fuego arde sin control...

lunes, 17 de marzo de 2014

CUMPLEAÑOS EN BLANCO Y NEGRO

Cuando el coraje se llena de sentimientos dudamos tanto del coraje como de los propios sentimientos. Hay quien vive de cumpleaños como una farsa de su propia moral, como una actitud de quien no sabe o no conoce una mejor manera de ser mejor persona, de tener un corazón más noble, más fiel, más sentido. Y entonces, siente la culpabilidad sobre su cabeza e inventa absurdas ideas llenas de utopías inalcanzables. Pero lo intenta, y eso es lo que más desespera. Saber que algo es imposible y seguir con el empeño de que es posible. Todo llega a cansar, aunque digamos lo contrario. El que lo diga y lo defienda no está siendo sincero consigo mismo. Pero bueno, a lo que iba...

Se equivocan quienes piensan que compensar sirve. No quiero juzgar a nadie, y esto es sólo una opinión personal. No sirve para nada, porque si compensas algo es porque ha habido otra cosa que no tendría que haber sido como ha sido. Y el que lo niegue se engaña a sí mismo, porque dentro de la palabra compensar, va su propia explicación. Has hecho algo mal... me compensas. Y no digo que compensar sea inútil, o que no sirva para nada, o que nunca haya que hacerlo. Digo que usar la acción de compensar para lavar la vergüenza de una actitud premeditada no deja de ser, al menos, hipócrita para la mayoría de los sentidos de los humanos. A estas alturas uno ya peca con malicia y no puede evitar pensar, por tanto, en la falsa verdad que predican algunos cuando dicen hacer las cosas sin interés. Yo no termino de creérmelo. Porque lo veo, todos los días. Y lo veo desde muy lejos, y cuando llega el momento, no puedo evitar sentirme mal por tener razón cuando no quiero tenerla, pero que, al mismo tiempo, es inevitable tenerla.

El problema viene cuando el protagonismo de una celebración es el hecho en sí, el acto, el regalo material o inmaterial, la manipulación de las emociones de las mentes débiles y vacías que se conforman precisamente con eso, con tener un minuto de gloria al día, y vivir el resto del día entre miserias y desprecios. Pero cuando el egocentrismo se pinta la cara de buena persona, todos tenemos que poner nuestra mejor cara y ser condescendientes con la víctima. Y si puedes sentir pena, mejor... Pero, y ahora hablo irónicamente, es mejor esto que nada, y si tienes que apartar a algunos por los intereses de otros, se apartan. Lo importante es celebrar. Las personas y los sentimientos no cuentan, sobre todo si no interesa.

Pero no hay que preocuparse. Mañana será un aniversario, y pasado mañana una fecha marcada en el calendario por la sociedad, y ahí estarán estas personas para salir en la foto con la medalla colgando, una vez más, sin importar el pasado, sin importar el hecho de que una vez pasada la celebración, todo se queda vacío, en blanco y negro, descafeinado. Y a los dos días, otra vez se pintarán la cara de falsas alegrías, escupiendo al rostro de la tristeza los reproches de la caridad.

Porque, hablando de ironías, no deja de serlo el hecho de que te regalen una fotografía de una persona, o con una persona, según se mire, y luego no tengan la mínima preocupación de los sentimientos de dicha persona.

A mi no me hacen daño porque mi sangre viene por otros derroteros... a buen entendedor...


lunes, 10 de marzo de 2014

EL HOMBRE DE TRAPO

Se muestra inerte. Con aire misterioso o mirada perdida... aunque difícilmente con ambas cosas al mismo tiempo. Quizá demostrando síntomas de inteligencia demasiado inexistentes, por su nula forma de pensar, propia de quien mira a ningún lugar. Inútil. Perezoso sin aliento de ánimo, inservible desde la visión de quien nunca pidió su ayuda aún cuando siempre la necesitó. Inexpresivo sin necesidad. Necio. Con más dedos de frente que los usados para contar; aunque nunca cuenta nada de interés especial. Sombrío, sin nada que perder, sin nada que hacer, con todo por andar pero sin nada que decir. Prácticamente, sin nada que vivir. Y la tristeza se empeña en quitar vida a unos para no poder dar vida a otros. Y no sabemos qué es peor, si lo primero o lo segundo.

