lunes, 28 de octubre de 2013

EL HECHO Y LAS FORMAS

Caminas en círculo sin destino alguno, y cuando pasas por mi puerta, no te atreves a sacar la llave para abrirla y demostrar todo lo que tienes que demostrar. Mis pensamientos van por ti... mis llantos hace tiempo que ya no van por nadie. Ese es uno de los grandes errores que buscan las personas porque, en definitiva, es el que acaban obteniendo; no importa el cuándo, sobre todo si no tenemos la certeza o la promesa de que va a llegar. No hay que esperar a que suceda algo para reaccionar, para estar seguros de que seremos capaces de responder adecuadamente. No hay que ver el futuro para actuar en dicho futuro si realmente no somos capaces de valorar el momento presente. Y no lo digo por mi. Me recuerda a mis tiempos de estudiante cuando me señalaban una fecha lejana con un examen en particular. "Queda mucho tiempo aún". Y diez y tantos años después, uno ya no recuerda la calificación del examen, pero sí recuerda la premura de que un día antes no sabía ni el cinco por ciento de la materia que había que estudiar. Evidentemente, no lo hacía por mi. Ciega juventud. 

El único culpable es aquél que siempre está empeñado en asignar la culpa de algo a los demás. Mis recuerdos en tu honor. No sé, pienso que algunas personas pierden demasiado tiempo en buscar culpables. No hay peor derrota que la de la no evolución. Hoy hago fotos, juego con la tableta y cambio pañales... bueno, todavía no. Pero el futuro es siempre incierto. Sin embargo, el pasado es siempre invariable. Y hace dos años no jugaba con la tableta pero sí con los amigos, o hace cinco años, o quizá diez. Siempre he hecho algunas cosas, y ahora estoy haciendo otras, y en unos años, haré otras.  Y no importa que muera con el suelo lleno de pelusas si mantuve una sonrisa en mis labios. No importa. No es problema de despreciar lo que consideramos inútil y adorar lo que siempre nos mantiene contentos. Apenas hay cosas que sean completamente inútiles, al tiempo que casi nunca estamos siempre contentos. Es más, casi siempre buscamos la palabra "nunca" para explicar lo inexplicable. Pero, por más que nos empeñemos, no existen los horarios en nuestro tiempo libre. Es libre. No debe tener horarios.

Por eso existe la separación entre dos personas no equilibradas. Si una intenta compensar siempre a la otra estará muriendo sin permiso, viviendo la vida que no le corresponde. Siempre libre una de ellas, esclavitud para la otra. El optimismo es resignación, la alegría es frustración y las muchas ganas se convierten en obligación casi injustificada. Una persona sin capacidad de decisión es una persona sin destino definido. Debemos ser libres de escoger lo que queremos, con la posibilidad de acertar o de errar. Y si yerro, lo habré decidido yo. Si me equivoco, es culpa mía. Por haber puesto en la balanza incógnitas ya despejadas o variables no deseadas; entiéndase como tales los consejos de la gente que quiere lo mejor para ti, las influencias de los amigos, de la familia o de los simples hechos que nos rodean. Demasiada información a nuestro alrededor, aunque casi nunca la solicitemos.

Ahora, en este preciso momento, no podemos dejar de sentirnos mal. Al menos, yo. Por el simple hecho de estar aquí sentando escribiendo una reflexión que, seguramente, no servirá de nada. Y miro hacia atrás y la pared me impide ver más lejos de un metro, aunque puedo intuir lo que ocurre. Pero creo que ya no existe nada que me guste hacer y que al tiempo me haga sentir mal. De todas formas, lo hago. Y las cosas no cambian. Igual que si no lo hiciera... así que, puestos a elegir, es obvio, ¿no? No me gusta sentirme derrotado antes de empezar la batalla. Espero mantener siempre la energía y el optimismo para seguir caminando, compartiendo y realizando las tareas que siempre me han gustado. Me puedo alejar de alguien si camino en sentido opuesto a su posición... pero también me puedo alejar de alguien si es ese alguien el que camina en sentido opuesto a mi posición. Y, haciendo válido el símil... yo me mantengo quieto y firme. Así que todo depende del punto de vista con que se mire. No siempre un mismo hecho se produce de una sola manera.

