jueves, 31 de mayo de 2012

CULPABILIDAD

Es inevitable que, de vez en cuando, me venga a la cabeza. Desde el momento en que llegué de urgencias, hasta 50 minutos después en que su vida se apagó. Hice todo lo que me dijeron. Calor, mantas, caldo caliente, cariño, atención... y como una película, tengo su mirada grabada en mi cabeza. Me pedía ayuda con los ojos. Más yo no sabía que más podía hacer. Cuando la vimos dar su último suspiro, corrimos. Pero no sabíamos a dónde había que llegar. O no nos supieron decir. Recuerdo cada segundo que pasó por intentar conseguir algo que no pudimos conseguir. Cada calle por la que conducía de manera agresiva, arriesgada. Detrás, iba inerte. Sigo pensando en todo lo que pasó, en lo que pudo sufrir, en la forma en que sus ojos dejaban de brillar a cada segundo. A veces, la llamábamos y miraba... sabía que nos preocupábamos por ella, pero también sabía que la situación se escapaba de nuestras manos. Cada vez me cuesta más llorar. No es cierto que el tiempo lo cure todo... el tiempo lo que hace es esconder el olvido de los recuerdos. Pero por mucho tiempo que pase, por menos lágrimas que derrame, por mucho que quisiera sin apenas poder, no significa que ya no siga teniendo sentimientos de... culpabilidad.

domingo, 27 de mayo de 2012

AÑO 99

Corría el año 1999 cuando un servidor, amante de la fotografía, pero demasiado perezoso como para ponerse a estudiar sobre la misma y perder demasiado tiempo en ir a una tienda a revelar los negativos, se puso cabezón y se compró su primera cámara digital. Por fin podría hacer mis fotos y verlas sin tener que pasar por la tienda. Pero no os creáis que todo era tan fácil. El presupuesto no me dio más que para una Samsung sin pantalla LCD ni nada que no fuera el botón de disparador y un agujerito con la salida de la cámara para poder poner el cable y pasar las fotos de la cámara al ordenador. Ni siquiera existía el puerto USB. De manera que, la cámara, tras realizar un máximo de 45 fotografías (a partir de ahí, la memoria estaba llena y no dejaba hacer más), con una resolución siempre fija de 640x480 píxeles, sin poder escoger distancia focal, ni velocidad, ni apertura de diafragma, había que subir a casa y "revelar" las fotos en el PC. Se conectaba el cable de la cámara al puerto COM del ordenador y, mediante un software especial, se copiaban las fotos de la cámara a una carpeta del disco duro. 25.000 pesetas me costó el juguetito, pero por algo había que empezar... A partir de ahí, no he dejado de disparar (fotos, se entiende). Así que podemos decir que desde septiembre de 1999 tengo esta afición a la fotografía y desde entonces... Aquí están las obras donde después iría uno de los Mercadonas de Linares y donde actualmente se encuentra el Carrefour Market. Qué tiempos aquellos...