El rastro que deja sigue la estela de quienes se sienten obligados de una obligación casi absurda, lerda, sin matices, de un gris chillón pero apagado por la sombra de quienes pierden vida por nada. La falta de gratitud forma parte de sus manos, y la falta de ignorancia es la nota más mísera de que lo que se ignora es la falta de la verdad. No hay peor consejo que el que no se da. Consejos que quitan; consejos que dan. Consejos que imitan consejos que no se dan. Y aquí entra en juego la citada inexpresividad, porque el hombre de trapo no es de simple tela que juega con la piel de la sensibilidad. Es de tela en su forma de mirar, en su manera de hablar, en el toque de sus manos, en la fuerza de la maldad. En la fuerza, trapos que limpian el polvo de una forma superficial. Como en cualquier superficie que acumula letras sin sentido escritas en el polvo que la vida generar al caminar.

Todo cansa. Todo debiera terminar sin tener la oportunidad de prolongar aquello que nos hace llorar. Yo quiero elegir cuando empezar. Yo quiero elegir cuando terminar. Pero nadie sabe cuándo parar.

Símbolo de debilidad. Problemas de sinceridad. Supremacía en la mediocridad. Indiferencia marcada de mezquindad. Demasiados factores que se aprovechan con demasiada habilidad, sobre todo si se saben manejar todas estas armas con tanta frialdad. Entonces se transmite la sensación de que el hombre de trapo usa sillas de trapo para sentarse, cubiertos de trapo para comer, una cama de trapo para dormir e incluso ropa de su propia forma de ser.

Porque el hombre de trapo también tiene de tela el sentido de la culpabilidad. Sabe que si se moja, con el tiempo se puede secar. No todo van a ser desventajas...

lunes, 3 de marzo de 2014

LA CERCANÍA DE TUS DISTANCIAS

En los confines del mundo, donde uno ve llover cuando vuelve la cabeza hacia atrás, solamente a su espalda, con el sudor frío del vértigo sobre las cabezas, existe un lugar pasajero y repleto de recuerdos y momentos pasados. Un lugar donde los pensamientos nacen de las ideas, las ideas de los sueños, y los sueños de la nada. El limbo imagina ser mejor paraíso y las personas vencen y convencen simplemente por ser, siendo como son, y pareciendo ser lo que son. Me sitúo por debajo de tu afilado rostro y observo una lágrima caer despacio, muy despacio, casi a cámara lenta, con el reflejo del mundo que dejas atrás y la ilusión de los mundos que tienes delante de un precipicio que no tiene final pero que únicamente nos invita a volar, sin miedo, sin temor a los misterios, sin ver lo desconocido, sin percibir lo añorado, sin sentir lo propio; no nos podemos apropiar de lo ajeno simplemente por ser ajeno.

Porque no hay nada ajeno a nosotros excepto la propia distancia. Porque hay mil formas de medir la distancia y una única forma de sentir el dolor de ésta. La distancia. Lejos o no tan lejos, o, simplemente, cerca, o muy cerca, o cada vez más lejos, o más cerca, o quizá menos lejos. O en caminos distintos... Y eso me hace reflexionar. Puede que sea eso. Caminos distintos, simplemente. Ni mejores ni peores. Distintos. No hay más. Nada más. Nada.

La cercanía de tus distancias me alejan cada vez más de ti, y cuando estamos lo suficientemente cerca como para tocarnos con la punta de los dedos, el mundo sigue girando, y nos empuja a lados diferentes en todos los sentidos. Alegres para unos, tristes para otros.

