jueves, 22 de julio de 2010

PINTADAS EN LA PARED

Agarré el picaporte con fuerza, lo giré y empujé la puerta hacia adelante. Allí estaba ella, tranquila, risueña, mirando ausente, como si la cosa no fuera con ella.
- No lo entiendo - le dije sin pensarlo dos veces.
Su reacción fue nula. En aquel momento, me acordé de los ojos que son capaces de dibujar esas miradas que se quedan perennes en las paredes de la ciudad.
- Me gustaría tanto que me entendieras... - continué diciendo. No sabía qué es lo siguiente que podría decirle. La verdad es que se encontraba tan bien que mi corazón empezaba a entenderla un poco mejor.
- ¿Sabes? Tienes suerte. Espero que algún día puedas entenderlo - Mi voz empezaba entonces a flaquear, y decidí guardar silencio unos instantes. Instantes demasiado largos, pues mi hermano apareció.
- ¿Cuándo te vas? - me preguntó así, sin más.
Me quedé mirándolo un momento, y de nuevo giré mi cabeza hacia ella. "Aún te quedan muchas cosas por aprender", le dije mentalmente. De todas formas, no me iba a entender...
- Me marcho mañana, aunque es probable que vuelva pronto.
Rebeca pareció entenderme al pronunciar aquellas palabras. Esbozó una sonrisa y dio una patada con cierta rabia al aire. Para ella, todos éramos como pintadas en la pared. Qué otra cosa podía hacer una niña con apenas cuatro meses de vida...

2 comentarios:

  1. Y alguien dijo que tenía aún que aprender a conjugar la creación de un relato con el sentimiento que brota escondido en su interior...

    pues es este un gran comienzo.

    Saludos y hasta otra lectura.

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  2. Gracias Akasha. Intento ponerme al día en tu blog, pero me cuesta por el retraso que llevo... aunque ya sabes, no soy persona que tiende a desfallecer.

    Un saludo.

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