jueves, 20 de junio de 2013

CON EL TIEMPO EN LOS TALONES

Tiempo, tiempo... todo es cuestión de tiempo. De tener o de no tener, de emplearlo en cosas que importan más o que importan menos, pero que termina siendo despreciado. No me puedo inventar el tiempo, ni tener tiempo para todo. Si no he dispuesto del tiempo necesario para hacer algo es porque he gastado ese tiempo en hacer otra cosa. Y el problema es que siempre quieren que uno tenga tiempo para todo, y hace tiempo (valga la redundancia...) que vengo diciendo que es no es imposible. Salvo dormir y procurar estar más o menos descansado (no me puedo permitir el lujo de regatear mi tiempo en este aspecto...) por lo demás voy siempre con el tiempo pisándome los talones. Y no hay tiempo despreciable, porque todo suma, sea un minuto, sean cinco, sean tres horas. Todo suma y todo importa. Y creo que se podría compensar. Quien tenga tiempo de sobra lo podría compartir. Al fin y al cabo, mi tiempo lo gasto en nosotros. Quizá de otra forma a la que deseamos... pero en nosotros, al fin y al cabo. Y eso es lo que importa.

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