jueves, 26 de julio de 2012

EL CASTILLO DE CRISTAL

Excepcional. Uno de los libros que más me ha gustado. El Castillo de Cristal es un libro autobiográfico de Jeannette Walls, en el que narra, con gran maestría, la historia de su vida desde que tiene 3 o 4 años hasta que se casa y encuentra trabajo como periodista. Jeannette cuenta las peripecias de su peculiar familia y de cómo se las ingenian para sobrevivir a lo largo del continente americano. A pesar de ser en casi su totalidad narrativo, por lo tanto, con poco diálogo, el libro engancha por su sencillez a la hora de contar cada una de las vivencias e increíbles acontecimientos que la familia va traspasando a lo largo del tiempo. Sin demasiados adornos o florituras que impliquen una narración aburrida, en apenas 5 días he devorado el libro (eso sí, he tenido tiempo para ello) y se ha hecho muy ameno. Y la verdad es que uno llega a pensar si todo lo que ocurre en el libro puede llegar a ser verdad, por lo increíble que puede parecer. Jeannette, junto con Lori, su hermana mayor, Brian, al cual sólo aventaja en un año, y Maureen, la pequeña de la familia, pasan miles de aventuras y casi tantos lugares diferentes, debido a unos padres que deciden ser libres. La madre se cree artista desde joven, y se queja de que nadie sabe ver su talento, en forma de cuadros y literatura, y decide no trabajar excepto en contadas ocasiones como profesora, título que posee. Prefiere ver a sus hijos no comer durante días. El padre, un soñador que jamás ve su sueño cumplido, construir un castillo de cristal en el que vivir junto a su familia. Proyectos en papel, planos, y fantasías, en mitad de trabajos y trabajos que nunca le duran más de unos meses, perseguidor de la actual hipócrita sociedad, y alcohólico a ratos, como los intermitentes de los coches. Hay libros con buena historia, hay libros bien escritos, y hay libros con moraleja entre líneas. Este libro tiene todos estos elementos, y la verdad es que te hace pensar, y mucho, sobre el mundo en que vivimos. Muy recomendable.

lunes, 9 de julio de 2012

DERROTAS Y PÉRDIDAS

Podemos perder infinidad de cosas. Lo importante es no salir derrotado. Pero si pienso en todo lo que he perdido en mi vida, me doy cuenta de que me he expuesto a demasiadas derrotas. Perdí a mi abuelo. Es lo primero y más doloroso que recuerdo haber perdido. Perdí en los juegos de la vida. Perdí moral. Perdí besos de juventud y abrazos de amistad. Perdí peso (y lo volví a ganar; no siempre ganar es bueno...). Perdí puntualmente la timidez para acordarme de ella en los peores momentos. Perdí dinero. Y al haberlo ganado trabajando, consecuentemente, perdí tiempo. Perdí la virginidad al mismo tiempo que perdí un amor. Luego perdí otro amor, y otro amor... y nadie se acordó de mi virginidad. Perdí el contacto. Entre pérdida y pérdida, no olvidemos que sigo perdiendo tiempo. Eso es algo que se pierde todos los días. Perdí una ciudad, y aún no he conseguido conquistar otra. Perdí la compañía de quienes quieren estar conmigo. Perdí una muela. Y las ganas de comer. Perdí gustos que conservé como tesoros. Perdí oportunidades, ilusiones y sueños. Perdí el frasco de tus sonrisas. Perdí la fe, aunque me gusta creer que la encuentro de vez en cuando. Perdí las lágrimas de los fracasos encontrados por el camino. Perdí mi Luna particular. Perdí la resignación del que no quiere luchar. A veces pienso que perdí parte de mi identidad. Incluso perdí la vida que nace cuando aportas una mitad. Pero, en el fondo, me gusta sentirme derrotado. Es la única forma de no sentirse perdido.

