sábado, 1 de octubre de 2011

VIENDO LAS TARDES MORIR

Tan cerca, tan lejos de aquí. Tardes vacías que viví en Madrid. Tardes de sábado, lejanas en pasado, presentes en el olvido de la memoria, cercanas al invierno, con más tiempo de luna y menos vista al sol. Y eran los sábados como hoy, parecidos, de similar imaginación, los que me han venido a la memoria de la traición. Que por alguna razón, hoy me recordaron que tenía que dormir con cierta obligación si no quería caer en manos de los sueños de la noche, que no perdona y que sólo terminará con un nuevo amanecer. Tardes de sábado vacías, sin mucho que hacer, pasando el tiempo de la tardía juventud que me llevó a dejarme la sonrisa colgada en las paredes de cualquier habitación. Porque cuando la noche toca la mano del amanecer, todo parece más triste, y a poco que cierres los ojos más tiempo de lo normal, el día dirá adiós y la nostalgia comenzará a llamar a las puertas del corazón. Ya quedaron lejanas aquellas tardes de Madrid, pero no lo suficiente como para no poderlas sentir. Y es que siento que nada de lo que pasa en mi vida queda lo suficientemente lejos... y eso no sé si es bueno o es malo.