viernes, 2 de julio de 2010

LAS SIETE ESQUINAS

No me gustó demasiado la remodelación cuando, cierto año, en las cruces de mayo, pasé por este pequeño lugar de la ciudad de Linares. Cuando se es pequeño, todo parece bastante más lejos de lo que realmente está. Una calle que atraviesas en medio minuto, de pequeño es una gran calle. Yo tenía que atravesar una gran calle, torcer la esquina hacia la izquierda, pasar por delante de aquél misterioso corralón y bajar una pequeña cuesta desde la cual se vislumbraba la placita de las 7 esquinas para llegar a la misma. Y en una de esas esquinas existía el kiosko más maravilloso y mágico de toda la ciudad. Todas mis estampas eran compradas allí, al finalizar el verano, cuando comenzaba una nueva temporada. Pero no sólo estampas, cualquier duro (5 pesetas) que caía en mis manos (generalmente gracias a mi abuelo) ya conocía su destino... las 7 esquinas. Hoy día me gusta pasar por aquel lugar, pequeñito, que atravesaba todo recto cuando iba a catequesis o que viraba hacia la derecha si me dirigía al colegio. Un lugar diario en mi vida, apenas recordado ahora y poco transitable. Afortunadamente, las cruces de mayo y la Semana Santa hacen que pase por allí algunas veces al año, lo cual vuelve a traerme todos estos recuerdos. Incluso más que la calle donde pasé mi infancia, se podría decir que este lugar, las 7 esquinas, fue el lugar más alegre que recuerdo de aquellos tiempos, como el pequeño centro del casco antiguo.

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