Ya me quedo más tranquilo...

lunes, 21 de octubre de 2013

LA PERLA DEL RÍO ROJO

Creo que casi todos conocen a Emilio Salgari. Sobre todo por la creación de su personaje de ficción más famoso, como es Sandokan. La Perla del Río Rojo es una aventura de piratas que se disputan el amor de una joven (que es dicha Perla, llamada así por el territorio del cual es origen, supongo...) cuando ésta, realmente, está enamorada de otro joven. Los dos pretendientes son jefes de sus tribus respectivas y poseen islas y bienes para vivir de una forma lujosa hasta el fin de los días, pero ambos están dispuestos a matar a su rival para hacerse con la joven. El amante de ésta está supuestamente muerto, pero la joven tiene la duda y acepta el chantaje de los piratas para viajar y visitar a un adivino que decidirá el destino de la Perla. La muchacha cuenta con la ayuda de una vieja adivina y su hijo, infiltrado en una de las tribus, para intentar salvar a su enamorado en el caso de que aún siguiera vivo. 

El libro es entretenido, corto y con mucho diálogo, sin apenas narrativa. Para ser el primer libro que leo de este autor, no me ha parecido malo, aunque tampoco es que sea una maravilla. Realmente no sabía que leer, lo encontré por casa y me ha servido de transición. Al principio no terminaba de engancharme por que los nombres chinos me confundían un poco para seguir la trama (de hecho, el nombre de la adivina, del hijo y del amante no los tuve claros hasta mitad del libro, y el de los jefes ni siquiera sé cuál es el que corresponde a cada tribu...) pero poco a poco fue enganchando y al final lo he leído en un suspiro. Tengo alguno más de Emilio Salgari, que leeré cuando me pase lo que me pasó con este: no tenía nada mejor que leer. Si es así, se pueden recomendar.

lunes, 14 de octubre de 2013

UN CORAZÓN DE HIERRO

Aunque muestre un compás bastante irregular, con un ritmo lleno de matices. Corazones olvidados por el óxido del hierro donde se graban nuestros recuerdos. Siempre prometemos las cosas para mañana, sin valorar la importancia de éstas. Evidentemente, las que son menos importantes las dejamos en la memoria del ayer. Vuelvo a crear el interrogante acerca de aquello que no es importante al tiempo que nos hace casi eternamente infelices; algo que no entiendo, pues no debería ser, por tanto, algo de escasa importancia cuando nos corta las alas de la libertad. Y lo que no es importante, nos entristece cuando consigue la importancia sin méritos reconocidos. Es cierto.

Entonces conocemos la verdadera naturaleza de aquello que nos debe importar, y apostar por ello al cien por cien. Y, sin embargo, nos desmerecemos, nos desprestigiamos y nos infravaloramos. En todos los aspectos y en todos los sentidos. Sigo viendo defectos elevados a la enésima potencia que nos impiden ser feliz de la forma en la que, al menos, queremos serlo. Y no deja de ser irónico el hecho de haber tomado una decisión un día maldito que creímos que fue la correcta y que vemos que, con el tiempo, dicha decisión fue de las menos importantes de nuestra vida al tiempo que nos otorga el mayor número de preocupaciones. Todavía hay gente que no se entera de que su propia felicidad es la mía... y viceversa. O eso quiero creer... que esa "viceversa" se encuentra de mi parte. Porque entonces tengo la sensación de que estoy haciendo el tonto... y no sé por qué, es una sensación que me persigue desde hace algún tiempo.