Se nos opone la vida, y nos separa la falta de ayuda que indirectamente pido una y otra vez, sin descanso, sin tregua; mas mi lengua se encuentra perdida y falta de palabras que se niegan a ser pronunciadas porque caminan por el abismo de la muerte. Única certeza del camino de nuestros pasos; que por desgracia nos alejan por el camino de la soledad. Porque la vida nos enseña que todo es diferente, nada se parece a nada, y menos aún cuando hablamos de falsas similitudes entre lo que realmente es y lo que nos empeñamos en que sea.

Y ahora pienso en la hilera de personas que nos muestran el principio y quieren llegar al final; nunca veremos el final hasta que no estemos en él.

No creo en los caminos idénticos... porque todo parecido termina siendo desfavorable. Si tus sueños son mis caminos, enséñame a caminar por la alfombra de tus deseos.


lunes, 24 de febrero de 2014

LA VANIDAD DE LOS HORTERAS

El pensamiento de los idiotas o la vanidad de los horteras. La inoperancia de los pasotas o la impaciencia de quien espera. Mil definiciones que se nos pasan por la cabeza cuando expresamos lo que sentimos a ojos sordos, a oídos necios, con palabras insonoras que decoloran la ilusión de quien desespera. Hasta para eso hay que servir, y la verdad, no es complicado... basta con tener sangre caliente. Ya lo decía mi padre, y tanto llegó a decirlo, que no por falta de razón iba a ser menos cierto ni voy a dejar de tener menos posibilidades de lograrlo: quizá me muera de hambre pidiendo en la puerta de una panadería. Porque en el fondo, todo pasado nos marca, ya sea bueno, malo o peor. De todas formas, lo importante es lo que cuenta, y lo que cuenta es lo que digo, hago, demuestro o valgo. Y lo que se dice demostrar... pues no sé si lo he demostrado, pero de momento no me veo tan mal como lo han pintado; iba a decir toda mi vida, pero estaría mintiendo, aunque al sentirme así a sea a ratos no deja de ser un pequeño fracaso que siempre formará parte de mi.

Así que, papá, quizá estuvieras equivocado. O puede que el consejo fuera más general y te refirieras a otras partes no demasiado intrínsecas a mi ser. La vanidad, como expresión exagerada de la soberbia, marca unas pautas y siempre las va a marcar. O puede que pensaras como piensan las metáforas: morir podría ser desaparecer, estar anulado; de hambre podría ser no de falta de alimento, sino de decisión, determinación o, por qué no decirlo, de arrogancia. Y la hipotética panadería la entiendo como algo asequible que hay en todas las calles de todas las ciudades y que ofrecen algo básico para subsistir. Ya sabemos que todos compran hoy día el pan en los supermercados.

No, no hablo de mi vanidad, que la tengo, como todos. Puede que escondida, o puede que bien disimulada. O simplemente, demasiado desapercibida. Hablo de la vanidad de quienes anuncian con gloria ajena lo que anhelan como propio, ganadores de recompensas sin merecerlo. Creencia excesiva en las habilidades propias. Atracción causada hacia los demás. No lo digo yo, válgame Dios. Lo dice la wikipedia, que es mucho más culta que un pobre servidor. Así que, ¿por qué no pensar en una redundancia cuando se habla de vanidad y cuando se habla de hortera? Y ahora sí lo digo yo, pues un hortera no deja de ser un vanidoso con estilo.

En fin, que me voy por las ramas. O quizá no tanto, aunque yo sé por qué lo digo. Parece que nos buscamos los problemas nosotros mismos. La soledad podría ser uno de ellos. Pero no, no estoy sólo, ni excesivamente triste, ni relativamente preocupado, ni siquiera lo suficientemente desamparado. Pero todo aquello que no estoy, sí que lo percibo. Y eso sí que es un problema, y por mucho que busco en mi interior, más convencido estoy de que no es un problema mío. 

Los problemas se arreglan si se quiere o si se puede. Si no se puede es porque son compartidos. Si no se quiere... añádelo a la lista de tus problemas. Pero, por desgracia, yo no puedo querer lo mismo que los demás.