jueves, 24 de mayo de 2012

COMPASIÓN

La verdad es que me esperaba otra cosa de este libro. No es que no me haya gustado, pues realmente no está mal. Pero se podría decir que entraría en el género de novela romántica y quizá buscaba otra cosa cuando lo compré, como siempre, atraído por la sinopsis incluida en la contraportada del mismo. Sí, la trama es buena y el argumento también, Además, el libro es muy fluido y me lo he leído bastante rápido (teniendo en cuenta el poco tiempo del que dispongo) ya que tiene muchos diálogos. Seguramente, es el libro que menos narrativa tiene de todos los que me he leído. Pero el libro, como decía, se entretiene demasiado en aspectos externos a la trama principal. No quiere decir que no sean importantes, pero es cierto que hay capítulos que si no hubieran estado, no habría pasado absolutamente nada. De todas formas, esto es un juicio personal.
El libro nos cuenta la historia de un abogado del estado (todo muy americano, eso sí) que por casualidades de la vida conoce a una doctora joven, guapa y soltera en una gala y ésta tiene que intervenir al protagonista por una repentina apendicitis. Una vez recuperado, Theo (nuestro protagonista) devuelve la visita a Michelle (la encantadora doctora), visitándola en su pequeño y alejado pueblo de la civilización (de cualquier ciudad estadounidense). Paralelamente, una mujer, familiar de Michelle, es asesinada por un club de "pequeños mafiosos", entre ellos el propio marido de dicha mujer. Ésta, que era muy prevenida, sabía que tarde o temprano iba a ser asesinada y tras su muerte se encargó de hacer llegar ciertos papeles comprometedores a Michelle, justo cuando Theo estaba por el pueblo de la doctora. Hasta aquí el primer tercio del libro. El resto, como digo, entretenido, pero apenas 3 o 4 capítulos de acción, centrándose más la autora en narrar otras cosas de la vida de la pareja protagonista en el pueblo, sus dudas con los sentimientos de uno respecto al otro y otras historias diversas de la gente de dicho pueblo. Entretenido con buena nota, pero algo decepcionado con la sinopsis. De todas formas, recomendable por que es un libro rápido de leer y engancha bastante desde el principio.

lunes, 21 de mayo de 2012

PATI

Esta es Pati. Mi gata siamesa cuando yo aún era joven y vivía con mis padres. Murió, si no recuerdo mal, allá por el 2002. O quizá fue el 2003. Mi padre seguro que lo sabe, porque lo apunta todo... Pati sobrevivió a mi "exilio" forzado en Madrid, aquellos casi dos años que viví en Alcorcón por motivos laborales. Aún así, murió relativamente joven, con 11 años. Ya sabéis, las típicas complicaciones de los animales domésticos cuando no son castrados... aunque ya no me fío de nada. El caso es que Pati era cariñosa a su estilo (como todos los gatos) y daba bastante compañía. Brasero en invierno y suelo fresquito en verano. Menudos veranos se pegaba la tía cazando gorriones por los tejados aquellos... Cualquier pérdida fue peligrosa, y la de Patio lo fue. Aunque estábamos todos los hermanos, mis padres, y jugábamos con ella en la calle, con vecinos y demás, a Pati la vimos morir únicamente mi madre y yo. Le costaba respirar en sus últimos días, y mientras decidíamos intentar salvarla o sacrificarla, pues los veterinarios lo pintaban todo bastante negro, decidió morirse ella solita, apartada, sin molestar a nadie, entre la cocina y el patio, sin hacer ruido. Sin apenas poder moverse, se salió a dar sus últimos suspiros. Pero mi madre la vio y me llamó, y le hablábamos mientras la vimos morir. ¡Claro que lloramos! ¿Por qué no íbamos a hacerlo? Es totalmente lógico y normal. No solo en ese momento, sino en momentos posteriores... mi padre, aparentemente más duro (por fuera), la cogió y la llevó al descampado que teníamos detrás de la casa (y seguimos teniendo, aunque ya más pequeño, pues los bloques lo inindan todo...) y la enterró. No recuerdo si lo acompañé yo o alguno de mis hermanos. Esta foto, de Junio de 2002, muestra el resumen de lo que Pati era. Cariñosa, fiel, tranquila, juguetona cuando quería, y siempre a la espectativa. Aquí hacía ya un año que yo contaba con mi primera cámara digital... pero eso es otra historia. Tampoco olvido a Pati, ni a nadie que se merezca mis recuerdos.