No tenemos varios corazones, ni siquiera tenemos dos. Si fuera así, uno podría ser de hierro, otro estar siempre enamorado y quizá otro sintiendo el dolor que nos deja el reloj de la vida cuando roza con sus agujas el polen que surge de nuestro alma, aunque... ¿Y si tuviéramos más de un alma? Algo también improbable, porque debe de haber algún vínculo entre alma y corazón. Si la primera es buena, el segundo no tiene motivo para comportarse de forma contraria...

Nadie es igual a nadie, todos tenemos distintas formas de pensar, de ser, de sentir, de vivir. Todos compartimos tantos gustos como aquellos de los que diferimos. Y ningún corazón se parece a otro. Y, sobre todo, no debemos olvidar que nuestra forma de ser nunca es la mejor; simplemente es la nuestra. Y no, mi corazón no es de hierro. Pero hay tantos tipos, que alguno debía de escoger...

No soy quien para decir cómo es corazón; mi misión sólo consiste en darle latidos para que él me de vida. Y en eso estamos...

martes, 8 de octubre de 2013

PORQUE YO LO VALGO

Cuánta soberbia para tan poca calma. Cuánta palabra suelta para tan poca consideración. Demasiado cariño para tan poco amor. Demasiado tiempo para tan poca dedicación. Demasiada sensibilidad y muy, muy poca sensación. Fábrica de tinieblas pronunciadas en la garganta de tu voz.

Volvamos la mirada atrás. Una vez más. Hacia aquellos tiempos que se divisan a lo largo de una pendiente cuesta abajo pero que aparecen invisibles a nuestra mirada. Parece que el camino al pasado está lleno de pendientes llenas de baches. Bueno, a lo que iba. La felicidad de muchos es más a ojos de la felicidad verdadera de quienes la desean de verdad. Consecuencias tienen los actos. Todos. Algunas son demasiado obvias. Por eso parece que no existen las consecuencias. Otras son demasiado evidentes... que viene más o menos a ser lo mismo. Y la mayoría son inesperadas. Bueno, realmente no son la mayoría... lo que pasa es que estamos obviando las obvias y las evidentes. Es evidente... valga la doble redundancia. A eso me refiero. A la facilidad de tener la capacidad de desear por los demás evitando todo tipo de responsabilidad. Lo sé, puede que haya sido una inconsciencia por nuestra parte. Dar lástima puede ser verdaderamente peligroso. Pero eso no evita que me sienta como me siento. Aún reconociendo que todavía no ha pasado nada... pero pasará. Y si no, al tiempo.

Yo también quiero, haciendo un símil algo descabellado, tener un coche tuyo, que pagues tú, que arregles tú cuando se estropee y que alimentes tú de gasoil u otras necesidades... y cuando a mi me venga en gana, disfrutar yo. ¿No? No sé... demasiado realista el ejemplo. Ya me sé cómo son estas historias porque estamos hartos de verlas en todas partes, lugar y momento. Y entonces puede llegar el momento en que tu felicidad puede ser inversamente proporcional a mi sacrificio. ¿Y eso tiene solución? Pues depende. Fundamentalmente de dos factores. El primero es mi paciencia, y el segundo es el compromiso. No el tuyo, sino el de todos, con lo cual no me molesto si me incluyo en el mismo. Deberíamos escribir las reglas del compromiso, que se olvidan con mucha facilidad. ¿Sí? ¿O no? ¡Qué bonito! Venga, hasta mañana... Y entonces, la paciencia se agota y el alma estalla delante de nuestras narices. Nos acordaremos de todos cuando no estén, y de ninguno cuando no hablen.

Es muy fácil hablar en la distancia, alegrarse por uno mismo y vivir en la ignorancia de no estar en la piel de aquél o aquella de quien deseas su bien, bien que se confunde con el ego y se disfraza de concha de caracol, llevándose siempre lo más importante a las espaldas.

Puede que me equivoque, pero personalmente, aún no he visto ni un sólo gesto que reconforte mínimamente los leves suspiros que dibujan mi corazón. Venga, hasta otra... porque yo lo valgo.