De momento, subsisto. Pero sólo de momento.

lunes, 17 de febrero de 2014

NOCHES

Es fácil imaginar lo que nadie entiende; es fácil pensar que todos saben mejor que uno mismo lo que jamás han vivido, aunque no soy yo nadie para decirlo ni para juzgarlo cuando tampoco me preocupo de los demás. Entre otras cosas, porque no es mi cometido. Pero lo que más fácil parece para los demás es el comparar con uno mismo cada uno de sus poros de la piel como si todos tuviéramos los mismos. Como siempre, entramos en el terreno de lo personal, de los prejuicios para con los demás. Si todos fuéramos iguales, estaríamos hablando de otra cosa. El caso es que la gente se empeña en comparar cosas incomparables, en intentar justificar lo injustificable o en, simplemente, tratar de convencernos de algo que desconocen y se muestran lo suficientemente falsos como hacernos ver que saben de lo que hablan.

Y entonces vienen las noches. Noches solitarias y vacías que me paso en vela por mera obligación. Es lo que tiene el trabajo, que no se puede elegir. Al menos en los tiempos en los que vivimos. Porque si pudiera elegir, evidentemente, no trabajaría de noche. Noches que recuerdan, como siempre, tiempos mejores, sacrificios inexpertos o recuerdos imborrables de lo que eran las noches en otras épocas. Y nostalgia. Siempre nostalgia. Sobre todo con noches especiales, como la de los Reyes Magos, las que forman los penitentes con el sonido de los tambores, las que invitan a trasnochar por un momento especial, o las que nos invitaron a soñar cuando nos enamorábamos de verdad, con total sinceridad.

Afortunadamente, estas noches son las menos frecuentes. Pero no por eso dejan de ser noches, y cuando uno tiene este turno, no puede evitar pensar cosas que no son, ni puede pensar evitar cosas que son como son.

Otro motivo para sentirse descontento, poco comprendido, o demasiado divergente para lo que debiera ser una realidad más tangible. A veces me dicen que es mejor trabajar de noche porque puedo ver la tele o jugar con el ordenador, o leer, o navegar por internet más libre... otras veces me dicen que es lo mismo dormir 7 horas (por ejemplo, desde las 8 de la mañana a las 3 de la tarde...) en cualquier momento del día. A aquellos, les invito a probarlo. Y después, que me digan, si tienen valor, si es lo mismo dormir de noche, por ejemplo, de 1 de 8 de la mañana (también 7 horas...) a dormir de día. Hay quien se atreve a decir que el cuerpo no nota el horario mientras se descansen las horas estipuladas. Incluso ven normal levantarse a las 2 de la tarde tras estar la noche con los ojos abiertos y sabiendo que esa noche hay que volver a aguantar despierto y que hasta las casi 8 de la mañana no voy a poder acostarme de nuevo.

A todos aquellos, simplemente decirles que no tienen ni idea de lo que dicen. Que el cuerpo no está preparado para dormir de día, los biorritmos nos afectan mucho más de lo que parece, porque intentar decirle al cuerpo a las 12 de la mañana que intente dormir más porque sólo se ha dormido 4 horas y hay que aguantar una nueva noche despierto, agota nada más que de pensarlo. La noche sin dormir no se parece en nada a un día en el que madrugas y luego aguantas hasta que llega de nuevo la hora de acostarse. Y, sobre todo, que sepan que cuando todo el mundo se acuesta y la oscuridad gobierna sobre nuestras cabezas, el cuerpo pide lo mismo y al resistirse, afecta mucho más de lo que se puede imaginar a determinadas conductas involuntarias de nuestro ser.

Pero lo que realmente quiero destacar es que no me importa lo que necesite nadie dormir, ni comer, ni beber, ni descansar, ni sentir, ni absolutamente nada. Cada uno es como es, y me limito a respetarlo, y nada más. Me basta con que a mi me respeten también, ya que a veces son incapaces de comprenderlo.

Me importa lo que necesito yo. Me importa lo que siento yo. Y ya que nadie se preocupa por mi... no me queda más remedio que preocuparme yo.