viernes, 18 de mayo de 2012

PALABRA DE LUNA

Soy Luna. Y estoy en tu corazón, y en el tuyo, y en el tuyo también... porque os acompañaré el resto de vuestras vidas. Me cuidasteis en todo momento, y también en mis últimas horas, y eso hace que sienta feliz, porque siempre me habéis querido y habéis hecho todo por mi. Entiendo que no siempre penséis en mí, porque la vida continúa, con el trabajo, con los estudios, con la rutina que jamás debéis abandonar. Es el primer paso para seguir adelante. En esos momentos, suelo dar largos paseos por el cielo con esas otras personas y animales que están aquí  conmigo. ¿Sabéis a quien me he encontrado? A tu abuelo, y a tu abuela, y a tu tío, y a todas esas personas tan especiales que desde arriba os apoyan con todas sus fuerzas y que, como yo, han ido pasando por vuestras vidas. Como veis, siempre voy a tener buena compañía, de la mejor. Por eso tenéis que sonreír, porque si tú sonríes, los corazones que te quieren también sonríen, y si tú lloras, los corazones que te quieren también lloran. Agradezco todo este tiempo juntos, y lo seguiré agradeciendo para que sepáis ser fuertes y me demostréis que seguís siendo los mejores cuidadores que he podido tener.
Me gusta que soñéis conmigo, eso jamás os lo pueden quitar, y son momentos que seguiremos estando juntos. Lo pasado, pasado está, y no se puede cambiar. Sé que cambiaríais todo por mi, pero debéis seguir adelante. Sed felices, y hacedlo por mi y por los demás, quizá sin dejar de llorar pero luchando por superar esto día tras día. En vuestra mano está seguir ayudando a los demás. Me parece que por allí hay alguien con una pelota de tenis... ¡a por ella! Grrr...
¡Guau! Ya sabes, cuando pasa alguien, tengo que ladrar... Nos vemos en los cielos de tus sueños. ¡Un lametazo!

Palabra de Luna.

jueves, 10 de mayo de 2012

CORAZONES PEQUEÑOS, GRANDES VACÍOS

En los pequeños gestos, están los grandes momentos. Luna nos quiso tal y como éramos y nosotros aprendimos a quererla a ella tal y como era. Por supuesto que tuvo regañinas, y algún que otro palo. Pero formaba parte de su educación y fueron tan pocos que hasta me acuerdo perfectamente. Un día, en un descuido nuestro, se subió a la mesa (previo salto a la silla) y se zampó todo el plato de queso y de aceitunas. Otro día se nos escapó en la calle y nos toreó un buen rato... Lo demás no tiene importancia. Algún pipí donde no debía, algún mordisco de juego donde no debía, y, sobre todo, siempre dispuesta a comer cualquier cosa por ínfima que fuera. Luna era capaz de esperar media hora sin moverse por vigilar un grano de arroz duro. Bueno, nadie es perfecto. Por eso, un corazón tan pequeño ha dejado un hueco tan grande. El salón era de Luna cuando comíamos o cenábamos. Esperaba pacientemente por si "pillaba" algo de la mesa. El salón también era de Luna cuando nos sentábamos a ver la tele y se unía a nosotros, o cuando dormíamos en el sofá. Por la noche, cuando regresaba de su paseo, se quedaba en el salón a dormir, ya sabía que el día había terminado. Cuando recogía la mesa, Luna siempre detrás. Ayudándome en tan difícil tarea, esperando, por supuesto, que se me cayera algo de los platos. El pasillo era de Luna mientras perseguía a toda velocidad sus pelotas de tenis, sus juguetes, y los mordía y te los volvía a traer. Entonces, disimuladamente, lo soltaba en tus pies para que lo volvieras a lanzar. El despacho con el ordenador era de Luna cuando sentía un vacío en la habitación de estudio. Escuchaba música y dormía y, por qué no decirlo, también "pillaba" cacho si un servidor se ponía a merendar. La habitación de estudio era permanentemente de Luna. Allí acompañaba a lo que más quería. A veces, cuando hacía mucho frío, se ponía a un milímetro de la estufa. No entiendo como no salía con llamas en la cabeza. El dormitorio era de Luna cuando intuía que estaba amaneciendo. Ya tenía ganas de marcha y con sus pequeños lamentos para hacerse notar, conseguía subirse a la cama y allí seguía durmiendo hasta que nos levantábamos. En el último mes, aprendió a meterse por la colcha sin que nos diéramos cuenta. Y la cocina, por supuesto, era el lugar favorito de Luna. Ayudante indispensable a la hora de preparar la comida, probaba todos los ingredientes. Si se caía algo al suelo, rápidamente iba al estómago de Luna. No sólo tenía un sexto sentido, también un séptimo, un octavo y hasta un noveno sentido para saber que alguien estaba en la cocina y aparecer en 0,3 segundos. El baño también era de Luna. Si dejábamos la puerta entornada, empujaba la puerta con el hocico y entraba a saludar. Entonces se daba cuenta que aquello era privado, entendía nuestra intimidad, y se marchaba. Pero dejaba constancia de que sabía donde estábamos. 