Y ahora que lo pienso, lo primero de todo que perdí, con total seguridad, fue mi infancia, Por tanto, puede que sea la única forma de seguir adelante: perdiendo lo que más queremos sin llegar a sentirnos derrotados. Otro día, quizá hable de lo que gané. Pero antes, tengo que encontrar el optimismo... sí, también lo he perdido. Si es que soy un desastre...

viernes, 6 de julio de 2012

NOCHES DE SONRISAS ROTAS

De sonrisas rotas, de sueños perdidos, de lunas oscuras... llamadlo como queráis. Mientras la experiencia nos muestra la crueldad de la vida, también nos sirve para combatir contra ella. Una lucha constante. Aunque todo, nos guste o no, tiene un precio. Lo importante, en la mayoría de los casos, es saber optimizar el tiempo. Porque sin tiempo, no somos nada. Y en estas noches de trabajo, por fin puedo usar mi móvil de módem y conectar con el ciberespacio gracias al portátil. Y todo sin cables, como si fuera magia. De otra forma, jamás publicaría en facebook o en los blogs con la IP de la empresa... ni que estuviéramos locos. Tampoco es que vaya a la velocidad de la luz, pero no le vamos a pedir peras al olmo. Bueno, que me desvío del tema...

...y es que no por tener las cosas más fáciles se nos facilita la vida. Las noches, a pesar de todo, siguen siendo noches.Y aunque en verano son más cortas, las horas son igual de largas. Es cierto que estoy viviendo unos días difíciles, y a veces, exploto por fuera. Porque por dentro, estoy aún cicatrizando otras explosiones. Cuantas más noches trabajo, más me da por pensar, y más me enseña la experiencia. Tanto, que me gustaría no tener un pasado del cual aprender. Pero eso es tan difícil como ser inmortal. Por eso, he sacado varias conclusiones que resumen un poco mi estado actual:

1. También hay inocentes en las cárceles, aunque no nos lo creamos. La cosa más insignificante puede desmoronar el gran trabajo de todo un día. La importancia de las cosas está sobrevalorada.

2. No importa la bondad de un corazón, tarde o temprano tendrá algún error por el cual será juzgado.

3. Nunca hay que subir el listón hasta lo más alto, pues en cuanto lo bajes un poco, serás la peor persona del mundo.

4. La libertad, ni se compra ni se vende; se otorga. Y quien se apropia de ella, demuestra no tener compasión.

5. No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. Tampoco hagas lo que quieres que te hagan a ti. Todos somos diferentes.

6. La paciencia no es la madre de la ciencia, es la base del amor. 

7. El respeto desaparece cuando la confianza supera los límites de dicho amor. Y sin respeto no se puede amar.

8. Un gesto que nos haga felices, por simple que sea, vale más que cualquier promesa.

9. La tristeza de actuar por el interés oscurece el alma lentamente.

10. El egoísmo es la mentira de los necios.

Diez reflexiones a tener en cuenta y que en algún momento de mi vida me han hecho pensar más de lo necesario. Sobre todo en estas noches aburridas en las que necesariamente tengo que permanecer atento a otras tantas pantallas de ordenador. Así es la vida: irónica en todos los extremos.  

domingo, 1 de julio de 2012

SOMBRAS PARALELAS

Hasta los corazones más enamorados se cansan. Hasta las almas más nobles tienen conciencia. Hasta las conciencias más puras tienen puntos negros que esconder. El disimulo te roza la nariz, envidiosa de sus vecinos de arriba, que siempre juegan con dos colores. Hasta las sombras no siempre guardan las líneas paralelas. Cinco luces no son mejor que dos si éstas tienen la fuerza de los ojos que iluminan el hilo de la vida. Después de todo, nadie es capaz de elegir su destino. Es el destino quien nos elige a nosotros. Recalco lo que ya he dicho otras veces, y seguramente, mantendré durante toda la vida: para darnos cuenta de lo que tenemos, es necesario perderlo. Solo así, sabremos valorarlo. No sé qué me pasa estos días, pero tengo miedo a la noche, al verano sin luz, a la cama con sábanas, a la almohada sudada, a los cabellos largos de terciopelo azul. Tengo miedo a las sombras de mi pecho, que juegan a morir, y aceleran la angustia y muestran la forma que no quiero sentir. Sombras paralelas, llenas de temores, de contactos en gris. No soy tu sombra... naces de mi. Tú eres la sombra... no te rías de mi, maldita, traicionera, que me debes la vida, y no sé estar sin tí.