jueves, 14 de febrero de 2013

CORAZÓN ROJO, NEGRO ANTOJO

Cuando éramos niños no existía San Valentín. Es como decir que un niño es incapaz de amar. Soy un mal amante, lo sé. Lo reconozco. Tampoco quiero ser demasiado cruel conmigo mismo. Dejémoslo en que no soy un buen amante. Igualmente, podría decir que no soy un buen fotógrafo, ni un buen literato, ni siquiera un buen informático o un buen técnico de las tecnologías de la información. La verdad, no sé qué es lo que hago bien. Tampoco sirvo para mandar, ni para decidir. No sé si habré sido un buen hijo, si soy un buen hermano, y quizá nunca sepa si puedo ser un buen padre. No sé si soy un buen amigo, o un buen compañero. Lo único que sé es que todo esto que no sé es lo que, al menos, intento. Hace un rato, mientras fregaba unos platos, miré a la puerta de la cocina mientras llamaba a mi perra... que ya no está. No sé por qué me ha salido su nombre, así, sin más. Luna existió, y hay almas que no existen, y no las puedes llamar. Del corazón rojo al negro de los antojos. Del recuerdo gris al más triste de los despojos. Quizá me rodeen los fracasos, el querer y el no poder, la mediocridad, la falta de inspiración, la poca motivación y las muchas ganas de tener la satisfacción de conceder gustos a todo el mundo. No lo sé. Me falta constancia, o me sobra corazón. Porque no sólo hay que servir para hacer las cosas... también hay que hacerlas. Y parece que sirvo para mucho pero luego no concreto nada. También me falta independencia... pero eso ya no lo puedo tener. Y lo más parecido a la independencia no me lo quieren dar... ahí lo dejo. No quiero deprimirme hoy más.

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