Por eso, hay un trozo de Luna en cada habitación de esta casa. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

HASTA SIEMPRE, LUNA

2 años y 15 días ha estado Luna entre nosotros. Tan feliz, tan divertida, tan cariñosa, siempre se hizo querer, aunque daba también bastantes quebraderos de cabeza. Como todos. Anoche, a las 21 horas y 15 minutos, dio su último suspiro. 50 minutos después de haber estado en urgencias con la veterinaria e indicando ésta que la perra, tras su operación de castración el día anterior, estaba bien con la excepción de que tenía baja temperatura y también un poco baja la tensión. La palpó, la examinó por todos sitios, y todo estaba correcto. Incluso insistía en que la operación fue todo un éxito y estaba evolucionando normal. Desde que el lunes por la tarde la operaron y la recogimos a última hora, ya le notábamos algo raro al respirar. A veces se quejaba, a veces se tranquilizaba. Las primeras horas tras la operación respondía a su nombre, se animó a dar unos pasos, hizo pipí... La madrugada del lunes al martes ya estuvo más inquieta. Se quejaba más, se escuchaba respirar cada 10 minutos, no encontraba una postura cómoda... miraba como aturdida, desorientada. Pasó la noche como pudo y por la mañana la llevamos a la clínica. Le dieron la medicación y la vieron y nos dijeron que todo estaba dentro de la normalidad. No habían pasado ni 24 horas y era una cirugía compleja. Por la tarde la dejamos descansar, y sobre las 18 horas vi que jadeaba mucho, esta totalmente flácida, inerte, no respondía a nada. La volví a llevar y en principio, todo seguía siendo normal. Quizá algo deshidratada. Me enviaron a urgencias de todas formas para asegurarnos. Y bueno, allí ya sabéis lo que pasó, según cuento al principio. Me dijeron que le diera calor. Llegué a casa a las 20 horas y 20 minutos y le puse una manta eléctrica a máxima potencia. La flanqueé con dos bolsas de agua calientes. Parecía más tranquila, aunque algo dificultosa al respirar. Algo más espabilada, me miraba y se volvía a dejar caer. 50 minutos sin dejar de mirarla hasta que 3 minutos justo después de que llegara mi mujer, vimos que, de pronto, no respiraba. Mientras subíamos al coche llamábamos a urgencias, pero ya no se pudo hacer nada. 40 minutos dando vueltas buscando la clínica por Granada porque ni siquiera supieron indicarnos donde estaba la clínica. Era tan fácil como decir: " por la carretera tal, la primera rotonda a la izquierda, y la siguiente a la derecha. Esa es la calle del restaurante giratorio. Pues justo enfrente." El único restaurante giratorio de toda Andalucía. A cualquiera de Granada que le preguntes, te lo indica a la primera. Pues tras 4 llamadas desesperantes seguían empeñados en meternos por una rotonda posterior y hacer un "giro a una calle prohibida a la izquierda"... y ni siquiera la calle era prohibida, simplemente no se podía tirar por que había una mediana más grande que un camión. Menos mal que vimos un cartel que indicaba la clínica veterinaria, por que si no, todavía estamos buscando la dirección de prohibido... Luna llegó tiesa, fría, con los ojos abiertos, y sólo se pudo certificar su muerte. Y así es la vida. ¿Negligencia? No lo sabemos, pero al final vamos a hacer la autopsia de la pobre Luna para ver que nos dicen, y a partir de ahí, ya veremos. Esta es la última foto que tengo de ella. Aún está en el disco de la cámara, del 28 de abril de 2012. DEP.