Y ya queda poco para terminar una noche más...

lunes, 10 de febrero de 2014

MILLONARIOS SIN RENCOR

A veces pienso que me exijo demasiado, y otras que no valgo para nada. Sé que ninguna de las dos cosas son ciertas, pero vivir en un ambiente depresivo nos hace ser cambiantes hasta límites no sospechados. Hace poco, no sé dónde, leí que las personas optimistas tenían menos enfermedades, o tenían mejor salud, o algo así... no recuerdo bien. Uno se esfuerza en ser optimista (no es necesario que me lo diga ningún estudio científico...) y procura separar las cosas importantes de las que no lo son, despreciando aquello que no va a hacer que yo, ni la gente de mi entorno, sea más feliz.

De verdad, que la vida no es más fácil ni más maravillosa si se recoge la cocina por la noche o no se deja la ropa en el baño. Que no hay normas, y en nuestras casas, menos aún; ni debe de haber nadie que nos las marque, ni que nos diga si eso está bien o está mal mientras no se haga daño a nadie y nos mantenga libres de decidir lo que es mejor en cada momento. ¿Tan difícil es de entender? Porque tampoco me considero un desastre, ni un dejado, ni mucho menos un vago. Ni siquiera lo podría entender en el hipotético caso de que esa fuera mi única misión en esta vida: cuidar las apariencias por el qué dirán. Lo siento, pero no voy a cambiar. Esto es como el que ahorra y ahorra como una hormiguita y luego carece de las necesidades básicas incluso pasando frío, hambre u otras penurias, cuando tiene millones en el banco... ¿cómo se dice? Ah, sí... los más ricos del cementerio. Porque morirán sin disfrutar. Esto es igual.

Los primeros guardan dinero que no gastarán una vez muertos. Los últimos guardan rencor que sólo desaparecerá cuando... bueno, ojalá desapareciera antes. Porque los primeros no perjudican a nadie. Los segundos sí... Al menos los millonarios no nos guardan rencor.

Mis saludos van por ti, oh, bella dama, que aún guardando en tus entrañas el más grande fruto de amor, no reaccionas, sino dañas, los latidos del dolor que cambian el color de tus ojos, mojados, por la lluvia y el llanto, por la falta de razón; o de mis ojos, tristes, sin color, de un gris neutro bañados en el desprecio sin ningún tipo de pudor.

Hay personas que lo tienen todo para ser felices. Si no lo son, la culpa está en ellas mismas, en sus hechos, en sus actos. Personas que tienen que ser felices a costa de la felicidad de los demás.

Y llega un momento en que eso es demasiado sacrificio...


lunes, 3 de febrero de 2014

SACRIFICIOS DEL PASADO

No es la primera vez que me ocurre; tengo la cabeza llena de frases, pensamientos e ideas para plasmar en mis escritos, y cuando me siento ante la pantalla, me bloqueo. Otro daño colateral de unas circunstancias un poco extrañas en las que vivimos sin querer, sin darnos cuenta... ah sí. Se me va abriendo la mente... El amor. El amor, la responsabilidad y el tiempo pasado. Conceptos diferentes pero entrelazados según nos convenga, que se entienden bien por separado pero no tanto en un conjunto hipotéticamente perfecto.

Responsabilidad no es amor. Esto no lo digo yo, sino que se aprende con el tiempo. O al menos, no es amor según la persona a quien intentes explicárselo. Sí, lo sé. No soy precisamente el mejor amante; seguramente, sea de los peores. Pero la ayuda que recibo también es nula. Sé que suena a excusa, pero si dicen que el amor es cosa de dos será por algo. Yo puedo amar muchas cosas, y la expresión no es necesaria cuando sabes que no la vas a obtener. Al fin y al cabo, siendo "cosas", no puedes esperar otra cosa. Pero hay otros tipos de amores que no se refieren a objetos. Y siguen empeñados en darme cosas que no quiero. El problema es que ni siquiera preguntan.

