lunes, 15 de julio de 2013

LAS MITADES DE MI CANCIÓN

No importa el cómo ni el cuándo. Ni mucho menos, el por qué. La negativa de mi conciencia en contraposición a los deseos de quienes tienen alas por el simple hecho de convertirse en ángeles. Semana tras semana caigo en mis propios fracasos, y la genética de mis genes niegan la evidencia de quien pretende llevar siempre la razón, sí o sí. Tampoco importa el cómo se consiga la razón, ni el por qué debemos llevarla siempre por bandera.

En cierto modo, me vi reflejado en una foto del pasado con la historia de quien puso su mitad a cambio de nada, guardándose la otra mitad para intentar ser feliz en los años que nos queden por vivir. Expando mi madurez hasta el punto de que con un simple símbolo puedo dibujar una sonrisa en tu rostro. Sé que hay momentos que uno no puede olvidar; otros, sin embargo, no queremos olvidarlos. Y aquí entra el por qué. Simplemente, por nada. No hay motivos para hacer lo que hacemos; no hay motivos para no hacer lo que dejamos de hacer. Porque nunca dejamos de pensar en el cielo, en la nostalgia que las nubes inexistentes de esta época intenta dibujar en nuestros corazones. Dos mitades forman un entero, pero solemos entregar nuestra mitad a más de una persona. 

Me viene bien escribir lo que siento una vez a la semana. Me quita la obligación, me libera de recursos y me permite expresar mejor mis sentimientos y mis emociones. Quizá vuelva a escribir más seguido en unos meses, pero por ahora, me encuentro bien así. Mis taquicardias me siguen recordando a cada minuto que soy mortal, y como tal, susceptible de cometer errores. Bueno, al menos me equivoco yo sólo... o empujado por una necesidad que realmente no existe... o quizá sí. No lo sé. Los soportes existen. Están ahí. Lo que sí noto en mi es una extraña de necesidad de arriesgar un poco más de lo normal. No ser un pasota, sino enseñar mi rebelde pasividad de un genio siempre controlado. Con buena educación y mejorando mis modales.

Satura, y mucho, repetir las acciones cotidianas; sobre todo si se convierten en una especie de mitad obligación... mitad Esperanza. Ya lo dije antes... mis muchas mitades no siempre suman la unidad. O quise decir algo parecido. Ahora, en un rato, tengo que leer. El que me conoce, sabe a qué me refiero. Leer, montar, escribir... leer, montar, escribir... y por el camino, dejo mitades tiradas sin más, esperando a que llegue el enterrador con su pala sombría y vieja. Ya las perdí, no me interesa lo que haga con ellas. Menos mal que ando bien de ánimo... de lo contrario, mejor ni hubiera pedido la cuenta. 

No sé... quizá siete días son muchos... o pocos, según se mire. Pero ahora mismo es lo que necesito, y cada vez procuro evitar más la redundancia. Tengo tantas mitades que no sé escoger cuál es la mejor canción...

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