lunes, 8 de julio de 2013

...Y NO VE LA VIDA PASAR...

Más no seré yo quien juzgue a aquellos que no termino de conocer, ni de entender. Sus motivos tendrá. De todas formas, todo forma parte de la mente, que es la que se debe de encargar de asumir las cosas como son. Algunas se pueden cambiar, y se puede luchar por ello. Otras no; lo cual deja patente nuestra inmensa inutilidad. Mis momentos de calma suelen ser más calmados, otra forma evidente de ver que estoy aprendiendo a tomarme las cosas como vienen. Por supuesto que me siguen doliendo algunas acusaciones, pero que mejor manera de chocar que ignorando la ignorancia. Esta semana leí algo que me gustó, porque me sentí identificado. Y es que yo no he cambiado, ni cambiaré. Simplemente, aprendemos. Y al aprender, crecemos, y nos ven de otra manera, de aquella manera que a veces hemos mostrado y que ha sido la que ha interesado al egoísta observador. 

En el fondo, nadie está hecho para estar con nadie porque nadie es igual a nadie en toda la amplitud del concepto. Es cierto que muchos se complementan, y las ruedas son más redondas cuando existe mayor complicidad. Lo importante es no encontrar un bache que haga saltar por los aires una circunferencia imperfecta. Y por esos aires de nadie rodamos más tiempo que por el suelo firme de las indecisiones y las dudas.

Aunque no lo parezca, mi estado de ánimo crece cuando se avecinan más descansos, y uno pone buena cara al mal tiempo. Y ahora tengo uno de esos ciclos. Pero eso no siempre es bueno, pues el buen tiempo termina llegando y entonces la cara debe ser buena por obligación. Y al final, terminamos poniendo siempre buena cara para que los demás sean más felices a costa de nuestra propia felicidad... bueno, no me quiero repetir. Esto ya lo he dicho en infinidad de ocasiones en este mismo blog. Prefiero seguir aprendiendo, mantener la mente despierta y el alma deseosa de nuevas experiencias. Porque después de todo, la vida pasa, y pasa, y termina pasando mientras nosotros, pobres mortales, nos quedamos quietos sin un freno de mano que podamos levantar. Quizá la gente llora por eso... porque pierde mucho tiempo buscando su freno de mano... y no ve la vida pasar. 

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