Relacionemos el concepto con el tiempo pasado. Cuando fui de una manera porque realmente me daba igual, lo hacía por amor. Primer error. No esperaba nada a cambio. Sólo intentaba comprender el punto de vista de lo ajeno y adaptarlo al personal y, si realmente no influía en mi vida, ¿por qué no me iba a dar igual? A veces te hacen ver que no te puede dar igual, y tienes que elegir. Esto ocurre cuando a la otra persona también le da igual. Entonces, ¿para qué elegir? quizá deba llevar un dado en el bolsillo para dejar actuar al azar. Por tanto, hice mucho por este efecto mal llamado pasotismo simplemente por agradar a la gente; eso no implica que yo sea así. Segundo error. Porque se van a pensar que lo que a uno le da igual, es lo que realmente le gusta, cuando no es así. Esto ocurre, sobre todo, si no se preocupan en aquello que te gusta, haciendo que tomen prejuicios sobre uno cuando apenas te conocen. 

- ¿Cogemos el camino A o el B?
- Me da igual.
- Elige.
- De verdad, me da igual. El A mismo.
Al día siguiente:
- Vamos por el camino A que es el que te gusta a ti.
- Esto... eso no es cierto, a mi me da igual.
- ¡Que sí! Que es el que te gusta y punto.

Así pasa con todo.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la responsabilidad? Pues mucho, porque la responsabilidad prevalece sobre los gustos, y aquí sí que no queda más remedio que hacer lo que uno tiene que hacer. Nos guste o no, nos de igual o no, hay que hacerlo porque sí, y no hay más que explicar. Y si el amor es cosa de dos (supongo...) la responsabilidad también lo es. Así que, al menos, intento ser responsable, ya que en la otra faceta soy algo desastre. Y creo que eso deberían valorarlo, ya que ser responsables en un conjunto necesario implica demostrar amor. Aunque no se diga, aunque no se vea. Pero se debería entender, se debería saber leer entre líneas, y saber cuándo exigir y cuándo no.

Me da la sensación de que sacrifiqué mi pasado para tener un futuro mejor... y ahora tengo que sacrificar mi futuro para recuperar algo de mi pasado. Y en el presente que tenemos, es duro pensar así. Porque siempre se equivoca el mismo, y parece que siempre aciertan los demás...

...y entonces soy malo, simplemente, porque cambié... y no supieron conocerme antes mejor. Pero me da igual. Bueno... no, mejor no. Que luego dirán que hasta me gusta ser malo...

Ironías de la vida.

lunes, 27 de enero de 2014

LA BONDAD DEL MAL

Guste o no, todas las cosas en esta vida tienen su parte mala. Y ese es uno de los principales problemas de nuestra mísera existencia. No creo que nadie sea incapaz de distinguir entre lo que está bien o lo que está mal, salvo que hablemos de alguien realmente mal mentalmente hablando. El caso es que es inevitable no caer en el eterno debate entre el bien y el mal. Nos influye demasiado. A veces priman nuestros principios, o al menos eso creemos, sabiendo a ciencia cierta que no son siempre del todo correctos, pero que debemos seguir al pie de la letra porque si no, nos dejamos pisotear. Otras veces gana la batalla nuestro orgullo; la comparación con los demás, el hecho de lo que la gente hace en situaciones similares con respecto a los tuyos. Porque todos pasamos por las mismas etapas en la vida. Entiéndase a las "etapas" básicas del ser humano, a las inevitables, a las evidentes, a las cotidianas.

Entonces uno compara y se da cuenta de que hay quien quiere que seas de una forma con ciertas personas que, pensándolo fríamente, quizá no se lo merecen. O quizá sí. Y es donde empezamos a rozar el límite entre la bondad y la maldad. El por qué debemos hacer algo por algunos que luego no hacemos por otros cuando sí deberíamos nos hace entrar en una situación de enfrentamiento interior que puede llegar a afectar más de lo que debiera. Si las apariencias importan, uno siente más rabia aún por tener que hacer, medio obligado, algo que no siente. 

Por otro lado, si no lo siento, tampoco cuesta tanto hacerlo, y así todos contentos. Es como dar la razón a un loco sin decirle, evidentemente, que está loco. El loco se queda contento y uno mismo se queda indiferente, pero con la sensación de que nunca va a tener el consuelo que realmente necesita cuando llegue el momento. Porque finalmente, siempre llega el momento. Siempre. Aunque no queramos.

