jueves, 2 de agosto de 2012

BUSCANDO EL LÍMITE DE LA TRISTEZA

Cuando miro por la ventana, veo que se me escapa el mundo. Cuando salgo por la puerta, siento que ya se me ha escapado. Cuando busco la libertad, me siento invencible. Cuando me siento prisionero, percibo la infelicidad en las personas que me rodean. Y, por desgracia, ocurre bastante a menudo. Me persigue el sentimiento perenne de saber que puedo, pero la impotencia termina abrazando mi alma. Podría hacer todo lo que quisiera. Pero los sueños se hacen más cortos al tiempo que los días nos hacen más viejos. Hay días que me gana la desgana, y que valga la redundancia, en este caso. Hay días que me derrota la frustración. Otros días, el triunfo es para la pereza. Incluso la desidia tiene nombre de victoria en los peores momentos. Y cuando sé que puedo lograr mis objetivos, me encuentro buscando el límite de la tristeza. Por desgracia, no tardo mucho en encontrarlo, y mis pasos vuelven a pisar la maldita cola mordida por el pez que no sabe inclinar el cuerpo hacia otro lado. Pero para triunfar, lo primero es que nos ayuden a triunfar. Sin embargo, sigue existiendo demasiada incomprensión incluso sabiendo que el triunfo, aunque sea de uno, siempre va a ser compartido. Por eso siempre habrá derrotas. Aunque a veces puedo negociar el empate... que, por otro lado, resulta demasiado insuficiente: mi victoria implicaría la del oponente, y con un empate, perdemos los dos. Así es difícil jugar a ser feliz... 

2 comentarios:

  1. a veces hay que dejar de intentar jugar a ser feliz, y ganarle la partida a la vida, siéndolo, pero la vida no nos lo pone fácil.

    un besazo.

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  2. Una partida dura, me temo...

    Manolo, cuando tengas tiempo y ánimos, me gustaría que te dejaras escapar por Valencia, sabes que la guía ya la tienes ;).

    Un grande abrazo.

    (Recuerdos a la señora María, hace tiempo que no la leo).

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