miércoles, 31 de agosto de 2011

UNA GUERRA DE PODER

En la cual no me quieren ver; siendo, seguramente, el mayor damnificado. Por eso quité la opción de permitir comentarios. Me quieren censurar y no lo lograrán, pero no puedo permitir que se comenten aspectos que, cada uno, sin ninguna mala intención, puede leer entre líneas y entender a su manera. La tristeza se mueve dentro de mi como pez en el agua. Me conoce sobradamente bien. Y eso que mañana empiezo 15 días de merecidas vacaciones, tras 6 meses seguidos en un trabajo nuevo pero bastante estresante... debería estar contento en esta, mi última tarde antes de las vacaciones, pero no es así. Y ya voy a empezar a soltar tacos para después terminar llorando en la ducha, como me suele pasar. Mañana me voy un puto día a Linares, con lo cual madrugaré para llegar lo antes posible y aprovechar el día al máximo. Me iré solo como las mierdas, no veré a mi hermano más que un rato por la tarde, porque tiene que trabajar, y con suerte podré ver a mis padres antes de la medianoche, si el autobús de sus vacaciones no se retrasa. Y podríamos decir que todo es por culpa de la perra. Pero el pobre animal no tiene culpa de que mis padres no quieran perros en su casa (totalmente respetable), ni mi mujer tiene culpa de ello, teniéndose que quedar cuidando de ella (totalmente comprensible). Y al día siguiente, antes del mediodía, otra vez para Granada... Estoy cansado y decepcionado de buscar culpables, y parece que nadie se da cuenta de que echándose la culpa mútuamente, el que sufre soy yo. No digo tampoco que los combatientes estén felices, pero el que está en medio sufre mucho más los daños colaterales, intentando llevar la carga de las dos partes. Así que si ninguna de las partes tiene la culpa, y el animal tampoco, el culpable soy yo. Y es verdad, porque el único gilipollas que regaló la perra fui yo, como acto de buena fe, como sueño de alguien a quien quiero, que anhelaba un perrito desde niña y quise dar el capricho. ¿Soluciones? Se me ocurren 4... la primera es matar a la maldita perra, y la segunda es matarme yo mismo. Las otras dos... no quiero ni pensarlas. Así que terminaré cogiendo un camino que no me va a ver ni Perry Mason.

Después viene la impotencia del tiempo perdido. Por supuesto, eso de irme unos 3 o 4 días a Linares entre semana... ya me puedo ir olvidando. Teniendo otro trabajo "extra" que intento compaginar con la puta vida, si en días como hoy que trabajo 8 horas por la tarde se me exige que haga cosas como si no trabajara, cuando tenga descanso no quiero ni pensarlo. Después, uno no entiende, no comprende, no hace nada y está con un humor extraño... en fin, ese ya es otro tema.

Esto es mío y sólo mío. Lo escribo aquí como si lo escribo en los aseos públicos de cualquier edificio o en las hojas de la desilusión. Así que, si no gusta lo que escribo, basta con no buscar la estantería gris en internet. Buscadla con otros colores más agradables. Y pido perdón a quien se sienta ofendido. Pero ya no sé si me están quitando la vida... o la estoy perdiendo yo.

PD: Hoy publico algo sobradamente ya discutido y sin andarme por las ramas. Por una vez, no hay que leerme entre lineas ni descubro ningún secreto. Espero que así sirva de algo.