Por tanto, el mal saca su bondad de casi donde no existe y, por el bien de todos, termina imponiéndose aunque asume, directamente, que es el perdedor de toda la situación. Y cuando llegue mi turno, no diré nada de lo que los demás deberían hacer por el simple hecho de haberlo hecho, y valga la redundancia, yo mismo. Cada uno es dueño de sus actos. 

Cuando uno no quiere agradecimientos, quizá es porque espera que, al menos, no haya represalias.

Es triste, pero es así... al menos, mientras no me demuestren lo contrario.

lunes, 20 de enero de 2014

NO LO TENGO, NO LO NECESITO

Esta simple premisa parece difícil de entender por ciertas personas que se piensan que son capaces de sorprender por el simple hecho de sorprender. Y, sin embargo, no es tan difícil de entender. Ocurre que cuando algo no lo tengo es porque realmente no lo necesito; sin contar aquello que, evidentemente, no me puedo permitir porque tampoco tengo un gran poder adquisitivo. Es decir, sí que hay cosas que no tengo, pero simplemente porque son demasiado caras como para poder permitírmelas y no son artículos de primera necesidad.

No trato de pensar como un orgulloso, ni mucho menos como un prepotente. Partiendo de esta base, considero que si algo quiero, lo consigo, sin pensarlo demasiado, comprándolo. Y me hace especial ilusión porque lo quiero, sin más. Y no espero a que nadie me lo compre, no por prepotencia, como dije antes, sino porque sé que nadie me lo va a comprar. 

Por tanto, si no tengo, por ejemplo, un determinado tipo de sartén, es porque no la necesito. Y si la necesito, pues voy y la compro; y si la necesito solamente para algo puntual, intento apañarme con otra similar… o la compro igualmente. Pero, a estas alturas, si no la tengo, seguramente es porque no la necesito. Eso no quita que en función de los parámetros de la vida no necesitemos cosas nuevas. Todo lo contrario. La novedad siempre tiene que formar parte de nuestras vidas. Pero me refiero a la novedad necesaria y no a la innecesaria. Si, por ejemplo, voy a casa de un amigo y digo que me gusta su felpudo, no estoy diciendo que quiera un felpudo para mi casa. Probablemente ya tenga uno, y si no lo tengo es porque no me hace falta. 

Pues bien, la experiencia me dice que, en algunos casos, tengo que callar para tener simplemente lo que necesito y no acumular cosas que me puedan gustar o no pero que en realidad no necesito.

Después están los caprichos; efectivamente, un capricho no es algo necesario, pero… ¿a quién le amarga un dulce? Un móvil con más prestaciones, un portátil más rápido y moderno, unos zapatos que sustituyan a los usados, un chaquetón que abrigue más, o cualquier accesorio secundario que no me pueda permitir para no prescindir de otras necesidades básicas… 

No, no penséis que soy una de esas personas a las que no se le puede regalar nada porque no es así; todo lo contrario. Hay miles de libros que no he leído, me gustan los juegos, colecciono miniaturas de fantasía, hay miles de accesorios para la fotografía que no tengo, para la informática, me encanta la música... sólo hace falta conocerme un poquito para saber lo que realmente me hace ilusión. Lo que me fastidia es que se empeñen en que yo tenga que necesitar cosas que no necesito.

