lunes, 24 de junio de 2013

LOS SUEÑOS NO EXISTEN (y II)

...es cuando pienso entonces en el sentido de nuestras vidas. Me tendría que haber dado más a conocer. Tarde para lamentar o pronto para reaccionar. No lo sé. Sea como sea, ha sido falta, y hay que tirar a portería como si nada… ¿Dónde está la fe? Ya lo dije en otra ocasión: siempre hay algo en qué creer. Búscalo. Yo nunca he dejado de creer. Aunque sea en mí. Siento no irradiar optimismo, pero al menos no contagio la desgana por los rincones de las habitaciones de mi alma. 

Me ilusiono con un juego de figuras pintadas, con una canción de más de 10 minutos, con una foto de mi ciudad, con un libro de dragones y caballeros, con un nuevo conocimiento en la informática, con un recuerdo que me retorne a tiempos más felices, con una procesión fuera de época, con un trozo de pastel de chocolate, con un viaje al reencuentro de mi pasado, con una película con demasiados efectos especiales, con la escritura de cuatro palabras que buscan algún sentido… y sin embargo, tengo que pedir perdón por querer vivir. Simplemente, por querer. A una manera que quizá no se entienda, pero que me permite ser. Y creo que eso es lo más importante.

Odio el oportunismo, la superficialidad, las apariencias y lo innatural. Busca y encuentra, que encontrarás. Y sigo pensando, sin modificar un ápice mis creencias, que la vida ya se encarga de poner obstáculos. Suficientes como para no tener que buscar más dificultades nosotros mismos. Pero bueno, yo aquí no puedo hacer nada. Discrepar cuando no esté de acuerdo en algo. Simplemente.  

Más volumen. ¿Qué tal un planeta llamado New Orleans? Del maestro, por supuesto… tranquilos, no molesta. Los auriculares sólo me dejarán sordo a mí… pero bueno, digamos que puede ser un precio por sentirme libre. Quizá sólo lo entienda quien de verdad sienta la música…

Qué paz…

PD: Puede que esta entrada sea la última durante un período... no sé cuánto durará.