Porque a la larga todo pasa factura, y no sólo existe el cansancio físico. Lo que pasa es que el otro tipo de cansancio no se ve, y los necios tampoco lo notan…  

lunes, 13 de enero de 2014

EL CUENTO DEL MISERABLE

Fui un iluso por pensar que podría obtener algún día alguno de mis sueños de una forma espontánea, libre, casi gratis, como un regalo cargado de sinceridad. Es una de mis características: la ingenuidad. Nos cuentan cuentos, nos engatusan con historias inventadas que inventan sin pensar, lo dicen sin tener una simple coartada coherente y, por si fuera poco, se lo creen en el mismo momento en que se lo inventan. Nos engañan como a chinos. Inventan frases sin sentido, sin pies ni cabeza, y la defienden como si fuera la mayor de las verdades. Así, tan natural, tan espontáneo. Como quien ve llover. Como si le hablas a una pared.  Los miserables saben que van a mentir justo antes de hacerlo, pero aún así no les importa. Raspando su propio corazón de piedra hueco por las esquinas de sus palabras. Hueco. Como una figurita de chocolate, vacía y decepcionante al ver el aire que se escapa cuando pegas el primer mordisco.

El miserable es mezquino por naturaleza. Desea sacar provecho de toda circunstancia aunque sepa que engaña a su prójimo. Va a misa y lava su conciencia con el agua sucia de otros miserables que sólo saben imitar su comportamiento. No tiene escrúpulos en enseñar todo aquello que le es beneficioso mientras se preocupa demasiado en esconder lo que considera políticamente incorrecto.

Dicen que lo que cuenta es la intención; realmente, no estoy de acuerdo. Una intención puede durar años y convertirse en un deseo y un sueño desde el corazón. No siempre basta lamentar algo cuando después no pones remedio. Mil regalos que rozan lo absurdo no se convierten en un gran regalo. Un regalo que ilusione será siempre mejor valorado. Dirán que siempre hay que ser agradecido, pero creo que no se debe agradecer aquello que se camufla en la piel de lo ridículo; sobre todo, si se repite año tras año. Y lo ridículo, no deja de serlo por mucho que se repita.

Me da pena ver gente que vive sus propios cuentos y no saben que serán olvidados cuando les llegue la hora. Mucha pena. Creen que los protagonistas son los demás, cuando en el fondo, son ellos. Porque, después de todo, suelen ser tan egocéntricos, que lo primero que hacen es eso... comportarse como miserables.

lunes, 6 de enero de 2014

MUEREN ABUELOS POR LAS ESQUINAS

En días en los que los días son simples números, en los que los números, despedidas, el adiós es un abrazo tímido y mueren abuelos por las esquinas. En años que son cifras, los años nos dan la vida al tiempo que nos la quitan. Y son los recuerdos los que nos mantienen pendientes del paso de las horas. No entiendes, a veces, la falsa alegría de pasar un año más sabiendo que nos queda un año menos; no me refiero a un año menos para el final, que se esconde tras los números sin saber muy bien dónde nos lo vamos a encontrar. Me refiero a un año menos... simplemente. Todo lo que suma por un lado, resta por el otro. Nada es gratis.

Entonces mantengo vivo el recuerdo de las "noches viejas" en algún punto de mi memoria, donde cualquier viaje a un punto de encuentro no representa lo que pretende, sino lo que en un momento dado llegó a ser.  No hay forma de evitar el pasado, sobre todo si no suelta el brazo del futuro. Calles oscuras repletas de luz, bombillas imaginarias lejos de nuestra vista al alcance de un cubata o retornos a la provocación del beso que no fue, de la vida que no deseé. Por eso deambulo por mi ciudad para encontrarme con aquello que pudo ser y no fue, lo que, sin querer, se convirtió en una frágil fragancia que se separó de nuestro destino en el mismo momento en que decidimos la opción errónea.

Pero, posiblemente, no existan opciones equivocadas; sólo existen opciones, unas menos acertadas y otras más evidentes, aunque no por ello más deseadas. 

Todavía se escapan canciones por aquella ventana inclinada a los deseos del corazón y que daba a mi ciudad una esencia desaparecida. Todavía viajo al pasado en forma de coche viejo y nostalgia nueva. Todavía dejo mis huellas por la tierra que me vio nacer y que atrae los vientos de la sombra de la distancia. Así es mi ciudad. Imaginaria o real... donde mueren abuelos por las esquinas y los niños nacen de la comisura de los labios de la tristeza de las madres que ven a sus hijos partir y a sus padres morir... sin poder evitar, de alguna manera, el poder sonreir.